Carne: “La suba del precio no es responsabilidad del productor”

El economista y máster en Negocios en la Universidad de Harvard, EEUU, José Piñeiro Iñiguez, cuestionó en un medio radial provincial el pensamiento “ideológico” del actual Gobierno para enfrentar al campo y recomendó “analizar la cadena frigorífica y la carnicera” para entender “por qué Doña Rosa cuando va al mostrador paga el kilo de asado alrededor de $750” cuando “debería tener un valor de $450”.

El también exvicepresidente del Citibank señaló que los precios de la carne están “inflados” porque hay “muchos empresarios que están dispuestos a transportar y vender de contrabando”.

¿Qué hay detrás del precio de la carne, por qué tan caros?

Hay que entender primero que el mercado de la carne es una de las dos fuentes de riquezas de la Argentina desde hace unos 100 años. Es el producto estrella del país conjuntamente con los cereales como maíz y trigo, y en los últimos 20 años se le adicionó la soja.

La Argentina se hizo extremadamente de alto estándar durante los primeros 50 años del siglo pasado y hoy no sólo produce para consumo sino que produce para exportación.

En el problema del precio de la carne se plantea siempre que la culpa es del campo, pero habría que entender cómo es la cadena de comercialización, que es muy simple y muy fácil de entender.

¿Y cómo sería ese ciclo?

El que tiene la fábrica y saca el ternero en aproximadamente 180 o 200 kilos es el productor criador que después lo vende a otro productor que es el invernador.

Con los años ese invernador se dividió en dos y apareció un “feedlotero”, o engordador de corral, que es el que tiene un campo de invernada y elige engordar animales o plantar cereales.

Cuando este ganado llega a determinado peso, por ejemplo 400 o 500 kilos en algunos casos, va a un frigorífico que destina ese animal a consumo interno o a exportación, dependiendo de la demanda mundial.

Ahí se acabó el ciclo. Es muy fácil, simple y sencillo. Además, no hay demasiada modificación del producto: en el campo el animal está en pie y cuando el frigorífico lo toma le saca las vísceras, el cuero y lo pone en dos medias reces. A la Comunidad Europea se exporta carne sin hueso con un alto valor agregado.

Mientras que en otros países, por ejemplo China, Rusia e incluso de Oriente Medio, se exporta lo que el resto del mundo no quiere, es decir carne con hueso.

¿Por qué bajó el consumo de carne vacuna en el país?

Por cambio de hábito en la gente el consumo de carne vacuna, que era de 70 u 80 kgs/habitante/año, hoy en día está cercano a los 48 kilos.

Mucha gente dice que esto es por el precio, sin embargo puede ser porque la Argentina perdió capacidad de consumo durante los últimos años.

Pero realmente el cambio de hábito en la gente es lo que trajo aparejado que en la Argentina se consuma menos cantidad de carne y cada vez se adapte más a la media internacional que es de 45 kilos.

Esto significa que la Argentina todavía está arriba de la media internacional por 3 kgs/habitante/año en consumo de carne

¿De quién es la culpa de la suba del precio entonces?

Dentro de esta industria hay empresarios del campo que son altamente eficientes, que son los que crían e invernan. Y después están los otros, digamos, menos tradicionales, pero también muy eficientes, del lado del frigorífico exportador.

Pero, obviamente, en esta cadena también hay pseudos empresarios que no están por la productividad sino que están por el diferencial del tipo de cambio. Son los que venden en negro y escapan de las normas.

Y con estas prácticas son los que distorsionan altamente el mercado en cuanto al precio.

Hagamos una mirada internacional para entender mejor. El precio de la carne se rige, como todos los productos en nuestro país por un dólar oficial, digamos a $100. Pero, dentro de este valor, ¿Argentina está distorsionado del mundo o no?

Los grandes productores exportadores de carne en el mundo, que no son tantos, son Australia, Estados Unidos, Brasil, Uruguay, Argentina y Paraguay.

En Australia un kilo de carne vale US$ 3,01, en Estados Unidos US$ 2,7, en Brasil US$ 2,1, en Uruguay US$ 2,2 y en la Argentina vale US$ 1,8.

Es decir, somos el país más barato de toda la escala, y este valor es similar al de Paraguay.

¿Si somos baratos, por qué es muy cara acá?

Cuando en Brasil la carne está más cara que en la Argentina, porque el precio está más cerca del mercado internacional en dólares oficiales, aparece el pseudo empresario que lleva vacas en pie y las pone cerca de la frontera brasileña.

Después le baja un alambre y la vaca se traslada al otro lado.

Acá en Misiones, por ejemplo, el Senasa tendría campos fronterizos con Brasil, en Bernardo de Irigoyen o San Antonio, donde en 50 hectáreas habrían 3 mil animales.

Sin embargo, esos animales nunca se crían ahí, nunca engordan ahí, porque no existen ni campo de cría, ni campo de engorde.

Simplemente pasan por este diferencial de cambio y van a Brasil y allí se comercializan en dólares genuinos. O sea que no sólo tenés el diferencial de precio, en cuanto al kilo de carne, sino que también tenés el diferencial de tipo de cambio.

¿Esto explica la suba del precio de la carne en el país?

Esto es lo que entorpece el mercado. Con estos pseudos empresarios, haciendo estas diferencias, aparecen los demandadores de animales en precios superiores a lo que el mercado está pagando y traccionan el precio del producto hacia arriba.

Pero la cadena de producción de la Argentina, como país productor de carne para consumo y exportadora, es altamente rentable y no necesita vender en negro, de especular subfacturando el producto y tampoco contrabandear carne.

Esto mismo puede pasar con el maíz, la soja, o la madera, sobre todo en esta parte del país. Se vende en negro, sin boletas, se transporta sin remito. Todo este tipo de cosas son las que alteran el producto, el funcionamiento y la normalidad que tiene el sector.

Hoy el productor tiene la rentabilidad suficiente para pagar los impuestos que corresponden, después discutiremos si son altos o bajos.

La productividad relacionada con el agro, los cereales, la carne, la madera o la miel tienen la rentabilidad suficiente para que el productor gane su buen dinero y tenga un retorno de capital alto y pueda pagar los salarios que corresponde. Esto no es nuevo, funciona así hace más de 100 años.

¿Cómo impactó en el campo la intervención del Gobierno?

El efecto que trae aparejado cuando vos tratas de intervenir los mercados es generalmente a la inversa de lo que pretendes.

Cuando se instaló la medida (de reducir un 50% las exportaciones de carne y se prohibió la salida del país de siete cortes) dijimos que lo que va a lograr el Presidente de la Nación, Alberto Fernández, es que el precio la carne suba.

Pero la medida era para bajar los precios a nivel interno

Si hablamos en números digamos que la inflación en Argentina en el último año fue del 50% y el precio del ternero, de la producción, varió 83% por la alta demanda.

Esto es así porque la carne argentina, comparada con la del resto del mundo, es más barata. Además, el mundo demanda carne argentina porque tiene una calidad respetable y un precio más accesible. Esto es oferta y demanda. Los mercados son muy cristalinos.

A nadie se le ocurriría discutir en Argentina o en el mundo cuánto vale el precio del maíz o la soja. Tampoco bajarlo o subirlo.

¿Por qué? Y porque está establecido en una pizarra en la Bolsa de Chicago, EEUU, y todo el mundo lo puede ver todos los días.

Lo mismo pasa hoy con el precio referencial de la carne en la Argentina que es de 30 o 40% más barata que el mercado internacional.

¿Qué pasó con la ganancias al no poder importar carne?

La medida del Gobierno lo que hizo fue variar las rentabilidades.

Como el productor del campo obtuvo menos dinero por la vaca que vendió, entonces depositó el diferencial de precios en manos del frigorífico y el exportador que compró la carne, la faenó y la congeló a la espera de que en un momento se abra otra vez el mercado exportador y pueda enviar el contenido en un barco al precio internacional pactado y convenido anteriormente.

¿Cómo afectan estas medidas en las carnicerías?

Doña Rosa cuando va al supermercado puede encontrar alguna oferta, pero a la larga el precio de la carne va a seguir subiendo.

Esto es así porque, transitoriamente, el frigorífico que es exportador te puede ofrecer en el mostrador carne más barata a los efectos de una fotografía de marketing, pero en el mediano plazo, como es el que estamos viviendo hoy, el precio de la carne va a seguir subiendo porque el precio local, comparado con el internacional, es más barato.

Crees que el Gobierno tomó nota de lo que pasó?

No. Pero esta vez Alberto Fernández debería estar más allá del funcionamiento del precio de los productos. Sin embargo, el ministro de la Producción, Matías Kulfas, sí debería entender todas las cadenas de producción de los productos básicos argentinos como el maíz, trigo, soja y carne.

La cadena agroalimentaria nacional se basa en esos productos, que en algunos casos los podés transformar en fideos, en carne gourmet o en aceite.

¿Kulfas sería el responsable?

El ministro se debería ocupar de analizar esas cadenas y qué pasa en los lugares donde está la producción. Debería recorrer el Gran Córdoba, en Santa Fe, en el norte santafesino, en Chaco, en Entre Ríos, en Corrientes, y sobre todo en la provincia de Buenos Aires y La Pampa. En esos lugares está el 60% del Producto Bruto (PBI) de Argentina.

Ahí en donde está la exportación y también donde se fabrican todos los productos que van a alterar, como dice el Gobierno, la mesa de los argentinos.

¿Los productores y exportadores son muchos?

En el país bastante poca gente produce el 80% de lo que consumen los argentinos en sus mesas. Sin embargo, hay muchos intermediarios. El Gobierno tendría que poner la lupa en estos pseudos empresarios para saber si son genuinos en exportaciones, si están en blanco o en negro, o si aparecen solamente cuando hay diferenciales de precios.

También debería controlar los camiones en las rutas para saber de dónde vienen y hacia dónde van.

En esta parte del país no hay plantas de harina, no hay plantas de aceite y no hay plantas engorde para animales, entonces esto quiere decir que para ese cereal que pasa por Misiones no hay destino.

Toda esta rentabilidad en negro altera las cadenas de producción y la mesa de “Doña Rosa” cuando ella ni se entera lo que pasa.

Entonces se instala que el culpable de las subas del precio de la carne es el que produce la vaca en el campo. Sin embargo, él sigue produciendo de la misma manera que hace 50 años atrás, sabiendo que quién fija el precio de su vaca es la oferta y la demanda del mercado.

¿En la carne, cómo es la cadena de precios?

El precio del ternero, que el criador lo vende con cerca de 200 kg después de unos 6 meses, hoy en día vale alrededor de $240 por kilo vivo, con picos de $250, especialmente en la provincia de Corrientes.

Ese ternero, que luego pasa a un invernador para ser novillo, para el consumo local pesa entre 350 y 380 kilos y para la exportación entre 460 y 500 kilos. El precio en pie de ese novillo de 420 a 430 kilos vale hoy $181. Después ese novillo va a un frigorífico, se carnea y luego llega al mostrador.

El novillo en pie de 440 kilos cuando pasa por el frigorífico sale en dos medias reces que van a producir 240 kilos en total, es decir cada media res de 120 kilos. Su rinde es aproximadamente del 55/57% para ser comercializado en las carnicerías o en exportación.

Si el animal vale $180 en el campo, en el frigorífico vale $380. El costo que tiene el frigorífico para faenar ese animal está compensado con la venta del cuero y la venta de las vísceras. Doña Rosa cuando va al mostrador paga el kilo de asado alrededor de $750, la nalga $900 pesos y algunos cortes puntuales, como peceto o lomo arriba de mil pesos.

¿Cómo llegamos a esos 700 pesos?

Entre el frigorífico y Doña Rosa está el carnicero y el transporte.

La carne es un producto perecedero con lo cual el carnicero vende todo lo que compra aproximadamente entre dos y cuatro días con lo cual su rentabilidad es casi instantánea. Ahora, ¿cuánto sería la rentabilidad adecuada para esta cadena de producción? Por los impuestos implícitos, por el costo del capital (la carne se paga al contado), sería entendible el 30%.

Sin embargo, es muy grande y está por arriba del 50 a 60%. Esto significa que hay alguien más que muerde en este negocio entre el carnicero y el frigorífico. En estos tiempos de diferencial de precios aparecen muchos empresarios que están dispuestos a transportar esta carne, venderla de contrabando. Esto infla los precios por costo alternativo desde la salida del frigorífico.

¿Cómo se explica las grandes ofertas en las cadenas?

En los grandes supermercados como Coto, Jumbo o Carrefour, en Buenos Aires, todavía es peor porque muchos de ellos tienen el circuito integrado, es decir saltean al frigorífico porque ellos mismos son frigoríficos. Compran en el campo, carnean y lo venden en sus locales y evitan intermediarios.

Así se explica las ofertas de precios insólitos con el 30 o 40% de descuento que hasta parece que la carne no fuera de buena calidad, pero es de muy buena calidad.

Lo que pasa es que el diferencial de precio es tan enorme que pueden vender al 50% del precio que venden habitualmente en góndola e igualmente tiene rentabilidad.

La carne hoy podría estar de costo en el frigorífico en $380, más una rentabilidad adecuada podría llegar al carnicero en un valor de $450. Sin embargo, el promedio en el mostrador es de 750/800 pesos.

¿Quién se queda con ese pedazo del queso? ¿No habría que poner la lupa entre el frigorífico y el carnicero? ¿Están vendiendo algo en negro, a doña Rosa le dan factura?

¿Por qué no se ataca este problema?

Hay una cuestión ideológica. Los gobiernos, generalmente más populistas como el actual, piensan que el productor es abusivo en cuanto a su producción y que está en contra, a través de su rentabilidad, de la gente común que pasa por un mostrador a comprar un kilo de carne.

Cuando realidad el negocio se desvirtúa en la última parte de la cadena. El empresario de campo hace más de 100 años que fabrica el ganado. El capitalista ganadero es alguien que piensa a muy largo plazo con lo cual está en el negocio hace muchísimos años.

Para llegar a un novillo, que se vende en 400 kilos, pasaron aproximadamente tres o cuatro años desde que se inició el ciclo. Antes pasaron la vaca, el toro y el campo. Todo es una inversión constante de muchos años hacia atrás.

¿Cómo se fija el valor de la carne vacuna?

El valor de la carne vacuna no es un valor inventado. Es un valor que está en la pizarra todos los días en el mercado concentrador de hacienda de Liniers (en Buenos Aires) o en las múltiples ferias que existen por todo el país.

Además, hoy en día las ventas en los remates ganaderos de manera online te marcan un precio del ternero y del novillo de forma instantánea, día por día, y ese es el precio que rige y se comercializa en todo el país. Todo es muy claro y está en función de oferta y demanda.

¿En el caso del cerdo ocurre lo mismo?

La cadena del cerdo es totalmente distinta y está en muy pocas manos en la Argentina.

La producción de cerdo ha traccionado en los últimos 10 años de manera increíble y su destino, fundamentalmente, es la exportación a China. El consumo en la Argentina está todavía muy bajo en alrededor de 15 kilos por habitante por año, comparado con los 48 kilos per cápita que tiene la carne vacuna.

El promedio de un kilo de carne de cerdo varía entre 300 y 350 pesos, y es el 50% de lo que vale la carne vacuna actualmente en el mostrador de las carnicerías de la Argentina.

El Plan Ganadero y las carnicerías

“El Plan Ganadero lo hace el propio productor. Si tiene un negocio rentable es el primero que va a invertir en tener mayor cantidad de vacas o mayor cantidad de kilos”, señaló José Piñeiro Iñiguez.

“Para tener cosas comparativas, la carne argentina tiene un costo barato en la salida del invernador, con los $180 en el campo y $360 en el frigorífico. Pero los insumos que consumen los animales, medidos el dólares, subieron un montón. El maíz subió 53% y el afrechillo otro 40%”, detalló. “El flete, que es importantísimo en los animales, aumentó 27%. Además, el precio de la harina, que en algunos casos es la base para componer el alimento balanceado de las vacas, subió un 26% en dólares”, agregó.

“¿Subió la carne en dólares? No. Subió menos de la mitad y en pesos. Igualmente el productor de campo tiene una rentabilidad suficiente en función de su volumen para poder mantener el precio de un novillo a $180”, aseguró.

“Ahora, en la cadena siguiente, el frigorífico tiene que matar el animal y pagar los costos con el cuero y las vísceras. Luego la cuelga en una ganchera y después de algunos días de frío la mete en un camión y la lleva a una carnicería. Ese es el costo frigorífico. No hay otro trabajo en el medio. Y el señor de la carnicería la pone en una cámara y se la vende a doña Rosa hecha bife o milanesa”, señaló Piñeiro Iñíguez.

“Habría que analizar si el carnicero que, para ganar más, recarga el 100% del precio a una media res no debería vender dos medias reses al mismo precio”, cerró.

Fuente: P.E.- NDLM