El cálculo que divide a los libertarios: las PASO, el factor PJ y el poder de los gobernadores

“No nos conviene suspender las PASO”. Una voz de peso del oficialismo alertó a la mesa política y puso en duda lo que parecía ser un consenso dentro de La Libertad Avanza (LLA). Javier Milei y Karina se mostraban hasta acá convencidos de que eliminar las primarias, además de reducir el gasto, permitiría dividir al peronismo. Se entusiasman (¿entusiasmaban?), bajo esa premisa, con un PJ en modo 2003, con varias boletas fruto de una interna irresuelta.

Sin embargo, aparecieron diferencias en torno a la estrategia electoral, tal como habían aflorado en 2025. ¿Le sirve a LLA llegar a la general sin primarias? ¿Le conviene a los libertarios dejar pasar los comicios provinciales para negociar los votos de los gobernadores en el Congreso? ¿Qué pasa, de todos modos, con los candidatos que ya se lanzaron en los distintos distritos?

Las preguntas se multiplican y las respuestas no son unánimes. En la práctica, LLA comenzó el operativo suspensión —ya nadie habla de eliminación— con una negociación iniciada en París, con los trece mandatarios que participaron de la gira presidencial del Argentina Week. Muchos de ellos tienen escasa injerencia en el Parlamento, pero otros sí. Y mientras el peronismo cavila sobre cómo alcanzar la unidad, convencido de que el Gobierno sí conseguirá la reforma que busca, en el oficialismo son más escépticos y repiten que “todavía no están los votos”.

El Partido Justicialista (PJ), envuelto en la interminable pulseada entre Axel Kicillof y La Cámpora de Máximo Kirchner, supone que los gobernadores podrán aportar votos porque las PASO nacionales poco les importan. Entonces, negociarán algo a cambio de nada. Ese algo podría ser asegurarse el pago chico, sin rivales de peso en sus distritos. Pero en el oficialismo, donde saben que para los mandatarios la operación puede representar una ganancia gratuita, advierten que tal vez el costo sea demasiado elevado.

Los posibles rivales de Milei, los tiempos para corregir errores, los armados locales y la desconfianza cruzada son algunos de los puntos centrales que por estas horas se ponen en la balanza.

El factor Kicillof y las encuestas que mira Milei

En el búnker oficialista saben que el Gobierno perdió crédito, aunque siempre tuvieron claro que la imagen positiva está para gastarse durante la gestión. Confían, no obstante, en que el orden de la macroeconomía se trasladará en algún momento a la micro. Es decir, al bolsillo y al consumo. Descreen que esos tiempos coincidan con la urgencia electoral y están seguros de que ni Milei ni Luis Caputo torcerán el equilibrio fiscal (cada vez más dificultoso por la recaudación flaca) para favorecer un repunte del alicaído mercado interno.

Según las planillas que reciben en Casa Rosada, Milei sigue siendo competitivo y el desorden de la vereda de enfrente lo favorece. “Por las encuestas que tenemos hoy, a Kicillof le ganamos”, dijo una espada de LLA a este medio. Entonces, aparece la primera duda: si el mejor rival para Milei es el gobernador bonaerense, por su asociación lineal con el kirchnerismo y con el “pasado” al que hace referencia el Gobierno, ¿para qué eliminar las PASO?

Los mismos datos que llegan a Balcarce 50 dan cuenta de que Kicillof tendría las mayores chances de convertirse en el candidato del peronismo en una primaria abierta. Solo Cristina Kirchner podría derrotarlo, pero aunque en el Instituto Patria haya expectativas por un dictamen favorable del Comité de Derechos Humanos de la ONU, ese pronunciamiento no sería vinculante y la Justicia no parece dispuesta a revisar la condena por la causa Vialidad, que además de la prisión ordenó la inhabilitación para ejercer cargos públicos. Es decir, hoy una candidatura de Cristina es un quimera.

“A Massa también le ganamos, más apretado, pero le ganamos”, confían los libertarios, que miran de reojo el rearmado del líder del Frente Renovador. Sergio Massa volvió a reunir a sus equipos de campaña y calibra su lanzamiento, idealmente con el aval de Cristina. “Hoy los números no me dan, pero en cuanto me den, me tiro de cabeza”, dijo el tigrense hace pocas semanas a un grupo de intendentes. Los renovadores tienen mediciones actualizadas a diario y creen que, en un balotaje, Massa se convertiría en presidente. El problema es llegar a esa instancia.

“A otro rival, no sé”, seguía el mismo dirigente de LLA. Ese otro podría ser una carta todavía no develada o alguno de los dirigentes que suenan desde las provincias. Por ejemplo, Sergio Uñac, que se mostró días atrás con Máximo Kirchner en San Juan, o el santiagueño Gerardo Zamora, quien visitó a Juan Manzur en Tucumán una cumbre sin foto y sin declaraciones públicas.

Entonces, si los rivales que el Gobierno considera más accesibles surgirían de las PASO y otros potencialmente más competitivos, sin el lastre del “pasado”, podrían emerger de una interna cerrada, ¿para qué eliminarlas?

Quien abona esa tesis es Santiago Caputo, aunque no contradecirá a Karina ni a los primos Menem. La experiencia de 2025, cuando no logró imponer los acuerdos con gobernadores ni colocar candidaturas de su espacio Las Fuerzas del Cielo en las listas violetas, le dejó una enseñanza. Plantea su posición, pero deja hacer a Karina en materia de estrategia electoral. No interfiere en la “mesa política blue”, como dice también Patricia Bullrich a los suyos, aunque la senadora sí expresa sus diferencias a viva voz.

El riesgo de perder una segunda oportunidad y la negociación con el PRO

El otro argumento de los defensores de las PASO está relacionado con la capacidad de reacción. Ponen dos ejemplos prácticos. El primero, la elección de 2019, cuando Mauricio Macri logró recortar la diferencia con Alberto Fernández entre las primarias y las generales.

El segundo, la elección bonaerense de 2025, que funcionó como una suerte de PASO de la nacional. En el primer round de septiembre, el local, el PJ se impuso por 14 puntos. Al mes siguiente, LLA ganó de manera ajustada, pese a todos los pronósticos y al escándalo Espert, que siguió en la boleta incluso el día de los comicios.

“Si sos oficialismo, podés ajustar la campaña, ir por los ausentes. El que apoya a un oficialismo en una PASO también lo apoya en la general. Entre ambas fechas solo se puede sumar”, señalan puertas adentro.

Buena parte de la intención de suspender las primarias se asienta sobre el supuesto de que permitirá fragmentar la oferta opositora y unificar la oficialista. Hay quienes dudan de que esa tesis sea tan lineal. “El peronismo se va a terminar uniendo”, aventuran sectores libertarios. Incluso en el PJ sostienen que la unidad costará, pero que al final del camino no habrá lugar para jugadas solitarias. Aunque no haya vuelta atrás en la relación entre Cristina y Axel, la expresidenta “va a terminar apoyando al que más chances tenga de ganarle a Milei”, como dicen en su entorno. Y si ese es Kicillof, también.

Tampoco está asegurada la unidad oficialista. Victoria Villarruel tantea una candidatura propia y Patricia Bullrich no deja de amagar con una ruptura, si bien todo parece indicar que sus aspiraciones se canalizan por dentro de LLA. El PRO, por su parte, sigue dividido entre el ala acuerdista y quienes insisten en competir con el sello amarillo, por fuera del oficialismo. Para estos últimos, es preferible una elección magra antes que licuarse en una lista violeta con el riesgo de extinguirse.

“El único autorizado a cerrar un acuerdo es Mauricio Macri”, señalan en LLA. En cónclaves amarillos que miran con distancia el accionar del expresidente, y le achacan cierta desidia o desinterés por sostener al PRO, entienden que más que subirle el precio, se lo están bajando. “Lo que quiere decirle Milei es: si vos no cerrás, cierran con los dirigentes, como pasó y pasará”, dicen.

Es una forma de apurarlo, cuando lo que menos tiene el PRO es apuro. Los amarillos creen que el salario no se recuperará y que Milei terminará negociando desde una posición de mayor debilidad, no solo respecto de 2025, sino también con menos margen que en este cierre de 2026.

No obstante, la clave estará la Ciudad de Buenos Aires. El toma y daca es sencillo: blindar la continuidad de Jorge Macri a condición de que el PRO no presente una candidatura presidencial. En Uspallata empujan esa opción y están dispuestos no solo a unificar las elecciones, a diferencia del desdoblamiento de 2025, sino también a aceptar a un/a libertario/a como vicejefa de Gobierno.

Hasta podrían aceptar que Pilar Ramírez, crítica de la gestión porteña, integre una fórmula. “Hoy Lacunza no mide, no es una presión para Milei”, consideran, en relación con la candidatura presidencial del exministro de Economía.

Y llegados a este punto, vuelven a aparecer las PASO. En el PRO desconfían de Karina Milei y consideran que los tiempos anticipados de las primarias pueden funcionar como una garantía. “Ellos te pueden decir que no presentan a nadie para jefe de Gobierno, y sobre el filo pueden ponerte a alguien enfrente, no son de fiar”, dicen los amarillos.

No son casuales, entonces, las voces de dirigentes del PRO en contra de la suspensión. Lo expresó Jorge Macri esta semana y antes lo había hecho el jefe del bloque del Senado, el misionero Martín Goerling Lara. El poco apego a la palabra es una crítica de gobernadores de todos los colores. Por caso, los norteños siguen esperando por zona cálida tras prestar avales a zona fría.

Los gobernadores, los candidatos lanzados y el dilema territorial

¿Pilar Ramírez se contentaría con una vicejefatura? Es otra de las preguntas que rondan. Muchos creen que ese cargo no alcanzaría para satisfacer las aspiraciones de la mano derecha de Karina en la Ciudad.

Y aquí aparece otro de los problemas. No solo la conducción libertaria mantiene diferencias sobre la estrategia en las provincias, sino que también podría enfrentar resistencias desde sus propias filas territoriales.

A modo de flashback: en 2025, mientras Santiago Caputo insistía en no presentar candidatos propios en distritos gobernados por aliados para conseguir votos en el Congreso y apoyos en la elección nacional, Karina Milei robusteció el partido y compitió en todo el país.

Ambos tuvieron su cuota de razón. El punto para Caputo: los gobernadores enojados ganaron caminando las elecciones locales y luego torpedearon al oficialismo en el Parlamento, avalando iniciativas opositoras. El punto para Karina: en las nacionales, LLA se impuso con armados propios en todo el país, incluso en la provincia de Buenos Aires.

Cerca del asesor también apuntan a evitar la política tradicional y, en ese sentido, se mantiene el encono con Sebastián Pareja, a quien acusan de atraer a dirigentes expulsados del peronismo, lejos de la renovación fundante. También creen que las funciones quitadas a Las Fuerzas del Cielo se «imitan de mala manera, sin resultados». La batalla en redes, ahora a cargo de Santiago Oría, o la estética de los actos con estandartes «mal usados», algunas de las quejas.

“Sería más fácil cerrar acuerdos con cuanto gobernante se nos cruza”, dijo Martín Menem este sábado en un acto en Tigre. El razonamiento es que LLA necesita seguir fortaleciendo su estructura partidaria. Y, retomando el dilema inicial, los gobernadores piden que no haya interferencia en sus provincias a cambio de apoyar una iniciativa que poco les importa.

Además, está el problema de la desconfianza: ¿quién garantiza que los mandatarios no se den vuelta una vez blindadas sus provincias en elecciones anticipadas? Las listas de diputados y senadores, dirán algunos. “Puede ser, pero en el balotaje, ya con los legisladores adentro y las gobernaciones cerradas, nadie puede dar fe”, advierten.

Desde el caputismo recalcan en que se puede gestionar un país sin gobernadores propios. Es una de las enseñanzas que, a su entender, deja la administración de Milei. También creen que a LLA no le sobran candidatos para disputarles el poder a los jefes provinciales. Señalan unos pocos, como el propio Menem en La Rioja, Luis Petri en Mendoza o Lisandro Catalán en Tucumán. Y no muchos más.

Diego Santilli, quien parece una fija en la provincia de Buenos Aires, tampoco está descartado para la Ciudad si no se estrechan las manos con Jorge Macri. Máxime cuando ni el libertario más optimista cree que LLA tenga chances de ganar la gobernación bonaerense, con el descalabro que provocó el modelo Milei en el conurbano.

Pero si avanza la estrategia de evitar confrontaciones con los gobernadores, la duda es qué harán los dirigentes que ya se lanzaron. No solo Pilar Ramírez podría resistirse a resignar sus aspiraciones. Otros anunciaron que irán por todo.

Un ejemplo es el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, que buscará dar el golpe en San Luis, en tierras del amigable Claudio Poggi. “No tiene diputados ni senadores”, argumenta para justificar su avanzada.

Luis Petri también quiere suceder a Alfredo Cornejo, quien no tiene posibilidades de reelección. El actual mandatario prefiere dejarle la sucesión a un soldado propio e incluso deja correr candidaturas diversas: desde perfiles más cercanos a la Nación, como el ministro Natalio Mema, hasta otros más díscolos, como el intendente capitalino Ulpiano Suarez, por si Milei cae en desgracia. Una paradoja: Petri necesitará de PASO locales para no quedar atrapado en una contienda dominada por los padrones partidarios que controla mejor Cornejo.

Un rastrillaje podría arrojar más casos. Nadia Márquez y el exradical Pablo Cervi no quieren bajarse en Neuquén, mientras Lisandro Catalán ya se postuló en Tucumán. En este último caso, muchos suponen que podría terminar siendo funcional a Osvaldo Jaldo, dado que el PJ tucumano tiene una larga experiencia en fragmentar la oferta de centroderecha. Para eso siempre fue clave Ricardo Bussi y sus incesantes intentos, hasta ahora sin éxito, de llegar a la gobernación. Catalán, bajo ese prisma, podría ser un nuevo Bussi.

Una pintura de esas tensiones se vio en Salta, donde Karina Milei desembarcó esta semana sin la participación de Emilia Orozco, la senadora nacional de LLA que exhibe buenos números en las encuestas locales. No obstante, el opositor al gobernador dialoguista Gustavo Sáenz que mejor mide en sondeos reservados es Jorge Brito, quien vivió y sigue votando en la provincia, aunque sus aspiraciones parecen más nacionales que salteñas.

Lo concreto es que, si Milei logra traccionar un cambio político en el distrito norteño, Orozco parte como favorita. Pero Sáenz tiene diputados y senadores que responden sin fisuras a su liderazgo.

Salta es, tal vez, un buen ejemplo del dilema que atraviesa al oficialismo. LLA necesita fortalecer su presencia territorial y construir candidatos propios, pero también requiere de los votos de los gobernadores para sostener su agenda en el Congreso. La pregunta es hasta dónde está dispuesta a avanzar en las provincias sin incomodar a mandatarios que, aun sin ser libertarios, pueden resultar aliados indispensables.