Posadas. La caída del poder adquisitivo y las dificultades para sostener tratamientos están empujando a muchas familias a buscar alternativas por fuera de los canales habituales de compra. En ese contexto, el Colegio de Farmacéuticos de Misiones volvió a encender una señal de alarma por la circulación de medicamentos en redes sociales, kioscos, supermercados y otros circuitos informales, una práctica que puede comenzar con una intención solidaria pero terminar exponiendo a los pacientes a riesgos serios.
El planteo aparece además en un escenario en el que las propias farmacias vienen registrando una fuerte retracción del consumo. Las ventas del sector se encuentran entre un 20% y un 30% por debajo de sus niveles habituales, mientras muchos usuarios recortan compras, buscan opciones más económicas o postergan tratamientos.
La presidenta del Colegio de Farmacéuticos de Misiones, Vania Ilchuk, explicó que una de las situaciones que más preocupa es el intercambio de medicamentos entre particulares. Muchas veces, reconoció, no existe detrás una intención comercial: puede tratarse de una persona que dejó de utilizar un tratamiento, acumuló cajas que ya no necesita y decide ofrecérselas a alguien que atraviesa dificultades económicas.
Sin embargo, aun cuando exista buena voluntad, el problema radica en que fuera de un circuito controlado resulta imposible garantizar condiciones elementales como vencimiento, conservación, trazabilidad, procedencia y autenticidad del producto. Por eso, Ilchuk recordó como alternativa la experiencia de bancos de medicamentos, como el que en algún momento impulsó el Hospital Madariaga, donde los productos podían ser recibidos, revisados y luego redistribuidos bajo control profesional.
La diferencia, explicó, es sustancial: allí alguien verifica que el medicamento no esté vencido, adulterado, que no haya ingresado de contrabando y que realmente contenga lo que declara su envase.
La preocupación se amplifica cuando la circulación deja de ser solidaria y pasa directamente a tener un fin comercial. Ilchuk advirtió que actualmente se observan “un montón de medicamentos por fuera de las farmacias” y que las redes sociales se transformaron en una zona especialmente difícil de controlar, incluso desde el punto de vista legal. No se trata solamente de medicamentos de venta libre.
La presidenta del Colegio insistió en que, bajo la normativa vigente en Misiones, todos los medicamentos deben comercializarse exclusivamente dentro de farmacias habilitadas, independientemente de que requieran o no receta.
Ese punto ya había generado debate en la provincia después de los cambios regulatorios impulsados a nivel nacional. Este medio había informado en 2024 que Misiones mantiene una legislación propia y que la desregulación nacional no elimina automáticamente las restricciones provinciales sobre la comercialización de medicamentos. Ilchuk volvió ahora sobre esa diferencia y remarcó que la normativa local continúa vigente. En consecuencia, sostuvo que no deberían venderse medicamentos en kioscos ni supermercados.
Una campaña dirigida al consumidor y también a los controles
Frente a ese panorama, el Colegio relanzó durante septiembre la campaña “Los medicamentos solo se compran en farmacias”. El objetivo inmediato es trabajar sobre los consumidores, aunque Ilchuk reconoció que también busca llamar la atención de los organismos encargados de controlar.
Según explicó, los municipios tienen responsabilidades de fiscalización y el Ministerio de Salud puede acompañar esas actuaciones. Sin embargo, cuestionó que en algunos aspectos los controles sean insuficientes o directamente inexistentes. Ante esa situación, la estrategia será apuntar a la población: explicar por qué comprar o consumir medicamentos fuera de una farmacia puede ser peligroso y cuáles son las consecuencias de la automedicación o del uso irresponsable.
Entre los riesgos mencionó el abuso de determinados fármacos, las interacciones no controladas y la resistencia a los antimicrobianos, un problema creciente cuando antibióticos y otros medicamentos se utilizan sin indicación profesional o de manera incorrecta.
Detectar una falsificación puede ser casi imposible
Otro de los problemas es que para un consumidor común resulta extremadamente difícil distinguir un medicamento legítimo de uno falsificado o adulterado. Ilchuk explicó que las diferencias pueden limitarse a detalles mínimos: un holograma ausente, un blíster que refleja distinto la luz, una caja apenas más pequeña o variaciones casi imperceptibles en los colores y tipografías del envase.
Para una persona sin entrenamiento, esas señales pueden pasar completamente inadvertidas. Por eso, aunque la ANMAT recomienda observar cuidadosamente los envases y adquirir productos solamente en establecimientos habilitados, la farmacéutica insistió en que el principal resguardo sigue siendo no salir del circuito formal.
La condición fronteriza de Misiones introduce además una problemática histórica: el ingreso de medicamentos procedentes de países vecinos por canales informales. Ilchuk reconoció que la circulación de estos productos no es nueva y mencionó expresamente la presencia de medicamentos provenientes “del otro lado” en circuitos comerciales populares.
El riesgo, advirtió, es todavía mayor porque esos productos no atravesaron necesariamente los controles exigidos por ANMAT para su comercialización en Argentina. Un medicamento fabricado en otro país no puede ser vendido legalmente en el mercado argentino sin cumplir previamente con los procedimientos de autorización y control correspondientes.
Pero, además de la irregularidad comercial, existe un problema sanitario concreto.
Una persona puede comprar un producto extranjero guiándose únicamente por una marca comercial sin conocer exactamente su formulación. Si es alérgica a alguno de sus componentes, explicó Ilchuk, puede sufrir consecuencias graves, que van desde dificultades respiratorias hasta un shock anafiláctico.
Para el Colegio, combatir este fenómeno no pasa solamente por inspeccionar comercios o retirar productos. Ilchuk planteó que también es necesario trabajar sobre la demanda: si el consumidor deja de pedir medicamentos en kioscos, supermercados o circuitos clandestinos, esos puntos pierden incentivo para ofrecerlos.
De ahí que la campaña busque instalar una idea sencilla pero central: el medicamento no debe ser tratado como una mercadería cualquiera. La iniciativa se mantendrá durante todo septiembre y, dependiendo de la repercusión que consiga, podría extenderse. Además de concientizar a la población, Ilchuk espera que la campaña ayude a generar mayor reacción de los organismos de control.
En un contexto en el que la crisis económica empuja a buscar precios más bajos, aprovechar medicamentos sobrantes o recurrir a canales informales, la advertencia del sector farmacéutico apunta justamente a ese límite: una alternativa más barata o aparentemente solidaria puede terminar siendo mucho más costosa si el producto está vencido, adulterado, mal conservado o contiene una sustancia que el paciente no debería consumir.
