Bolivia, rumbo a un giro político: la derecha avanza en las encuestas en plena crisis económica

Con la inhabilitación de Evo Morales y una economía al borde del colapso, Bolivia se encamina a unas elecciones presidenciales marcadas por el ascenso de candidatos de centroderecha que proponen ajuste fiscal, cierre de empresas públicas y acuerdos con organismos internacionales.

A menos de un mes de las elecciones generales, Bolivia transita un clima de incertidumbre económica y política que podría definir el fin de una era. La inhabilitación de Evo Morales como candidato, la creciente impopularidad del presidente Luis Arce y una inflación que alcanzó el 5,21% mensual en junio, han creado el escenario ideal para que la derecha vuelva a disputar el poder luego de dos décadas de hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS).

Según la última encuesta de El Deber, el empresario Samuel Doria Medina lidera con el 21,7% de intención de voto, seguido muy de cerca por el expresidente Jorge “Tuto” Quiroga, con el 20,7%. En tercer lugar aparece Manfred Reyes, exmilitar y empresario neoliberal, con el 10%. El primer candidato vinculado al oficialismo, el senador Andrónico Rodríguez, apenas alcanza el 8,2%. Pero el dato más relevante sigue siendo el 25% de indecisos y votos en blanco, que podrían inclinar la balanza.

El deterioro económico se siente en todos los niveles. Bolivia, que durante el boom de las materias primas bajó la pobreza extrema al 15% y fue modelo de crecimiento, hoy enfrenta escasez de dólares, desabastecimiento de medicamentos y combustibles, y una deuda pública que alcanza el 95% del PBI. “El segmento de la población que hace una década era clase media volvió a caer en la pobreza”, explicó el politólogo Franklin Pareja.

La falta de inversiones agrava la situación: en 2023 Bolivia apenas atrajo el 0,03% de la inversión extranjera directa en América Latina. El Estado boliviano, sin reservas, tuvo que importar el 90% del diésel y más del 50% de la gasolina. El propio presidente Arce, alguna vez considerado artífice del “milagro económico”, decidió no postularse a la reelección.

En este contexto, los discursos de la centroderecha ganan fuerza. Samuel Doria Medina propone su plan “100 días, ¡carajo!”, con el uso inmediato de créditos internacionales ya aprobados por más de 3.500 millones de dólares para atacar la escasez de divisas y combustibles. Además, plantea cerrar empresas públicas deficitarias, incluso usando el término “ñoquis”, popularizado en Argentina.

Jorge Quiroga, en tanto, presenta su programa “Puente de Estabilidad” con eje en un crédito de 12.000 millones de dólares y una fuerte reducción del gasto estatal. Ambos apelan a una visión de orden, eficiencia y apertura económica, aunque enfrentan el desafío de seducir a un electorado indígena que representa más del 40% de los votantes.

Según el analista Jorge Dulón, Evo Morales conserva un núcleo duro, pero su figura se ha alejado de los intereses populares. “Está más enfocado en defender causas personales que en las preocupaciones reales de la gente”, dijo. Aun así, su espacio buscará canalizar votos hacia Andrónico Rodríguez, quien podría convertirse en el principal competidor de la derecha si logra reunir el apoyo de otros candidatos como Eva Copa, Jhonny Fernández o Eduardo del Castillo.

La elección del 17 de agosto renovará completamente las cámaras de Diputados y Senadores. Si ningún candidato supera el 50% de los votos, o el 40% con una diferencia de 10 puntos, se convocará a segunda vuelta el 20 de octubre. La fragmentación del electorado augura un Parlamento dividido y negociaciones intensas para el próximo gobierno.

Mientras el país debate entre el ajuste, la estabilidad y los fantasmas del pasado, la economía marca el pulso de una elección que podría redefinir el mapa político boliviano.