El vicepresidente de Cáritas de la Diócesis de Posadas, padre Alberto Barros, alertó sobre el crecimiento del endeudamiento familiar y aseguró que la problemática ya se refleja en las solicitudes recibidas por las parroquias. A los habituales pedidos de alimentos y ropa se sumaron reclamos vinculados con facturas, alquileres, medicamentos y otras obligaciones básicas.
El sacerdote sostuvo que se trata de una situación que debe abordarse con seriedad por la cantidad de hogares afectados. En ese sentido, coincidió con la reciente advertencia del presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Marcelo Colombo.
“No se lo puede tratar superficialmente, como algunas voces del oficialismo tratan de hacer, sino que es un tema serio porque está afectando gravemente a un millón de familias en la Argentina”, manifestó Barros.
El referente de la Iglesia describió que la morosidad se incrementó y que muchas personas ya no encuentran la manera de cumplir con sus compromisos. Esa realidad, indicó, modificó el tipo de asistencia requerida tanto en las Cáritas parroquiales como en la sede diocesana.
“Lo más normal, entre comillas, que es grave y no debería suceder, es que nos pidieran asistencia en alimentos y ropa. Ahora el tema es ‘no puedo pagar esta factura de luz, ¿me pueden ayudar?’, ‘tengo problemas con el alquiler’, ‘tengo problemas con el gas’ o ‘tengo una deuda acá o allá’”, describió.
Según Barros, esas consultas, que anteriormente eran poco frecuentes, se convirtieron en “moneda corriente”. Además, planteó que las consecuencias exceden el aspecto económico y alcanzan la convivencia familiar y el bienestar emocional.
“Esto genera situaciones muy duras que también nos llegan a las Cáritas. Tiene repercusiones muy fuertes en la salud mental de la gente, genera angustia y desesperación”, advirtió.
Desde su experiencia como sacerdote, añadió que las dificultades para afrontar los gastos cotidianos producen discusiones y tensiones dentro de los hogares. Las deudas, la falta de ingresos y la imposibilidad de cubrir necesidades elementales terminan agravando conflictos personales y matrimoniales.
“Es habitual que tenga gente que plantea problemas en la familia, discusiones porque no pueden pagar una cosa o la otra. Todo eso genera, puertas adentro de cada vivienda, dramas enormes que no se pueden soslayar”, remarcó.
Trabajadores, jubilados y familias de clase media
Barros identificó como una de las principales novedades la llegada de sectores que anteriormente no recurrían a Cáritas. Entre ellos mencionó a trabajadores formales, personas que perdieron su empleo, jubilados y familias de clase media cuyos ingresos dejaron de ser suficientes.
“Hay una clase media que nunca se había acercado a pedir ayuda y que hoy, con mucha vergüenza, pero movida por una necesidad que no puede enfrentar por sí sola, viene a solicitarla”, explicó.
El religioso consideró que ese grupo atraviesa un deterioro progresivo. A su entender, muchas familias que hasta hace algunos años podían sostener sus gastos actualmente enfrentan dificultades para llegar a fin de mes.
“La clase media, que ha sido un distintivo en nuestro país durante muchas décadas, hoy está absolutamente atacada y cada vez más herida. Muchísima gente de una clase humilde ya es parte de la situación de pobreza”, evaluó.
También relató que jubilados se presentan con recetas para pedir colaboración en la compra de remedios, mientras que personas desocupadas consultan por oportunidades laborales o alguna asistencia temporal hasta conseguir una nueva fuente de ingresos.
“Vienen con una receta de medicamentos; gente que quedó desocupada, a ver si le conseguimos un trabajo o si la podemos sostener hasta que consiga algo”, detalló.
Deudas para cubrir necesidades básicas
Barros rechazó que el aumento del endeudamiento pueda atribuirse principalmente a gastos prescindibles. Por el contrario, aseguró que gran parte de las obligaciones se origina en la necesidad de pagar servicios, transporte, alimentos y tratamientos médicos.
“La mayoría se endeuda por cosas básicas de la vida cotidiana: para pagar la luz, el agua, el transporte, la comida, que cada vez va siendo menor y de menos calidad en las mesas argentinas, o los medicamentos”, enumeró.
A partir de ese panorama, cuestionó las expresiones que reducen el problema a un acuerdo entre particulares. Para el vicepresidente de Cáritas Posadas, el Estado debe intervenir y generar mecanismos que permitan ordenar las deudas y proteger a quienes se encuentran en una posición más vulnerable.
“El Estado es responsable de lo que está pasando y, por lo tanto, es responsable de buscar soluciones”, afirmó. Al respecto, recordó que diferentes espacios políticos presentaron proyectos en el Congreso para atender compromisos asumidos con bancos, billeteras virtuales y prestamistas informales.
El sacerdote también reclamó controles sobre las tasas y las condiciones aplicadas a los usuarios. “Nadie controla cuánto se cobra ni cómo te cobran. En nombre de la famosa libertad, hoy tenemos esclavizada a una gran parte del pueblo argentino en situaciones indignas de vida”, expresó.
Finalmente, insistió en que el crecimiento de las solicitudes recibidas por la institución no responde a decisiones individuales aisladas, sino a una dificultad que alcanza a numerosos hogares.
“La gente busca ayuda en un pariente, en un vecino y también en la Iglesia, como seguramente ocurre en otros organismos o instituciones. Esto no es un problema en el que cada uno deba arreglarse por su cuenta”, concluyó Barros.
