La Unión Industrial de Santa Fe puso el foco en el elefante dentro de la habitación argentina: la erosión de la clase media. Pérdida de empleo, caída en los ingresos de todos los segmentos y restricción del consumo son algunos de los indicadores de un deterioro más amplio. A pesar de que la inflación se acelera, el Gobierno continúa con la política de mantener a los salarios como un ancla y evita convalidar paritarias por encima de la pauta oficial de Caputo.
El ocaso del sistema productivo es el ocaso de la clase media”, afirma el documento que publicó en los últimos días la cámara que representa a los industriales santafesinos. El argumento de los empresarios se basa en que “un país no puede sostenerse sólo con sectores extractivos o financieros: necesita de su tejido industrial vivo”
Los datos de producción son alarmantes. El uso de la capacidad instalada no repunta, ronda el 50%, con actividades que están incluso por debajo del 30%. La cantidad de empresas activas sigue cayendo y, en la industria, ya son 2.380 menos que en diciembre de 2023.
Existe el peligro real de consolidar un esquema donde el rendimiento financiero sea más atractivo que el esfuerzo de transformar materia prima en valor agregado. Un país con sus cuentas en orden, pero con sus naves industriales vaciándose, es, en definitiva, un país que está hipotecando su futuro”, dice el duro texto que publicó la entidad que conduce Cristian Fiereder.
Hacia adelante, las expectativas no son buenas. Los datos de consumo y de ventas que llegan son poco alentadores. Un industrial de peso que habló con Ámbito pidió prestar atención a un fenómeno en particular: la ruptura de la cadena de pagos. La cantidad de cheques rechazados volvió a batir récord en diciembre: fueron 119.285, se triplicaron en un año, según datos del Banco Central.
Caída en los ingresos y cepo al salario
El grueso del fenómeno se explica por decisiones unilaterales del Gobierno, como en el caso de las jubilaciones, cuya indexación y bonos fueron definidos por decreto. Pero también intervino en la determinación del salario mínimo, ya que en esa compleja paritaria no hubo acuerdo entre las partes. El presidente Javier Milei inclinó la balanza siempre para el mismo lado y la caída real fue del 9%.
¿Y en el caso de los salarios? Caputo sostuvo durante todo 2024 una rígida pauta del 1% para intentar cortar con la inercia inflacionaria. El ministro de Economía boicoteó los acuerdos entre privados que superaban ese umbral, demorando e incluso negando la homologación por parte de la Secretaría de Trabajo.
Con siete meses consecutivos de aceleración de la inflación y un índice de precios al consumidor que avanza más cerca del 3% que del 2%, la administración libertaria continúa obstinada en regular los salarios a la baja. El ejemplo actual es la rama 17 del sector metalúrgico, que cerró un acuerdo entre empresas y sindicatos en diciembre, pero que el Gobierno todavía se niega a oficializar.
