Jorge Aguilar Pozzer, productor ganadero de Eldorado, explicó que la cría de búfalos gana cada vez más espacio en las chacras misioneras. Destacó los beneficios sanitarios, nutricionales y económicos de esta especie, aunque advirtió que su manejo implica desafíos estructurales diferentes a los de la ganadería tradicional.
“En la provincia somos alrededor de 30 o 40 productores, criamos desde 5 o 10 hasta 500 búfalos. La población bubalina en Misiones es alrededor de 10.000 cabezas, según Senasa. Todos los días hay nuevos interesados en la cría de búfalo, pero como es algo novedoso, hay muchos mitos sobre el búfalo, tanto en la cría, en la producción, como en el consumo de su carne. Es cuestión de ir rompiendo esos mitos, y va creciendo el interés, que es por lo que se inicia cualquier actividad. Una vez que vos manifestás interés y comenzás a evacuar dudas, comenzás a tomar experiencias, el búfalo es un animal que te lleva a enamorarte de esa especie”, afirmó.

Aguilar Pozzer contó que, en marzo, junto a otros productores, constituyeron la primera Asociación Bufalera de Misiones durante el festival Mi Bufalera, realizado en el Mercado Concentrador de Eldorado. “Aprovechamos ese marco, nos juntamos los bufaleros, y plasmamos la idea proyecto que traíamos. Ya teníamos avanzadas las cuestiones en Personería Jurídica, y lo que hicimos es firmar la primera acta constitutiva. Se creó la primera asociación de bufaleros de Misiones”.
Respecto a las propiedades de la carne, explicó: “El búfalo viene a presentarse como una alternativa entre las carnes, sobre todo aquellas personas que quieren abrazar una vida sana por elección o una vida sana por obligación. La carne de búfalo tiene 12 veces menos grasas que la carne vacuna. Estos valores no son marketineros, son valores científicos. Te indican que esta baja cantidad de grasa respecto a la carne vacuna te da 40% menos de colesterol, 55% menos de calorías”.
Además, señaló que al reemplazar grasa por pulpa, la carne de búfalo “tiene 11% más de minerales, 10% más de proteínas, alto valor de Omega 3, Omega 6, alto valor de hierro, alto valor de zinc”.
“Es una carne muy bondadosa pensando en la salud. Es recomendada tanto para afecciones, hipertensión, colesterol, y también para aquellos que quieren abrazar una dieta, para bajar de peso porque produce 55% menos calorías”, observó.
Por otro lado, explicó cómo garantizan la terneza del producto: “Nosotros faenamos todo animal de 18 meses para abajo. De un año y medio para abajo, a pasto. Nada de alimento en los corrales, solamente pasto. Faenando animales jóvenes vos garantizás la terneza, porque el búfalo es un animal corpulento y de rápido crecimiento. Hay terneros destacados que con 12 meses ya superan los 300 kilos vivos, que es el peso mínimo de faena que existe en la República Argentina”.
Sobre el sabor, afirmó que “es muy similar, el sabor es exactamente el mismo. Los cortes son los mismos que encontrás en el vacuno. Vas a encontrar menos grasa, más pulpa y muy probablemente no vas a ver el famoso veteado. En el caso del búfalo, el centro de la carne es rojo. No tiene grasa intramuscular. Es casi cero grasa intramuscular. La grasa se ubica casi exclusivamente en el exterior del animal”.
Agregó un dato que sorprendió incluso a quienes conocen el mercado: “Misiones es el mayor consumidor de búfalo de la República Argentina porque ingresa mucho búfalo. El búfalo es uno de los cuatro animales que se gesta como búfalo, nace como búfalo, se cría como búfalo, se engorda como búfalo, se faena como búfalo y se vende como carne vacuna”.
En cuanto al costo de mantenimiento, destacó: “El búfalo tiene una gran ventaja que es el bajo mantenimiento sanitario. Tiene la capacidad de controlar todo lo que son ectoparásitos, garrapatas, piojos, bichera, todo lo que nos maltrata en la ganadería tradicional vacuna. El búfalo, como pasa dos o tres horas del día sumergido en el agua o revolcándose en el barro, con eso autocontrola estos ectoparásitos. Los productores no necesitamos andar todo el día con la pistola de vacunación cargada”.
“Cuando nace, la búfala le espera a su becerro media hora, una hora, hora y media. Se para y lo primero que hace es llevarlo al agua o al barro. Con eso ya comienza a cicatrizar el ombligo. En la ganadería tradicional, nosotros tenemos que estar atentos cuando parió una vaca, todos los días recorriendo y curando el ombligo, poniendo curabichera”, comparó.
Sin embargo, remarcó que el manejo implica otro tipo de estructura: “El búfalo no respeta los alambrados tradicionales. Tiene mucha fuerza en el cuello, en el cogote. No atropella alambre como la vaca. Se arrodilla, pone la cabeza en el último hilo de alambre, levanta, y se puede llegar a levantar cinco postes tranquilamente. Donde pasó uno, pasa la tropa. Y son vagos: salen a pasear por los caminos”.
