Cristina Kirchner festejó en el balcón el triunfo peronista en las legislativas bonaerenses: “Salí de la burbuja, Milei”

CABA. En la esquina de San José y Humberto Primo militantes peronistas celebraron junto a la expresidenta; ella le dijo al Presidente que saliera “de la burbuja”.

Una vez conocidos los resultados, Cristina Kirchner salió anoche al balcón a festejar con los militantes que llevaban un par de horas de vigilia en la puerta de su edificio, en San José y Humberto Primo.

A las 21.03, la esquina estalló: Cristina comenzó a saltar al ritmo de los bombos. Desde abajo, los militantes respondieron con un cántico que se impuso sobre todos: “Hay que saltar, hay que saltar, el que no salta es del partido judicial”.

Cristina Kirchner saltó varias veces, sonrió y siguió saludando con los brazos en alto, mientras los celulares iluminaban la noche y la multitud coreaba su nombre.

A las 21 en punto, cuando se conocieron los resultados, ella había tuiteado un duro mensaje contra el Presidente, en el que le advirtió: “Salí de la burbuja, hermano… que se está poniendo heavy”.

Mientras Cristina seguía en el balcón, los que llegaban tarde aceleraban el paso al escuchar los bombos y ver las luces.

Apenas la distinguen arriba, levantan los celulares para filmar o sacar fotos, intentando capturar el momento. Algunos se abren paso entre la multitud para tener mejor ángulo, otros graban desde la vereda opuesta, con la imagen de la expresidenta saltando y saludando como fondo de una noche que ya es histórica para sus seguidores.

La noche no es fría y el aire se mezcla con el humo de las parrillas improvisadas sobre la vereda. En los puestos se venden choripanes, remeras con la imagen de la expresidenta y banderas partidarias. La música de los bombos se escucha a varias cuadras y los cánticos se repiten sin pausa.

Las cortinas del departamento del segundo piso, donde Cristina Kirchner cumple prisión domiciliaria, estuvieron abiertas desde antes de que ella se asomara. Ese detalle alimentó la expectativa entre los militantes. “El pueblo está despierto”, gritaban una y otra vez, mientras algunos se acomodaban en reposeras con termos listos para una noche larga.

El operativo de seguridad incluyó cortes parciales en la cuadra y presencia de efectivos de la Policía de la Ciudad. A pesar de la alta concurrencia, el tránsito en las avenidas cercanas se mantuvo fluido, con desvíos señalizados. Con el correr de los minutos, la concentración fue ganando volumen y la expectativa crecía: todos esperaban que la expresidenta hablara cuando se conozcan los números oficiales. No se equivocaron.

El edificio donde vive Cristina Kirchner permaneció vallado y custodiado por cuatro guardias de seguridad que están apostados en la puerta. Solo podían ingresar las personas con autorización judicial, mientras en la calle la militancia crecía: a las 20:30 ya había unas 500 personas ocupando toda la ochava de San José y Humberto Primo. Las banderas flameaban sobre las vallas y los bombos no se detenían, en un clima que combinó control estricto en el acceso con euforia en la vereda.

Paola llegó desde San Martín aferrada a un cuadro en blanco y negro con las imágenes de Evita y Perón. Lo sostiene contra el pecho como si fuera un escudo, mientras la multitud se agita a su alrededor. “Pensé que este era el punto de encuentro para bancarla a ella, que está presa. Como peronista, era el lugar donde había que estar hoy”, dice. Votó temprano y viajó directo a Constitución para sumarse a la vigilia frente al departamento de Cristina Kirchner.

“Parece que va a ser una buena noche”, se entusiasma. “Venimos de estar muy tristes los peronistas, pero sentimos que el país despertó, que la gente se dio cuenta de lo que estaba pasando”. Paola trabaja con personas con discapacidad y asegura que nunca vio tanto sufrimiento como en los últimos meses: “Hace 16 años que trabajo y jamás pasó lo que está pasando ahora. No tiene lógica, no tiene comprensión”.

Cuando se le pregunta por el cuadro, la respuesta es inmediata: “Soy la tercera generación de peronistas en mi casa. La primera profesional. Creo que me voy a morir peronista, como se murió mi papá. Amo a Néstor, la rebanco a Cristina, pero soy peronista”. Paola tiene 50 años, es psicóloga social y consultora psicológica. “Trabajo con personas con discapacidad y con gente en situación de calle”, cuenta.

Sobre la interna previa a las elecciones, no duda: “Lo mejor que pudieron hacer fue unirse. Si Cristina no estaba presa, no sé si esto iba a pasar. Ni la unión tan clara ni el triunfo, si es que se confirma. Creo que todo se dio para que hoy tengamos este resultado. Ojalá sea la fuerza de Dios, no las del cielo, que puso la realidad delante de todos para que no queden dudas”.

Aunque la convocatoria parece espontánea, hay señales de organización mínima: se cuentan unas 20 banderas desplegadas entre la multitud, pero lo que más se repite son los carteles caseros que los asistentes trajeron por su cuenta. La leyenda dominante es clara: “Cristina libre”. Entre familias con hijos y hasta mascotas, la esquina de San José y Humberto Primo se transformó en un punto de encuentro donde la consigna se multiplica en carteles, cánticos y conversaciones

Fuente: La Nación