Los episodios se remontan a finales del año pasado. Sin embargo (y de acuerdo a lo que L., la madre de la joven, pudo denunciar ante la Policía, ), las amenazas y la violencia psicológica habrían tales que la adolescente pudo romper el silencio semanas después.
Con esa primera información, la madre radicó una denuncia el 6 de febrero de este año en la Comisaría de la Mujer del departamento de Guaraní. Dado que los hechos habrían ocurrido en San Vicente, el caso recayó en el Juzgado de Instrucción 3 de esa jurisdicción, sede que hace pocos días ordenaron pericias forenses y ginecológicas a la joven.
La denuncia apunta a un hombre de 27 años y a su pareja de 31: él la abusaba y la mujer lo filmaba. Siempre siguiendo el relato de la madre, los primeros hechos habrían ocurrido en un motel de San Vicente, donde habrían llevado a la adolescente drogada bajo alguna sustancia que, según sospechan, le fue dada mientras compartían tereré.
“La amenazaron mucho, la torturaron psicológicamente. Hacía días estaba mejor, pero cuando volvimos de la visita con el médico forense volvieron los llantos, la desesperación, las madrugadas de despertarse a los gritos”, describió con malestar L. a El Territorio.
Contó que ayer supieron que la pareja denunciada se habría fugado. “Para mí es algo bueno porque estoy más tranquila”, asumió.
Ocurre que, según denunció ante sede policial, los acusados estarían involucrados en una red de venta de cocaína en San Vicente y alrededores, “y yo estaba con un miedo de que me pudiera pasar algo a mí también”, confió la mujer.
Por si fuera poco, habría sospechas de que la propia hija del matrimonio haya sufrido violaciones, por lo que pidió que la Justicia los investigue.
Confianza vulnerada
De acuerdo a su reconstrucción, la adolescente fue captada en un contexto de confianza. Mantenía vínculo con la denunciada, para quien realizaba tareas ocasionales de limpieza y cuidado de su hija, de 11 años.
“Mi hija a veces iba a limpiar la casa, le pagaban. Había confianza, los chicos venían a mi casa”, explicó.
Sin embargo, esa relación habría derivado en una situación de extrema vulnerabilidad. L. contó que todo salió a la luz a partir de un comentario que recibió su hija menor, de 11: “Le dijeron que su hermana era cualquiera, que se había metido con un hombre mayor. Ahí yo veo que mi hija estaba cada vez peor”, recordó.
Fue entonces que, como un baldazo de agua fría, anteriores conductas terminaron por encajar en un rompecabezas que revelaba que algo no andaba bien. “Mi hija había intentado suicidarse un tiempo atrás. Entonces yo ya estaba con miedo”, señaló.
En ese contexto la madre decidió confrontarla. “Cuando le dije que íbamos a ir a la casa de ellos, se quebró. Me mostró mensajes donde le decían ‘no fue nada, fue una experiencia en la vida’”, relató sobre los posibles abusos.
A partir de ese momento, la adolescente comenzó a contar lo ocurrido. Según el testimonio que hoy se conoce en voz de su madre, habría sido manipulada con videos, presionada y sometida bajo el pretexto de “salvar” a la hija menor del matrimonio. “Le decían ‘mirá, es mejor que pase con vos. Si no hacés, está en los videos’”, citó la madre que denunció estas aberraciones.
Según relató la progenitora, en más de una oportunidad el matrimonio contactaba a la adolescente para que trabajara de niñera y, una vez en el domicilio de los sospechosos, la habrían encerrado y violentado.
Señaló que después de intentar cortar todo contacto, las intimidaciones continuaron: “Le cambié el número y la encontraban por Instagram. Le mandaban mensajes igual”. “La mujer le decía ‘por favor, vos tenés que hacer esto porque si no mi marido le va a agarrar a mi hija’. Fue el relato que ellos quisieron inventar”, recriminó.
Posible red de Masi
Pero el relato no se agota en ese hecho. Para L., lo ocurrido forma parte de algo más amplio. “Esto es una venta de videos, yo desconfío que viene por ahí la mano”, sostuvo, al plantear la sospecha de que la pareja denunciada podría estar involucrada en una red de producción y distribución de material de abuso sexual infantil.
En esa línea, la denunciante afirmó que, tras su caso, otras presuntas víctimas se acercaron expresando solidaridad y confirmando patrones de abuso por parte del matrimonio apuntado. “Apareció otra chica que pasó por lo mismo. También fue amenazada y filmada”, aseguró.
Según su testimonio, esa joven habría confirmado conductas similares. “Dijo que la drogaron y que cuando quiso dejar de ir, la amenazaron. Después le dieron plata”, relató.
Otra joven que recientemente cumplió 18 años habría manifestado su disposición a declarar, aunque con temor. “Dice ‘¿y si después no pasa nada y aparecen los videos?’”, contó L., remarcando que en estos casos el peso de las amenazas fue primordial para sostener el silencio de las víctimas.
En ese sentido, la mujer insistió en que el miedo fue un factor determinante. “Es increíble la cantidad de chicas. El miedo las hace callar”, coincidió.
Además, aportó otros elementos que, a su entender, refuerzan sus sospechas: cambios constantes de números telefónicos por parte de la mujer denunciada, control sobre los dispositivos de su hija y presuntos movimientos vinculados a actividades ilegales. “Ella cambió como diez números. Y mi hija decía que les sacaban el celular todo el tiempo”, indicó.
También cuestionó el accionar judicial tras la denuncia. “No declaré yo tampoco, no me avisaron nada. Sólo tengo la copia de la denuncia”, afirmó. Y denunció situaciones de revictimización en instancias médicas. “Le gritó, la trató mal. Yo pedí una médica y no me respetaron”, criticó.
Mientras la familia espera respuestas judiciales, anticiparon a este diario que trabajan para contactar a un abogado particular y así poder constituirse como querellantes en el expediente.
Marcó que eso será inminente para presentar nuevas pruebas y hacer un seguimiento concreto de la investigación.
Hasta la fecha, y siempre según su relato, el Juzgado de San Vicente no habría dictado o programado entrevista en Cámara Gesell para la adolescente. Como tampoco se citaron a testigos o cercanos a la presunta víctima para aportar sus versiones sobre lo sucedido y sobre las señales que revelaron las agresiones.
Denunciar de forma urgente
Si viviste o conocés de un hecho de posible abuso sexual infantil, podés denunciarlo en la comisaría más cercana a su domicilio, llamando al 911 o a la Línea 102, gratuita y confidencial con alcance en toda la provincia de Misiones.
