Nefrología del Hospital Escuela de Agudos, un equipo que transforma la espera en esperanza sigue abriendo caminos a la vida. Mónica Pintos Ditrich llegó a Posadas desde Puerto Iguazú, donde trabajaba como guía del Parque Nacional Iguazú, con una realidad que cambiaría para siempre: diez años, dos meses y un día en diálisis, un proceso que ella misma describe como doloroso en lo corporal y en lo psicológico, pero que le permitió seguir con vida hasta el día del trasplante.
Hoy, ya del otro lado de ese proceso, su testimonio pone en primer plano el trabajo del servicio de Nefrología del Hospital Madariaga y el rol clave que cumple la donación de órganos en la provincia.
Una espera de diez años sostenida por un equipo de “ángeles”
Mónica recuerda con precisión ese tiempo en diálisis, un tratamiento que marcó su cuerpo y su historia. “La diálisis tiene esa parte fea, vamos a decir, pero tan buena, tan positiva, porque te permite seguir vivo”, explica, y agrega que en el servicio de nefrología del hospital cuenta con “un equipo muy grande, muy bueno, de muchísimos profesionales muy buenos, ángeles todos”.
Esa contención profesional, dice, es lo que permite sostener tratamientos tan largos frente a complicaciones que con otros órganos suelen ser más difíciles de atravesar.
El momento del llamado: entre el miedo y la gratitud
La confirmación de que un trasplante es necesario, cuenta Mónica, es un golpe fuerte que impacta a toda la familia. “Que te confirmen que tenés que trasplantarte ya es muy fuerte, es fuertísimo eso, con un montón de impactos y salpica mucho en la familia sobre todo”, relata. Por eso, insiste en la importancia de la donación: un gesto que, para quienes reciben el órgano, se convierte en un agradecimiento permanente hacia las familias donantes. “Permiten seguir dando vida, seguir construyendo futuros, haciendo sueños nuevamente”, resume sobre el significado de ese acto.
“No tenemos nada que envidiarle a Buenos Aires”
Con su experiencia en el Madariaga, Mónica no duda: “En el Hospital Madariaga tenemos todo, no tenemos nada que envidiar a Buenos Aires, que por ahí es el referente primario nuestro en Argentina”. Destaca especialmente el vínculo con su médico cabecera, a quien describe como parte de su familia, y extiende ese reconocimiento a todo el equipo que la acompañó: “Desde el enfermero, el camillero, la ambulancia, el quirófano, todo es de excelencia, es excelente”.
Su mensaje hacia la comunidad misionera es claro: confiar en el sistema de salud provincial. “El Hospital Madariaga es prácticamente lo mejor en la provincia, toda la vanguardia, toda la calidad humana”, afirma, remarcando que la fortaleza del hospital no está solo en la infraestructura y el equipamiento, sino en la preparación y el profesionalismo de sus médicos.
Un agradecimiento que atraviesa el dolor
Mónica no deja de pensar en el otro lado de cada trasplante: la familia que despide a un ser querido. “La donación es un momento muy difícil porque también me pongo en el lugar de una familia que está despidiendo a un ser querido”, reflexiona, y cierra con la idea que atraviesa todo su testimonio: un momento de profunda tristeza puede convertirse, para otra familia, en una alegría inmensa.
La Fundación Parque de la Salud, motor de la tecnología que hace posible cada trasplante
Historias como la de Mónica Pintos Ditrich son posibles gracias al trabajo sostenido de la Fundación Parque de la Salud, que acompaña al Hospital Madariaga en la inversión constante en tecnología médica de alta calificación. Este respaldo coordinado permite que el servicio de Nefrología cuente con el equipamiento necesario para sostener tratamientos de diálisis de largo plazo y garantizar procesos de trasplante seguros y eficaces.
La articulación entre el hospital y la Fundación consolida a Misiones como referencia sanitaria regional, poniendo al alcance de los pacientes una atención de excelencia que, como describe Mónica, no tiene nada que envidiarle a los grandes centros del país.
