El 60% de las notificaciones por conductas suicidas corresponde a jóvenes de 10 a 29 años y ya se registran casos en niñas y niños de 10 a 14

La CAIS alerta sobre intentos de suicidio en niñas y niños desde los 10 años, especialmente en contextos de violencia y abuso. Natalia Falcone señaló que los menores viven el dolor como algo permanente y pidió a los adultos asumir un rol activo en la prevención y detección temprana.

Los intentos de suicidio en niñas y niños desde los 10 o 12 años genera preocupación en Misiones y se convirtieron en uno de los ejes más sensibles de la Comisión para el Abordaje Integral del Suicidio. La psicóloga Natalia Falcone explicó que este fenómeno sigue una tendencia mundial pero requiere una mirada especial, porque los niños no cuentan con los mismos recursos emocionales que los adultos.

“A partir de los 10 o 12 años empezamos a prestar atención y a decir ‘esto está pasando en este grupo’. Después aparece con fuerza en la adolescencia y la adolescencia tardía”, señaló.

Falcone explicó que, dentro del universo de notificaciones vinculadas a conductas suicidas, “las edades que hemos encontrado son lo que nos preocupa, porque un porcentaje importante de los casos registrados va entre personas de entre 10 y 29 años, con un número más alto entre los 15 y los 19”. Sin embargo, subrayó que el dato más sensible aparece en edades aún más tempranas:
“Es importante notar que ya estamos registrando muchos casos en niños y púberes, que van entre los 10 y los 14 años”.

Según la psicóloga, estos números obligan a orientar el trabajo de manera específica hacia ese rango etario. “Son cifras que nos preocupan y sobre las que estamos trabajando intensamente para poder llegar a ese grupo de riesgo, ver qué factores están asociados a ese malestar y a esa necesidad de expresarlo a través del querer desaparecer”, señaló.

Asimismo, remarcó que es fundamental intervenir con más rapidez y a revisar las condiciones en las que se desarrollan los menores. “La mayoría de los casos de intentos de suicidio en niños tienen algún determinante que tiene que ver con la violencia, el maltrato o el abuso sexual. Son contextos muy vulnerados en los cuales tenemos que prestar atención”, advirtió.

La psicóloga explicó que, en edades tempranas, el tiempo emocional funciona de otro modo. “El niño y el adolescente viven mucho más el presente. Esto que le está pasando es terrible, insoportable, y siente que no lo va a poder cambiar. No tienen tan a mano la idea de un futuro diferente”.

Por eso, la comprensión sobre la muerte y su irreversibilidad es distinta. “Tienen menos recursos para encontrar la solución a lo que les pasa. No saben cómo resolver lo que sienten y realmente creen que ese dolor va a ser para siempre”, afirmó.

Falcone fue categórica: “En niños y adolescentes nuestro rol de adultos es fundamental. Somos los adultos los que debemos cuidar los contextos”. E insistió en que no debe minimizarse lo que expresa un niño o adolescente. “No es un llamado de atención, es un pedido de ayuda y siempre hay que tomarlo en serio, por más que nosotros creamos que para nosotros ese problema no es importante”, remarcó.

Ese contexto incluye la escuela, la familia y los espacios de socialización. “La escuela puede ser un factor protector o un factor de riesgo. Puede ayudar a que los chicos se sientan integrados y protegidos, o transformarse en un lugar de sufrimiento y aislamiento”, explicó.

Los casos recientes asociados a bullying y violencia escolar refuerzan este diagnóstico.

Señales de alerta en niñas y niños

Entre las señales que deben activar la intervención adulta, Falcone enumeró:

Aislamiento o encierro

Irritabilidad marcada

Abandono de actividades

Cambios de conducta bruscos

Expresiones de desesperanza

Conductas de riesgo como consumo de alcohol u otras sustancias

“Cuando un niño o adolescente empieza a expresar que no puede más, hay que tomarlo en serio. No minimizar su dolor porque creamos que se va a pasar”, sostuvo.

Falcone insistió en la importancia de escuchar a niños y adolescentes cuando verbalizan angustia o desesperanza. “Validar las emociones de las personas ayuda a que esa persona se pueda permitir pedir ayuda”, sostuvo.

Y agregó: “Tomar en serio todo pedido salva vidas”.

La psicóloga remarcó que, ante un niño o adolescente en crisis, lo primero no es juzgar, minimizar o racionalizar lo que siente, sino ofrecer contención. “Lo que tenemos que hacer es escuchar, estar cerca, no juzgar, recordar que la persona ya se está sintiendo mal y que incluso puede sentir vergüenza o culpa por pensar en quitarse la vida”, explicó.

Cómo actuar si un niño o adolescente necesita ayuda

Falcone señaló que, una vez brindado ese primer soporte emocional, es fundamental acompañar hacia la atención profesional:
“Después sí, comprometernos en acompañar a esa persona hacia la ayuda profesional”.

La psicóloga recordó que cualquier centro de salud –público o privado– puede recibir estos casos y que la atención debe ser prioritaria. En situaciones de crisis aguda, la intervención debe ser inmediata.

“Si la persona está en una situación de crisis y percibimos que no se puede esperar, podemos llamar al 911, que es una línea de emergencia que va a asistir en el momento y canalizar ese pedido de ayuda”, señaló.

Además, Misiones cuenta con una línea de atención en crisis del IPS. Podés llamar 3765-481000 o al 911 activa las 24 horas del día, los 365 días del año, accesible para toda la comunidad. “Pueden llamar aunque no tengan IPS. Es una línea disponible para toda la provincia”, precisó.

“Toda vida es valiosa”: el mensaje que intenta transmitir la CAIS

Para Falcone, el núcleo de la prevención está en desmontar mitos y acompañar sin juicio. “Creemos que toda vida es valiosa y que las cosas se pueden solucionar. El suicidio es una solución definitiva para un problema que es temporal”, afirmó.

“Pedir ayuda salva vidas. Estemos atentos a nuestros vínculos, tomemos en serio cualquier señal y acompañemos hacia la ayuda profesional” concluyó.