El ajuste llegó al comedor universitario de la UNaM

La crisis presupuestaria que atraviesan las universidades nacionales comenzó a traducirse en recortes concretos dentro de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM). En la Facultad de Ciencias Económicas, la falta de recursos obligó a eliminar el servicio de cena del comedor universitario y reducir a la mitad la prestación de almuerzos, además de disminuir gastos destinados a fotocopias, limpieza, participación en congresos y eventos científicos.

El decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNaM, Horacio Simes,  describió  una situación presupuestaria que calificó como delicada y que, según explicó, se arrastra prácticamente desde el comienzo de la actual gestión nacional.

Si bien reconoció que hubo una mejora a partir del cumplimiento parcial del acta acuerdo suscripta entre el Gobierno nacional y las autoridades universitarias, sostuvo que los recursos continúan lejos de alcanzar el nivel esperado. En ese contexto, remarcó que todavía está pendiente el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, sancionada hace más de 300 días.

Tres frentes afectados por la falta de recursos

Simes explicó que el problema presupuestario debe analizarse a partir de tres grandes dimensiones que atraviesan el funcionamiento cotidiano de las universidades: los salarios docentes y no docentes, los gastos de funcionamiento y las becas destinadas principalmente a estudiantes, investigación y extensión.

Respecto de los ingresos de los trabajadores universitarios, señaló que los salarios docentes y no docentes habían acumulado un retraso cercano al 50%. Una parte de esa pérdida comenzó a recuperarse mediante una primera actualización del 21,33%, surgida del acuerdo alcanzado entre las partes, aunque todavía permanece pendiente una segunda recomposición que, según indicó, permitiría recuperar lo perdido desde diciembre de 2023.

A la situación salarial se suma el deterioro de los recursos destinados al funcionamiento diario de las instituciones. El decano recordó que durante 2024 hubo una actualización que permitió cierto alivio, pero posteriormente el incremento de las tarifas y de los costos generales volvió a dejar rezagadas las partidas.

En Ciencias Económicas, esa diferencia entre recursos y gastos ya obligó a establecer prioridades. El comedor universitario fue uno de los servicios directamente alcanzados por el ajuste: la Facultad prescindió de las cenas y redujo a la mitad los almuerzos.

Los recortes también llegaron a otros aspectos de la actividad universitaria. Simes detalló que se disminuyeron los gastos de fotocopiadora, la participación en congresos y eventos científicos e incluso las partidas destinadas a limpieza, entre otros rubros.

La tercera dimensión corresponde a las becas, tanto aquellas orientadas a los estudiantes como las vinculadas con actividades de investigación y extensión desarrolladas por docentes y no docentes. Según explicó, también allí hubo una reducción de recursos.

Pese a ese escenario, aseguró que las decisiones adoptadas buscan preservar un límite: no afectar la calidad educativa. La administración de los recursos disponibles, señaló, procura resguardar lo que considera el principal valor de la institución, que es la excelencia académica y la calidad del servicio educativo.

Paros, movilizaciones y aulas abiertas

La prolongación del conflicto presupuestario y salarial también repercute sobre la actividad académica. Durante esta semana están previstas nuevas jornadas de movilización y paro de docentes y no docentes.

Simes aclaró que las medidas de fuerza son definidas por los gremios y que la adhesión depende individualmente de cada trabajador, por lo que un paro no implica necesariamente la paralización completa de la Facultad.

De hecho, sostuvo que hasta ahora pudieron mantener cierto ritmo de funcionamiento y cumplir con el cursado y el calendario académico gracias al esfuerzo de la comunidad universitaria. Durante las jornadas de protesta, las instalaciones continúan abiertas y los docentes que deciden no adherir pueden dictar normalmente sus clases.

Además de los paros, esta semana se realizarán abrazos simbólicos a las universidades, una modalidad de protesta con la que la comunidad académica buscará visibilizar y defender a las instituciones frente a una situación que Simes consideró prácticamente inédita durante lo transcurrido de este siglo.

Para el decano, el escenario refleja una falta de reconocimiento por parte del Gobierno nacional acerca de la importancia que tienen la educación pública y el desarrollo científico y tecnológico.

Sin embargo, rechazó que pueda hablarse de que la educación pública esté en peligro. Fundamentó esa posición, en primer término, en el acompañamiento que las universidades recibieron de la sociedad desde el inicio del conflicto y en la valoración que conservan entre la población, al señalar que habitualmente aparecen entre las instituciones mejor consideradas en las encuestas.

También mencionó el respaldo recibido durante la discusión presupuestaria en el Congreso. Recordó que diputados y senadores nacionales acompañaron los reclamos y la perspectiva de desarrollo planteada por las universidades, proceso que finalmente derivó en la sanción de una ley.

A ello sumó las decisiones judiciales favorables al reclamo universitario y sostuvo que actualmente las instituciones permanecen a la espera de que esa normativa sea efectivamente cumplida.

En ese sentido, consideró que para las universidades el conflicto dejó de constituir una discusión política, debido a que ya atravesó el debate legislativo y la instancia judicial. Desde su perspectiva, corresponde ahora que el Gobierno nacional cumpla lo establecido por la ley y lo dictaminado por la Justicia.

“Hay diálogo”, pero todavía esperan respuestas

Respecto de las negociaciones conla Nación, Simes aclaró que actualmente no participa directamente de esas instancias, que se encuentran principalmente en manos de las autoridades de la Universidad -rector y vicerrectora- y de los representantes gremiales.

No obstante, indicó que el diálogo con las autoridades nacionales nunca se interrumpió, particularmente con el área de Educación y con la Secretaría de Políticas Universitarias. El inconveniente, explicó, es que ese intercambio no necesariamente se traduce en soluciones.

En materia de funcionamiento, la expectativa inmediata está puesta en el cumplimiento de lo establecido en el acta acuerdo. Según precisó, esto representaría un incremento del 20% en los recursos, que permitiría afrontar con mayor tranquilidad los últimos meses de 2026, completar el actual ciclo académico y presupuestario y comenzar a planificar 2027.

Paralelamente, las autoridades universitarias esperan el cumplimiento efectivo de los artículos 5 y 6 de la ley, alcanzados por una medida cautelar. De concretarse, explicó Simes, permitiría actualizar también las becas y los salarios docentes y no docentes con el objetivo de terminar de recuperar la pérdida acumulada desde el inicio de la actual administración nacional.

El conflicto también es seguido de cerca por los estudiantes. El decano aseguró que existe un diálogo permanente con el alumnado y, particularmente, con sus representantes institucionales, entre ellos los centros de estudiantes y los consejeros directivos.

A través de esos espacios se desarrollan las discusiones correspondientes, algunas dentro de los propios consejos directivos. Según Simes, los estudiantes están informados sobre la situación presupuestaria, conocen los fundamentos de los reclamos y comprenden la necesidad de continuar debatiendo el lugar que ocupan la educación pública y las universidades dentro del país.

En términos generales, afirmó que existe un fuerte acompañamiento estudiantil al reclamo universitario.

Mientras continúan las negociaciones y las medidas de fuerza, Ciencias Económicas intenta sostener su actividad cotidiana. Las puertas permanecen abiertas, el cursado continúa allí donde los docentes no adhieren a los paros y la institución administra recursos cada vez más ajustados para preservar la actividad académica.

Pero los efectos del desfinanciamiento ya dejaron de limitarse a las discusiones presupuestarias: alcanzaron el comedor, las becas, la investigación, los congresos, la limpieza y otros servicios que forman parte de la vida universitaria diaria.