El consumo de tabaco continúa siendo una de las principales amenazas para la salud pública y sus efectos no se limitan a quienes fuman. Especialistas alertaron que la exposición al humo ambiental y la creciente popularidad de las bolsas de nicotina están ampliando los riesgos para toda la familia. El fenómeno ocurre tanto en espacios públicos como dentro de los hogares, donde la inhalación involuntaria de sustancias tóxicas y el acceso a nuevos productos adictivos generan preocupación entre los profesionales de la salud.
El cardiólogo Marcelo Cáncer explicó que no existe un nivel seguro de exposición al humo de tabaco, ya que las personas cercanas a un fumador respiran una mezcla de más de 7.000 sustancias químicas, entre ellas al menos 70 compuestos cancerígenos.
Según detalló el especialista en un informe difundido por Noticias Argentinas, los adultos que no fuman pueden aumentar hasta en un 30% el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y cáncer de pulmón debido a la exposición pasiva al humo. En el caso de los niños y bebés, las consecuencias incluyen una mayor incidencia de infecciones respiratorias, crisis asmáticas severas y síndrome de muerte súbita del lactante.
Las cifras reflejan la magnitud del problema. A nivel mundial, se estima que 8 millones de personas mueren cada año por enfermedades vinculadas al tabaco, mientras que en Argentina la cifra supera las 45.000 muertes anuales, consolidando al tabaquismo como uno de los principales factores de riesgo de enfermedades crónicas.
Aunque las últimas ediciones de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo muestran una disminución en la cantidad de fumadores, también revelan nuevas modalidades de consumo. Entre ellas, el uso de cigarrillos armados, una práctica que alcanza al 10% de los fumadores, especialmente entre los más jóvenes.
Crece la preocupación por las bolsas de nicotina
A la problemática tradicional del cigarrillo se suma ahora la expansión de las llamadas bolsas de nicotina o “pouches”, cuya comercialización fue habilitada recientemente mediante la Resolución 549/2026.
Estos pequeños sobres, que se colocan entre el labio y la encía, no contienen tabaco ni producen humo, pero liberan elevadas dosis de nicotina acompañadas por saborizantes que los hacen especialmente atractivos para los consumidores más jóvenes.
Cáncer remarcó que estos productos no deben confundirse con tratamientos médicos para dejar de fumar, como los parches o chicles terapéuticos. A diferencia de esos métodos, las bolsas de nicotina tienen un uso recreativo y contribuyen a mantener la dependencia.

Los principales riesgos de las bolsas de nicotina
Los especialistas identifican cuatro efectos preocupantes asociados a estos productos:
- Alta capacidad adictiva, debido a la rápida llegada de la nicotina al cerebro.
- Alteraciones cardiovasculares, como el aumento de la presión arterial y de la frecuencia cardíaca.
- Daños en la salud bucal, incluyendo lesiones en encías y mucosas.
- Atracción de adolescentes, impulsada por sabores frutales, dulces o mentolados.
Además, su consumo suele pasar inadvertido dentro del hogar porque no genera olor ni humo. Según advirtió el cardiólogo, un adolescente puede llegar a incorporar cantidades de nicotina equivalentes a las de dos atados de cigarrillos diarios sin que los adultos lo detecten fácilmente.
Por ese motivo, recomendó prestar atención a señales como la presencia de envases circulares en mochilas, cambios en las encías o episodios de ansiedad sin causa aparente.

Los beneficios comienzan desde el primer día al dejar la nicotina
Los especialistas destacan que abandonar el consumo produce mejoras casi inmediatas en el organismo:
- A los 20 minutos: la presión arterial y la frecuencia cardíaca vuelven a valores normales.
- A las 12 horas: se normalizan los niveles de oxígeno en sangre tras eliminarse el monóxido de carbono.
- Entre las dos semanas y los tres meses: mejoran la circulación y la capacidad pulmonar.
- Al cumplir un año: el riesgo de infarto se reduce aproximadamente a la mitad.
- A los cinco años: el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular se equipara al de una persona no fumadora.
“Abandonar el tabaco y evitar cualquier producto con nicotina sigue siendo la medida más efectiva para proteger la salud propia y la de quienes conviven con nosotros”, concluyó el especialista, quien además recomendó recurrir a programas y consultorios especializados en cesación tabáquica para aumentar las posibilidades de éxito.
