Franco Colapinto: radiografía de la nueva revolución del deporte argentino

“No, no me siento ni cerca. Él está a otro nivel y realmente no puedo creer cuando la gente me compara. Yo quedo como: ‘¿Qué te pasa?’.” Las palabras pertenecen a Franco Colapinto, la nueva revolución social en el deporte que, por más incipiente que todavía parezca, configura un verdadero vendaval. En un santiamén se llevó todo puesto y hasta se ganó el parangón popular con el ídolo de todos.

El piloto argentino de 21 años, recién emergido en la Fórmula 1, la categoría en la que ningún otro compatriota apareció en los últimos 23 años –Gastón Mazzacane fue el último en 2001, cuando Colapinto ni siquiera había nacido–, habla de la más reciente obsesión de la gente: encontrarle un punto vincular con Lionel Messi, nada menos. Solo un puñado de carreras en la vanguardia del deporte internacional lo obligó a desmarcarse, con su habitual desenvoltura y naturalidad, del emparejamiento con la figura del mejor futbolista del mundo. Todo ocurrió con una celeridad infrecuente.

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La génesis del prodigio

Nacido el 27 de mayo de 2003 en Pilar, hace apenas dos años se transformaba en integrante de la academia de pilotos de Williams, una de las consideradas cuatro grandes escuderías de la máxima categoría junto a Ferrari, McLaren y Mercedes. La idea primordial del equipo británico era que su crecimiento se sucediera de manera más común, pero la realidad se devoró al tiempo. De destacada labor en la Fórmula 3 durante 2022, el año pasado descolló en Fórmula 2: ganó una carrera en Imola y se subió al podio en varias carreras principales, como España y Austria. Cada vez se llevaba más miradas en el ecosistema del deporte motor. Su llegada a Williams incluso despertó en mucha gente una suerte de reminiscencia: varios lo relacionaron con el mítico Carlos Alberto Reutemann, cuyo retiro había sido, 43 años antes, al volante de un… Williams.

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La génesis del efecto Colapinto, sin embargo, tiene una explicación más temprana. Su historia en el automovilismo se remonta a la edad de cuatro años, cuando recibió de regalo un cuatriciclo. Fue su primer contacto con el mundo de los motores y de los neumáticos, aunque lo llevaba en la sangre: su padre Aníbal había estado involucrado en un equipo de TC 2000 en la ciudad de Bahía Blanca.

Con diez años, el pequeño Colapinto empezó a correr en kartings y, años más tarde, se iría a vivir a Italia, ya inmerso por completo en la biósfera de los motores. Con su nueva vida llegaron las primeras apariciones en Fórmula 4 con dos carreras dignas de un futuro campeón: un segundo puesto y un triunfo. Esa construcción tuvo como resultante un deportista de élite y ya en la Fórmula 2, con Williams, anticipaba: “Me la paso ocho horas por día en un simulador. No es un videojuego; hay que memorizar los circuitos y no pegarse a los demás corredores. Ya estoy listo para correr en la Fórmula 1”.

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Hoy, más causal que casualmente, su presencia en la categoría disparó las consultas en la Argentina por adquirir uno de esos sofisticados artefactos que transforman livings, habitaciones o playrooms en circuitos.

La masividad popular

Una merma en el rendimiento, sumada a algunos inesperados accidentes que generaron costos millonarios para Williams, llevaron al equipo a reemplazar al estadounidense Logan Sargeant, lo que abrió la oportunidad de oro: después de varias especulaciones Colapinto se quedó con su puesto y se convirtió en el segundo piloto, compañero del tailandés Alex Albon.

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Su estreno en la máxima categoría ya provocó un cimbronazo universal. Finalizó decimosegundo en Monza y dejó pinceladas solo reservadas para los fuera de serie. La explosión de sus redes sociales representó de manera fidedigna el brote que significó su llegada con el campeonato en pleno desarrollo: comenzó su aventura con 600 mil seguidores en Instagram y, en menos de dos meses ascendió a tres millones 200 mil. En el medio, el reconocimiento de figuras estelares y hasta su presencia en la tapa de la revista Forbes, en su versión de México.

James Vowles, el jefe de equipo de Williams, ya se volvió un nombre familiar para los argentinos, que suelen leer, casi a diario, los elogios hacia Colapinto. Varios de ellos incluso a través del intercomunicador entre equipo y piloto, en plena carrera: “Bien hecho, Franco. Es realmente impresionante ver cómo adelantas autos, cómo peleas en el medio del tráfico, cómo mantienes tus neumáticos bajo control”. Es que Franco respondió con creces: sumó puntos para Williams en dos carreras con apenas cinco presentaciones.

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La gente se atornilla al sillón de sus casas para ver, por caso, la magistral maniobra con la que largó en el circuito de Singapur: arrancó en la 12ª posición y, tras un movimiento prodigioso, quedó 9° en la primera curva del trazado callejero de Marina Bay para ubicarse en cuestión de centésimas entre la Ferrari de Carlos Sainz y el Red Bull de Checo Pérez. También estuvo en boca de todos con el increíble adelantamiento sobre el bicampeón mundial español Fernando Alonso, quien quedara boquiabierto luego del sobrepaso del argentino en el circuito de Austin.

Colapinto solo recibió halagos. El neerlandés Max Verstappen, tricampeón vigente, lanzó sin tapujos: “Está haciendo un gran trabajo desde que llegó a la Fórmula 1; siempre es lindo ver a los jóvenes pilotos que lo hacen bien”. El mexicano Checo Pérez, en plena disputa en Singapur, soltó en la radio: “Colapinto es muy bueno, es muy difícil de pasar”. El español Carlos Sainz, quien tomará el lugar del argentino en Williams desde 2025, expresó: “Parece que me cuidan bien el asiento; Franco ha hecho unas primeras carreras espectaculares, no se le puede pedir más”. Christian Horner, el jefe de Red Bull, fue taxativo: “Merece continuar en la Fórmula 1”.

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El propio Colapinto avisó al respecto: “Merezco mi lugar en la Fórmula 1”. Y ni hablar de un enorme campeón como Lewis Hamilton, quien en la previa del Gran Premio de Brasil, en el circuito de Interlagos, última carrera disputada a la fecha, puntualizó que el argentino merece sí o sí un asiento para 2025. Si bien el futuro es incierto, la experiencia ya lo colocó en la mira de todos.

El fenómeno de las dos carreras

Los argentinos volvieron a apasionarse por la Fórmula 1: cuatro décadas después de las proezas de Reutemann, generaciones enteras hablan de las carreras sin comprender siquiera las reglas, lo que explica un acontecimiento transversal. La gente no conoce la matriz de la Fórmula 1 pero Colapinto, sin dudas, es un imán ineludible.

Los titulares de los medios, en cuyas portadas Colapinto tiene cada vez más espacio, impulsan un nuevo fenómeno: el de las dos carreras. Las personas que llegaron a la Fórmula 1 gracias a su sorpresiva irrupción solo miran una de ellas: la del propio Colapinto. Cómo va Colapinto. Qué maniobra desplegó Colapinto. Cómo terminó Colapinto. Qué dijo Colapinto. La otra carrera no tiene relevancia: al argentino promedio, prendido a la televisión, no le interesa quién la ganó. Probablemente ni se entere.

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Hoy en la Argentina solo importa, por caso, si Colapinto redondeó una buena clasificación o si consiguió sumar puntos. Todo un acontecimiento en el país más exitista, en términos deportivos, de todo el mundo. Aquí el segundo es el primer perdedor y no sirve perder una final. Pero Colapinto rompió la tradición: con su imagen entradora, canchera, despojada de inhibiciones, logró que los argentinos hasta celebren los décimos puestos. O, incluso, la no continuidad, como en el caso de Interlagos el último fin de semana, cuando una pista resbaladiza por la lluvia sacó su auto del circuito –y de la competencia– en la vuelta 33.

Y nada indica que no suceda lo mismo con las tres carreras que quedan para completar el calendario 2024: Las Vegas, Qatar y Abu Dabi, a disputarse en el lapso de dos semanas, entre el 24 de noviembre y el 8 de diciembre. Una gesta ni siquiera capturada por Messi, el hombre que, en tiempos acaso menos fructíferos que los que corren, coleccionaba críticas por perder finales.