Posadas. En un contexto económico cada vez más exigente y con recursos que no alcanzan, la Fundación Tupa Rendá atraviesa uno de sus momentos más delicados. La presidenta de la institución, Neni Valdez, confirmó un panorama complejo: el hogar que contiene a niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad enfrenta cuatro meses de atraso en uno de sus principales subsidios, una situación que compromete el pago de servicios básicos y la continuidad de su tarea cotidiana.
Frente a este escenario, la organización convoca a la comunidad a participar de una nueva edición de su feria solidaria de usados, conocida como “Nimú Porá”, que se realizará este fin de semana en la Capilla San Rafael, con el objetivo urgente de recaudar fondos y recibir donaciones.
Una feria solidaria que sostiene mucho más que objetos
La feria abrirá el viernes de 15 a 19 horas y continuará el sábado de 10 a 18, en horario corrido. Sin embargo, su preparación comienza antes: desde la mañana previa, voluntarias y colaboradores trabajan en el traslado, clasificación y acondicionamiento de los elementos que estarán a la venta.
“Esta venta de usados tiene una importancia muy especial porque ya van a ser cuatro meses que uno de los subsidios que suelen ingresar siempre no ingresó”, explicó Valdez, marcando la gravedad de la situación.
La feria ofrecerá una amplia variedad de productos: ropa para todas las edades y estaciones, utensilios de cocina, artículos escolares, ropa de cama, toallas, electrodomésticos y objetos de uso cotidiano. Todo a precios accesibles, en una propuesta que también promueve la reutilización y el cuidado ambiental.
“Todo suma: el que trae su colaboración, el que compra, el que ayuda con sus manos. Y además cuidamos el ambiente porque reutilizamos cosas que se tirarían”, remarcó.

Un hogar “al rojo vivo”: subsidios atrasados y gastos que no esperan
Detrás del esfuerzo organizativo hay una urgencia estructural. Tupa Rendá depende de dos fuentes de financiamiento: un subsidio provincial y otro vinculado a la cantidad de niños alojados. Este último es el que acumula atraso.
“Tenemos cuatro cuotas atrasadas y hay que abonar el servicio de los cuidadores, la luz, el agua… estamos al rojo vivo”, sintetizó la presidenta.
El impacto es directo: los fondos actuales no alcanzan a cubrir ni la mitad de los costos básicos. Si bien en diciembre lograron sostener los primeros meses del año con otra feria, hoy el margen se agotó.
“Con el subsidio de la provincia no alcanzamos a cubrir ni la mitad del pago de los cuidadores. Y los servicios nos los cobran como a cualquier cliente, no hay una consideración especial por ser un hogar de niños”, advirtió.
19 historias que dependen de una red solidaria
Actualmente, el hogar alberga a 19 niños y adolescentes, aunque su capacidad ronda entre 21 y 22 plazas. La dinámica es cambiante: mientras algunos chicos logran ser adoptados, otros ingresan en situaciones complejas.
“Tuvimos cuatro hermanitos que fueron adoptados, pero así como se fueron, ingresaron otros cuatro”, contó Valdez, reflejando la constante rotación.
El trabajo no termina con la mayoría de edad. La institución Tupa Rendá también acompaña procesos de egreso para jóvenes que crecieron en el hogar.
“Estamos preparando a dos chicas que estuvieron 11 años con nosotros. El oficio dice que se pueden ir, pero ¿a dónde? Nosotros tratamos de que no salgan a la nada”, sostuvo.

El día a día: entre la urgencia y la solidaridad
El funcionamiento cotidiano depende en gran parte de la ayuda comunitaria. La falta de recursos obliga a gestionar donaciones casi a diario, especialmente de alimentos e insumos básicos.
“Nos estamos manejando en el día a día. Ponemos en el grupo que nos quedamos sin papas y aparece uno, dos, tres kilos… así vamos superando la crisis del momento”, relató.
Entre los productos más necesarios se encuentran:
- Aceite
- Yerba mate
- Puré de tomate
- Productos de limpieza e higiene
- Frutas y verduras
Sobre el consumo, Valdez fue concreta:
“Necesitamos aproximadamente 10 litros de aceite por mes, unos 12 a 15 kilos de yerba y varios packs de puré de tomate para poder cocinar”.
Incluso explicó que algunas donaciones requieren cierta organización:
“Con el aceite es más fácil porque es un producto uniforme, pero con fideos, por ejemplo, necesitamos que sean del mismo tipo para poder cocinar”.
Una comunidad que responde, pero necesita continuidad
A pesar de las dificultades, la presidenta destacó el compromiso social que rodea a la fundación. Existen grupos y personas que colaboran de forma sostenida, como una agrupación que provee mensualmente papel higiénico.
Sin embargo, advirtió que la ayuda no siempre es constante:
“La comunidad siempre está presente, pero no hay una continuidad. Necesitamos un colchón que nos permita planificar y no vivir en la urgencia permanente”.
Más que una feria: una oportunidad para sostener el futuro
Además de los artículos habituales, esta edición en Tupa Rendá contará con objetos especiales, como un lavavajillas en excelente estado que será ofrecido al mejor postor. Pero más allá de las particularidades, el espíritu del evento sigue siendo el mismo: generar recursos para sostener un espacio que transforma realidades.
“El que tiene poco dinero puede comprar lo que necesita, y el que puede ayudar, ayuda. Entre todos hacemos que esto siga funcionando”, expresó Valdez.
La invitación es abierta: acercarse, colaborar, difundir. Porque detrás de cada prenda, cada utensilio o cada donación, hay algo mucho más importante en juego: la posibilidad de garantizar un presente digno para niños y adolescentes que dependen de ese acompañamiento.
Cómo colaborar con Tupa Rendá
Quienes deseen ayudar pueden hacerlo de distintas maneras:
- Donando productos o artículos en buen estado
- Participando de la feria como compradores
- Colaborando como voluntarios
- Aportando alimentos e insumos esenciales
“Todo suma, absolutamente todo suma”, insistió Valdez, en un mensaje que busca movilizar a la comunidad en un momento crítico.
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