La industria textil viene muy deprimida desde el año pasado”, advirtió Luciano Galfione, presidente de la Fundación Pro Tejer, en una entrevista telefónica con La Última Rosca por Radio UP. “La caída del poder de adquisición de la población repercute directamente en nuestro sector”, señaló. Recalcó que, aunque los costos productivos no aumentaron, el precio del ticket final tampoco bajó, incluso con las reducciones en impuestos a importaciones promovidas por el gobierno nacional.
Industria textil en crisis
Según Galfione, el principal problema del rubro no es la producción, sino la comercialización. “Los precios de la indumentaria que paga el consumidor nada tienen que ver con lo que sale de fábrica. La importación aumentó, pero los precios en los locales no bajaron. Seguimos pagando ropa más cara que en otros países”, subrayó.
Consultado sobre la informalidad laboral, diferenció que “no es lo mismo un taller clandestino que uno informal. En Argentina hay muy pocos clandestinos, pero muchos informales porque competimos con las peores condiciones laborales del mundo”. Y agregó: “Bangladesh o Camboya producen con trabajo infantil, sin vacaciones ni aguinaldo. Nosotros competimos contra eso”.

Respecto al impacto en las pymes del sector textil, advirtió que muchas están perdiendo dinero. “Lo hacen para no parar la fábrica y seguir pagando salarios. Hoy no hay margen de rentabilidad, no podemos trasladar los aumentos de costos porque no hay consumo”, explicó.
Galfione también criticó la eliminación de programas como Ahora 12: “Se desarmó todo lo que ayudaba al consumo. Tenemos tasas del 40% en dólares. En el mundo se paga el 3%”.
Sobre la percepción de los precios, se mostró crítico con las tarifas que inciden en el costo productivo: “Nos da bronca pagar caro por algo que no parece de calidad internacional. Pero nuestros productos están a la altura de cualquier país. Muchas marcas que fabrican en Brasil o China también producen en Argentina con la misma tecnología”.

Finalmente, insistió en que las familias cambiaron su patrón de consumo. “Hoy se priorizan los gastos en servicios, educación y salud. Lo que queda se destina a alimentos o ropa de segunda o tercera marca. La clase media baja ya no puede consumir como antes”, concluyó.
Fuente: Radio Up
