Informe de la UCA: un tercio de los niños en Argentina atraviesa una situación alimentaria crítica y el 16 % sufre hambre severa

Un informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) volvió a encender las alarmas sobre el impacto de la crisis económica en la infancia: según los últimos datos relevados en 2024, el 35,5 % de los niños y adolescentes en el país sufre algún tipo de inseguridad alimentaria, mientras que el 16,5 % directamente pasa hambre.

El dato representa más de 4,3 millones de chicos que no logran cubrir adecuadamente sus necesidades alimenticias, y más de 2 millones que padecen hambre en sentido estricto. La medición incluye tanto situaciones de reducción forzada de porciones como directamente la imposibilidad de consumir alimentos durante el día, debido a la falta de recursos en sus hogares.

Si bien estas cifras presentan una leve mejora respecto del pico registrado en 2020 durante la pandemia —cuando la inseguridad alimentaria alcanzó el 37 %—, el informe advierte que la tendencia sigue siendo estructural y preocupante. Desde 2010, el indicador no ha logrado perforar el piso del 20 %, y en los últimos cinco años se ha mantenido por encima del 30 %.

Los sectores más afectados son aquellos hogares con jefatura monoparental —donde una sola persona, en general una mujer, sostiene el núcleo familiar—, las familias numerosas y aquellas con empleos informales o ingresos por debajo de la línea de pobreza. En estos grupos, los niveles de inseguridad alimentaria superan el 43 %, llegando al 51 % en los casos más críticos.

El fenómeno ya no se concentra únicamente en el conurbano bonaerense. Según el estudio, provincias del norte y del NEA muestran índices similares o incluso más altos de carencias alimentarias en la infancia. La problemática, por lo tanto, se ha federalizado y demanda respuestas integrales que trasciendan la asistencia focalizada.

El informe de la UCA también establece una relación directa entre inseguridad alimentaria y bajo rendimiento educativo. Cerca del 44 % de los niños y adolescentes con dificultades de aprendizaje o trayectorias escolares irregulares también enfrentan dificultades para alimentarse adecuadamente. “La desnutrición, incluso leve, afecta el desarrollo cognitivo, emocional y físico de los chicos. Es un círculo vicioso muy difícil de romper”, señalaron los investigadores.

Por otra parte, se analizó el efecto de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y otros programas sociales. Se estima que entre 2022 y 2024, gracias a estos aportes, un 44 % de los menores que se encontraban en situación de inseguridad alimentaria logró mejorar su condición. Sin embargo, un 15 % continuó en la misma situación y otro 15 % vio agravarse su realidad, lo que indica que la asistencia actual no es suficiente para revertir completamente el problema.

Desde el Observatorio advirtieron que la situación podría empeorar si no se adoptan medidas urgentes orientadas a reforzar la protección social, mejorar los ingresos reales de las familias y garantizar el acceso efectivo a alimentos nutritivos, especialmente en los sectores más vulnerables. “Hambre en la infancia es una deuda inaceptable de la sociedad argentina”, concluyeron.