
Las motocicletas se consolidaron como uno de los principales protagonistas de la siniestralidad vial en Argentina. Durante 2025, el 47% de las personas fallecidas en siniestros de tránsito eran ocupantes de motocicletas o ciclomotores, según datos difundidos por Luchemos por la Vida.
La cifra evidencia un marcado crecimiento respecto de años anteriores. En 2012, los motociclistas representaban el 34% de las víctimas mortales en el país. Trece años después, esa proporción aumentó 13 puntos porcentuales y, en algunas provincias, alcanzó picos del 60%.
El fenómeno adquiere especial relevancia en un contexto en el que las motos también se convirtieron en una herramienta de trabajo para miles de personas. El crecimiento de los servicios de delivery mediante aplicaciones digitales generó una mayor presencia de motociclistas en las calles, especialmente entre trabajadores que encontraron en esta actividad una alternativa rápida frente al desempleo o los bajos ingresos.
Pero esa salida laboral también expone a los trabajadores a una actividad de alto riesgo.

Conductas que aumentan la exposición al peligro
Para profundizar en las causas detrás de estos siniestros, Luchemos por la Vida realizó observaciones sobre el comportamiento de motociclistas en la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires y entrevistó individualmente a varios de ellos, en su mayoría trabajadores de delivery.
El objetivo fue conocer cómo perciben los riesgos del tránsito, qué situaciones enfrentan habitualmente y cuáles son las motivaciones que influyen en sus decisiones al conducir.
Entre las conductas de riesgo observadas aparecen:
Circular sin casco.
Filtrarse entre vehículos.
Utilizar el celular durante la conducción.
No respetar la prioridad de los peatones.
No utilizar las luces de giro.
Mantener la velocidad en esquinas sin semáforo.
No detenerse ante un semáforo en rojo.
El estudio también encontró una aparente contradicción entre la percepción del peligro y las conductas adoptadas. El 90% de los motociclistas entrevistados consideró probable o muy probable sufrir un siniestro, pero la mayoría atribuyó la responsabilidad principalmente a los automovilistas.
A su vez, el 75% había sufrido dos o más siniestros de tránsito durante los dos años anteriores. Sin embargo, muchos de ellos consideraban esos episodios como hechos inevitables y no los relacionaban directamente con sus propias decisiones al conducir.

El problema de la percepción del riesgo
Para Luchemos por la Vida, uno de los puntos centrales que surgen del relevamiento es la baja percepción del riesgo.
Aunque los motociclistas reconocen que están expuestos a sufrir un siniestro, esa percepción no necesariamente se traduce en una conducción preventiva. La repetición de determinadas conductas peligrosas puede terminar naturalizando situaciones que aumentan considerablemente las posibilidades de sufrir lesiones graves o perder la vida.
En el caso de los trabajadores de delivery, además, la presión por cumplir tiempos, recorrer mayores distancias y mantenerse activos durante muchas horas puede incrementar todavía más la exposición al tránsito.
Ninguno había recibido capacitación en conducción segura
Uno de los datos más significativos del relevamiento es que el 100% de los motociclistas entrevistados no había realizado cursos de conducción segura.
La ausencia de capacitación aparece así como otro de los puntos sobre los que se debería trabajar para reducir la siniestralidad.

Desde la organización consideran necesario fortalecer las acciones de concientización y ofrecer formación específica que permita a los motociclistas reconocer situaciones potencialmente peligrosas antes de que se produzcan.
No se trata únicamente de conocer las normas de tránsito, sino también de desarrollar herramientas para detectar anticipadamente riesgos, tomar decisiones rápidas y adoptar maniobras que permitan evitar un siniestro.
Una problemática que crece junto con el uso de la moto
El salto del 34% al 47% en la participación de motociclistas entre las víctimas viales en poco más de una década refleja una transformación en la movilidad urbana y laboral.
La moto ofrece rapidez, bajo costo de traslado y una posibilidad de generar ingresos, pero también deja a sus usuarios mucho más expuestos frente a un impacto. A diferencia de quienes circulan dentro de un automóvil, los motociclistas cuentan con una protección física considerablemente menor ante una colisión.
El desafío, por lo tanto, no pasa solamente por responsabilizar a quienes conducen una moto, sino por mejorar las condiciones de circulación, fortalecer los controles, capacitar a los trabajadores y promover una convivencia más segura entre todos los usuarios de la vía pública.
Los datos de 2025 vuelven a poner el foco sobre una problemática que crece año tras año: casi una de cada dos personas que mueren en siniestros viales en Argentina circula en moto. Detrás de cada porcentaje hay vidas truncadas y familias afectadas, pero también una señal concreta de que la prevención y la capacitación continúan siendo materias pendientes.
RUP
