El padre Marcos Szyszkowski, párroco de Santo Pipó, dialogó con Radio Up y ofreció una profunda reflexión durante la ceremonia religiosa realizada en el marco del 25 de Mayo. Su invocación fue más allá del recuerdo histórico y se transformó en un fuerte llamado a la conciencia social y al respeto por la dignidad humana, en medio de un contexto provincial y nacional cada vez más tenso.
Una oración con los pies en la tierra
Durante su intervención, el sacerdote habló desde la realidad palpable: “Es una preocupación genuina que nace desde el sentido de ser ciudadano”, expresó, al referirse a la exclusión de sectores como médicos y policías del derecho al voto en las elecciones de junio. “Todos los laburantes estamos de alguna manera sufriendo esta realidad”, afirmó, y agregó que esta situación no es una percepción sino algo “constatable”.
Szyszkowski fue claro al señalar el abandono de las instituciones públicas: “Basta ir a las escuelas, los hospitales. Los docentes tienen que hacer actividades, locros, empanadas, rifas para sostenerla, para cambiar una ventana, arreglar una puerta”. La escuela, según su mirada, se ha convertido en “caja de resonancia de todas las carencias sociales”.
El párroco se mostró sorprendido por la repercusión de sus palabras: “Nunca pensé que iba a tener trascendencia lo del acto del domingo, porque fue una invocación religiosa, una oración a partir de la realidad”. Sin embargo, reconoció que es un momento oportuno “para que miremos la historia no solamente como una fecha”, sino como “una llamada permanente a la libertad y a la justicia”.
Y fue contundente en su definición: “Nuestra tierra necesita pan, verdad, compasión… y cuidar la dignidad humana”.
Una invocación frente a la opresión del pueblo misionero
En un tramo particularmente sensible, el sacerdote se refirió a la violencia y el desprecio que atraviesa al discurso público y sus efectos en la población: “El nivel de violencia, de desacreditación, de difamación… parece que todo está permitido. Si el otro no piensa como yo, es un enemigo”.
Szyszkowski apuntó a la responsabilidad de quienes tienen poder: “No es lo mismo que lo diga un ciudadano de a pie a que lo diga el presidente. La asimetría del poder es enorme”. Aludiendo al ejemplo del arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, sostuvo que “convertir al otro en enemigo es el problema”, y enfatizó: “Si yo al otro lo veo como hermano, como compañero de camino, la cosa cambia”.
De cara a las Elecciones Legislativas 2025, pidió un cambio de actitud en los dirigentes y en la sociedad en su conjunto: “Es momento clave para sentarnos a hablar. Pero para eso hay que estar dispuesto a escuchar”.
Recalcó que el diálogo no implica coincidencia total: “El otro puede decirme algo que no me gusta, pero justamente ahí está el valor del diálogo y de la escucha”. Y concluyó con un mensaje esperanzador: “Se trata de defender la dignidad, de mantener la esperanza, de volver a creer en las instituciones y en las personas. No es el poder por el poder solo”.
Fuente: Radio Up-
