Las economías regionales exportaron US$ 5757 millones hasta julio y alcanzaron el máximo nivel en 22 años, según el INDEC

Fresh fish are displayed prior to the daily auction in the Auction Hall of Grimsby Fish Market in Grimsby, northern England, on July 10, 2023. Grimsby Fish Market holds a daily fish auction which is recognised as one of the most important fish markets in Europe. The majority of fresh fish at the market originates from Iceland and Norway, but it also handles catches from Faroe, Scotland, Ireland as well as from local vessels. (Photo by Oli SCARFF / AFP) / TO GO WITH AFP STORY BY VERONIQUE DUPONT - TO GO WITH AFP STORY BY Veronique DUPONT

Un total de US$ 5.757 millones marcaron entre enero y julio de 2026 el mayor valor de exportación en 22 años para las economías regionales. El crecimiento estuvo impulsado por la pesca, las legumbres y la apicultura, aunque el resultado general contrasta con la crisis que atraviesan cadenas como la yerba mate, la forestación y la mandioca.

El resultado macroeconómico difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) —y procesado por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP)— determinó que entre enero y julio de 2026 las exportaciones de las economías regionales generaron US$ 5757 millones. La marca superó el techo histórico previo para el mismo período, registrado en 2013 con US$ 5414 millones, lo que significó un incremento interanual del 12% en la facturación y el ingreso de más de US$ 615 millones adicionales respecto a los mismos meses del ciclo anterior.

En el plano volumétrico, el «interior» despachó un total de 4.377.259 toneladas a los mercados externos, una suba del 6,5%. La diferencia de ritmo entre la facturación y el volumen exportado obedece a una mejora promedio del 5,2% en los precios internacionales captados por las economías regionales, ubicándose en US$ 1315 por tonelada. Este valor cotiza casi al triple respecto de los granos y productos primarios tradicionales, exponiendo el mayor nivel de procesamiento y agregación de valor que poseen las cadenas de las provincias.

Al indagar en el detalle de la canasta exportadora, el mapa revela una fuerte desigualdad interna. Los motores del resultado general estuvieron concentrados en un puñado de sectores: el complejo de acuicultura y pesca encabezó la nómina con ventas por US$ 1379,5 millones; seguido por las hortalizas pesadas con US$ 385,8 millones; las legumbres con US$ 285,9 millones; y la apicultura con US$ 202,6 millones. La demanda exterior continuó apalancada por tres compradores principales: Brasil, Estados Unidos y China.

A contramano de estos indicadores de vanguardia, otras economías tradicionales mostraron señales severas de declive o estancamiento. Cadenas como las frutas de carozo, el vino, los cítricos dulces y el olivo no lograron subirse a la ola expansiva e interrumpieron despachos por reducciones en el volumen físico, presiones de costos internos y contracción de la demanda en ciertos mercados secundarios. Este rezago expone que el crecimiento no responde a una reactivación coordinada de todo el entramado productivo, sino a la tracción diferencial de rubros puntuales con coyunturas externas excepcionales.

En el plano del análisis económico y político, los datos globales resultan frecuentemente contradictorios y se prestan a lecturas sesgadas según los intereses del interlocutor. Desde las esferas del Gobierno Nacional se toma el récord de US$ 5757 millones como la prueba contundente del éxito macroeconómico, la competitividad recobrada y la aperture de mercados.

En la vereda opuesta, las cámaras empresariales de las zonas rezagadas advierten que las cifras totales actúan como una cortina de humo que invisibiliza las pérdidas reales de empleo, los problemas cambiarios y la asfixia logística que padecen las economías no beneficiadas por el boom de los precios continentales. En el terreno de la estadística oficial, los números son exactos, pero la interpretación final suele ser una herramienta táctica moldeada a conveniencia de quien la pregone.