Las lluvias duplicaron los valores habituales de octubre y advierten por la pérdida de suelo fértil en Misiones

Las intensas precipitaciones de las últimas semanas comenzaron a dejar consecuencias que van más allá de las crecidas de arroyos, los caminos cortados y los daños materiales registrados en Misiones. La acumulación extraordinaria de agua está provocando la saturación de los suelos y aumentando los procesos de erosión hídrica, con pérdida de nutrientes y posibles efectos sobre la producción agrícola.

Así lo advirtió el subsecretario de Ordenamiento Territorial del Ministerio de Ecología de Misiones, Lucas Russo, en la que analizó el impacto ambiental de las tormentas que afectaron a distintos puntos de la provincia.

El funcionario explicó que los registros de octubre ya superaron ampliamente los valores habituales para esta época del año, especialmente en el norte misionero, donde algunas localidades acumularon alrededor de 550 milímetros.

“Generalmente, el promedio del mes estaba entre 212 y 250 milímetros, y unos 270 más al norte. Ya tenemos, por ejemplo, en la zona norte, 550 milímetros acumulados en lo que va del mes. Superamos la media prácticamente al doble”, precisó.

Esta situación genera dificultades para la absorción del agua, debido a que los terrenos alcanzan su capacidad máxima de almacenamiento. A partir de ese momento, el excedente comienza a desplazarse por la superficie hacia cunetas, caminos y cursos naturales.

“Toda esta agua que cayó sobre el territorio, la tierra la absorbe en su momento y después ya no tiene adónde llevarla. Entonces empiezan estos escurrimientos”, explicó Russo, al relacionar ese proceso con los anegamientos registrados tanto en zonas rurales como urbanas.

La erosión se lleva la capa más fértil de la tierra colorada

Uno de los principales riesgos identificados por el especialista es la erosión hídrica, que se produce cuando el agua de lluvia desprende y transporta partículas del terreno.

Russo señaló que este fenómeno puede presentarse bajo dos condiciones: cuando una tormenta intensa descarga grandes cantidades de agua en poco tiempo y cuando las precipitaciones continuadas terminan saturando la superficie.

En el primer caso, el terreno no alcanza a absorber el volumen recibido. En el segundo, aunque inicialmente exista infiltración, llega un momento en que ya no puede incorporar más humedad.

El problema se agrava en las chacras y superficies que carecen de cobertura vegetal, debido a que quedan expuestas directamente a la fuerza de las precipitaciones.

“El agua empieza a llevarse lo que hay por delante, que realmente es el suelo, sobre todo cuando está desnudo, cuando está descubierto de su cobertura verde, de pastura o de bosque”, detalló.

El subsecretario explicó que el material arrastrado corresponde principalmente a las capas superficiales, donde se concentra una parte importante de los nutrientes necesarios para el desarrollo de los cultivos.

Ese desplazamiento también permite comprender por qué numerosos arroyos adquieren una coloración rojiza durante los episodios de lluvia intensa.

“Empieza a llevarse, en nuestro caso, la tierra colorada, el suelo. Se va por los caminos, por las cunetas, hacia los arroyos. Por eso vemos a veces arroyos muy rojos”, describió.

La pérdida de esa capa fértil puede reducir la capacidad productiva de los terrenos afectados y exigir posteriores tareas de recuperación.

“Lo primero que se lleva es la parte de cobertura, la tierra colorada, la más rica, con todos los nutrientes que tiene para el sector productivo”, remarcó.

Recuperar naturalmente el suelo puede llevar cientos de años

Consultado sobre el tiempo necesario para revertir los daños, Russo advirtió que la regeneración natural de la tierra es un proceso extremadamente lento, especialmente cuando la erosión elimina una parte importante de la capa superficial.

“De forma natural a veces tarda mucho más. En realidad, crear suelo, generar nuevamente esa capa de tierra colorada, lleva cientos de años”, explicó.

Sin embargo, aclaró que existen prácticas de manejo que pueden contribuir a recuperar las condiciones productivas y evitar que el deterioro continúe.

Entre ellas mencionó el mantenimiento de la cobertura vegetal, la incorporación de plantaciones y otras intervenciones destinadas a conservar la estructura y los nutrientes del terreno.

El funcionario también señaló que los efectos de las precipitaciones excesivas pueden permanecer después de que mejoren las condiciones meteorológicas.

“Así como la sequía deja sus secuelas, toda esta cantidad de agua también vuelve a dejar las suyas. Hay que volver a acostumbrarse a cómo ir trabajando el suelo y mejorándolo”, sostuvo.

El monte nativo cumple una función clave para evitar deslizamientos

Russo destacó la importancia de conservar la vegetación natural, especialmente en las pendientes y en los márgenes de los cursos de agua, donde el escurrimiento puede adquirir mayor velocidad.

Explicó que las raíces de árboles, pasturas y otras especies contribuyen a mantener unidas las partículas del terreno, reduciendo las posibilidades de que sean desprendidas y transportadas por las corrientes.

“Esta cobertura boscosa hace que el suelo quede atrapado y sujeto a través de las raíces. Su importancia es justamente donde hay más pendientes, donde el agua pasa con más fuerza”, indicó.

Aunque aclaró que las características del relieve misionero no son comparables con las de regiones montañosas donde se producen grandes aludes, reconoció que pueden registrarse deslizamientos localizados.

Como ejemplo mencionó los taludes ubicados a los costados de las rutas, donde los movimientos de tierra realizados para construir caminos dejan sectores expuestos a la erosión.

El arrastre de sedimentos también puede transportar ramas, troncos y otros materiales desprendidos durante las tormentas, que terminan acumulándose en alcantarillas y puentes.

Esta combinación de factores agrava las consecuencias de las crecidas y puede provocar obstrucciones en los sistemas de drenaje.

Qué pueden hacer los productores para reducir los daños

Ante la posibilidad de que continúen los episodios de precipitaciones abundantes durante los próximos meses, el subsecretario recomendó adoptar medidas preventivas tanto en establecimientos agrícolas como en viviendas rurales.

Una de las principales acciones consiste en mantener despejados los drenajes, canaletas y alcantarillas para facilitar la circulación del excedente de agua.

“Siempre hay alguna estrategia. Tratar de limpiar bien los drenajes, las canaletas, encauzar y ayudar al agua a salir por donde tiene que salir de la mejor manera”, aconsejó.

También señaló que resulta importante evitar la formación de zanjas que puedan profundizarse con nuevas lluvias, así como retirar materiales capaces de obstruir conductos y desagües.

En el ámbito productivo, mencionó técnicas de cultivo sobre pequeñas elevaciones del terreno, que permiten mejorar el escurrimiento alrededor de las plantas y disminuir los efectos del exceso de humedad.

Estas prácticas, acompañadas por el mantenimiento de la cobertura vegetal, pueden ayudar a conservar las condiciones del suelo y reducir futuras pérdidas.

Asistencia técnica y evaluación de las chacras afectadas

Russo indicó que distintos organismos provinciales y técnicos vinculados con la producción trabajan en el acompañamiento de los agricultores que sufrieron consecuencias por las tormentas.

En ese marco, destacó la intervención del Ministerio del Agro y la articulación con municipios que comenzaron a transmitir los pedidos de asistencia recibidos de las colonias.

Según explicó, los equipos técnicos pueden colaborar en la evaluación de los daños, la definición de estrategias de recuperación y la orientación sobre los mecanismos disponibles para solicitar ayuda.

Entre las situaciones que requieren atención mencionó los invernaderos dañados, los cultivos de tabaco afectados y otras pérdidas ocasionadas por las precipitaciones y el granizo.

El funcionario insistió en que la recuperación no dependerá únicamente del mejoramiento del tiempo, sino también de las condiciones en que hayan quedado los terrenos después del escurrimiento.

PE