Hay una cuenta que se repite todos los meses en muchas empresas de Misiones y en especial en las del Alto Paraná: cuánto cuesta sacar un contenedor desde Eldorado hasta un puerto oceánico, comparado con lo que le cuesta a un competidor brasileño o paraguayo hacer lo mismo. Durante décadas, esa cuenta dio siempre el mismo resultado: producir y exportar desde Misiones cuesta más. Y cuando producir cuesta más, se pierden oportunidades.
Por eso, la reforma de la Ley de Cabotaje que se discute puede ser una de las decisiones más importantes en mucho tiempo para nuestra provincia. No se trata solamente de barcos, banderas o regulaciones. Se trata de algo mucho más profundo: qué oportunidades tiene Misiones para crecer, producir y generar trabajo de calidad para su gente.
Misiones tiene una enorme capacidad productiva. Tiene tierras, industria, recursos naturales, conocimiento, empresarios que invierten y miles de trabajadores que todos los días sostienen la economía provincial. También tiene algo que muchas veces se olvida: una ubicación estratégica sobre el río Paraná. Lo que faltan son las condiciones para aprovechar todo ese potencial.
Hoy, un contenedor despachado desde Eldorado hasta un buque oceánico cuesta unos USD 3.600. Con una operatoria fluvial competitiva, ese costo podría bajar a unos USD 2.500. Son USD 1.100 menos por contenedor. Pero más allá del número, lo importante es lo que ese ahorro puede generar detrás: más producción, más inversión y, sobre todo, más trabajo para los misioneros.
Porque cuando una empresa puede ser competitiva, puede vender más. Cuando vende más, puede producir más. Y cuando produce más, necesita incorporar trabajadores, proveedores y servicios.
Ese es el verdadero debate.
La reforma permite aprovechar la flota que ya existe en el litoral y habilita buques de banderas regionales, generando más alternativas para transportar nuestra producción. También puede ayudar a descongestionar las rutas 12 y 14: un convoy de barcazas puede reemplazar hasta 1.600 camiones pesados y tiene un consumo energético entre tres y cinco veces más eficiente.
Pero el punto central no es solamente cuánto cuesta transportar una tonelada de madera, yerba o cualquier otro producto misionero. El punto es cuánto potencial productivo queda sin desarrollar cuando una provincia no puede mover su producción de manera competitiva.
Y ese potencial se traduce en oportunidades concretas para los misioneros: en una fábrica que puede ampliar su capacidad, en un productor que puede plantar más, en una pyme que puede convertirse en proveedora de una industria, en un joven que puede encontrar un trabajo sin tener que irse de su provincia.
No es casualidad que esta discusión llegue después de que la Legislatura provincial modificara el artículo 7 sobre el uso del glifosato. Son señales de una misma dirección: una política que empieza a escuchar más a quienes producen y entiende que la competitividad no se declama; se construye con decisiones concretas.
Los productores de Misiones no necesitan que les regalen nada. Necesitan que les saquen obstáculos. En nuestra provincia tenemos producción. Tenemos industria. Tenemos trabajadores calificados. Tenemos empresarios que quieren invertir y crecer. Y tenemos el Paraná.
El potencial es enorme si se libera la fuerza productiva misionera.
La discusión sobre el cabotaje es, en definitiva, una discusión sobre qué provincia queremos construir: una provincia que simplemente produce lo que puede, o una que tenga las condiciones para desarrollar todo su potencial.
Misiones tiene el río, tiene la producción y tiene a su gente. Ahora necesita la logística para convertir ese potencial en más inversión, más producción y, sobre todo, más trabajo para los misioneros.
