Un mes pasó ya desde aquel día en que el mburuvicha de Tekoa Tataendy, Néstor Benítez, vio arder su casa tras un incendio intencional provocado por una vecina que reclama territorio sin ninguna documentación que la avale.
Desde entonces todo fue en picada: la policía no tardó en tomar partido y no fue justamente del lado Mbya. Pese a haber sido violentados y perdido su casa, su ropa y documentos, fueron tratados como delincuentes y amenazados.
Los días que siguieron no fueron mejores. El hostigamiento continuó con amenazas y acciones concretas, como cortarles el árbol al que habían atado un alambre para colgar su ropa y dejarla caer al agua y tirar herbicida en la vertiente de donde se abastecían de agua y taparla, entre otras cosas.
Desde entonces, la Comunidad viene realizando denuncias policiales, que no solamente fueron en vano sino que sirvieron para ser revictimizados y violentados por los mismos policías que debían protegerlos. Se presentó entonces una denuncia por violencia institucional, dirigida al Ministro de Gobierno, Marcelo Pérez, pero tampoco dio resultado.
Como si todo esto no bastara, días después, en plena Semana de los Pueblos Indígenas, salieron a la luz los discriminatorios dichos de dos concejales de Colonia Delicia, quienes aseguraron que las Comunidades Mbya resultan un atraso para el municipio, además de catalogarlos como usurpadores y otros insultos que ya no vale la pena recordar.
Por aquel hecho se presentó una denuncia al Concejo Deliberante de dicha localidad, pero como todo lo demás quedó archivado y en el olvido, y al Comité de disciplina del Frente Renovador.
Todos estos hechos nefastos ocurrieron en el transcurso de unos pocos días y, aunque en su momento causaron conmoción, ya parecen haber quedado en el olvido. Fueron olvidados por los políticos, los medios, los organismos del Estado que deben garantizar derechos constitucionales; fueron olvidados por todos.
Una vez más, se pretende invisibilizar a los Pueblos Indígenas debajo de la alfombra, como si no existieran, como si hacer ojos ciegos y oídos sordos los hiciera desaparecer.
Pero están ahí, existen, resisten, se niegan a ser olvido.
Fuente: Equipo Misiones de Pastoral Aborigen
