Más radares, más multas, más controles… y más muertes

En Misiones se multiplican los radares y los controles. Hay retenes en lugares complejos, drones sobrevolando rutas, y carteles que anuncian un control. Pero las cifras no acompañan: cada vez hay más dispositivos y más muertes.

El dato no es opinable: entre enero y agosto de este año, 142 personas perdieron la vida en siniestros viales en la provincia, un aumento del 60 % respecto al año pasado, según datos oficiales. En los últimos días, tragedias como la de Campo Viera, en plena jornada electoral, murieron nueve personas en un solo hecho donde el alcohol y la imprudencia volvieron a exponer, la falta de criterios al tomar un volante y la fragilidad de nuestro sistema vial.

La paradoja misionera es dolorosa. Mientras la infraestructura de control crece, la conciencia vial parece ir en retroceso. Más fiscalización no necesariamente significa más prevención. El radar mide, la cámara sanciona, el control detiene… pero nada de eso educa.

Detrás de cada multa hay una historia de desatención o de falta de alternativas. En muchos pueblos del interior, los caminos están rotos, sin banquinas, sin señalización y con un tránsito mixto entre camiones, autos y motos que circulan sin casco. En esas condiciones, el radar es apenas un testigo electrónico del caos.

El Estado provincial avanza con la instalación de 13 nuevos radares fijos sobre las Rutas Nacionales 12, 14 y algunas Provinciales como la 101. Son equipos homologados y necesarios. Pero el problema real está en otra parte: no hay una política integral de movilidad segura, ni educación vial sostenida, ni inversión suficiente en rutas que ya no soportan el volumen de tránsito que tienen. Eso sin hablar de «medidas recaudatorias» más que de prevención.

En los partes policiales de cada semana se repite la misma escena: motociclistas jóvenes, familias completas, trabajadores rurales, peatones en caminos. Son las víctimas visibles de un sistema que prioriza la sanción sobre la prevención. Y también, de una sociedad que aprendió a convivir con la tragedia.

Las multas generan recaudación, pero no reemplazan la presencia del Estado donde realmente se lo necesita: en la escuela, en el barrio, en el pavimento y en la señalización. La tecnología puede ser una aliada, pero no un sustituto de la política pública.

Misiones no necesita más radares: necesita menos velocidad y más responsabilidad. Necesita rutas seguras, controles coherentes, y sobre todo, un cambio cultural que deje de medir la seguridad vial en términos de cifras y empiece a hacerlo en vidas.

Porque mientras discutimos si el radar debe o no debe estar, van casi una decena de muertes en menos de una semana. Y eso, más que una estadística, debería ser una alarma.

Daniel Orlof