Nicolás Varrone descansaba en su casa una tarde cualquiera. “Estaba tirado mirando una serie con mi novia y de golpe me sonó el teléfono”, recuerda. No era una notificación más: el mensaje en la pantalla le confirmaba que en 2026 iba a correr toda la temporada en la Fórmula 2, el último escalón antes del cielo del automovilismo, la F1.
Fueron largas negociaciones después de que, a fines de 2024, el de Ingeniero Maschwitz haya sorprendido con el 2° mejor tiempo en un test de postemporada en Abu Dhabi, al que se metió ‘por la ventana’. La historia se completó con dos pruebas más en Aragón, España, durante mayo, la última con el equipo neerlandés Van Amersfoort Racing, su nueva casa, que supo tener a un tal Max Verstappen bajo el mismo techo.
Les contó la noticia de a poco, en cenas o encuentros, a los más cercanos -casi como si se tratase de un embarazo o un casamiento-. “Fue muy emotivo”, le dice a TyC Sports. Casi nadie la veía venir: los pilotos que llegan a la F2 generalmente son más jóvenes y él tiene 24 años. El sueño de seguir camino a la F1 parecía haber quedado allá lejos. Parecía…
Él sí lo esperaba. El brillante inicio en el karting y su prometedor camino en autos de fórmula cuando logró dar el salto a Europa en 2018 se había truncado por la pandemia. Y cuando parecía que su carrera internacional se derrumbaba, después de muchísimo sacrificio en un panorama económico adverso, golpeó puertas hasta que apareció una oportunidad para reinventarse en las carreras de resistencia, un mundo muy distinto.
La aprovechó con creces. No imaginaba que así iba a ganar dos veces las míticas 24 horas de Le Mans, tampoco las de Daytona, ni a ser campeón mundial en el WEC, que hoy lo tiene en su categoría más potente -los HyperCar-, ni que iba a ser piloto oficial de General Motors para Cadillac. Pero, si bien había alcanzado un lugar de privilegio, anhelado incluso por muchos de sus nuevos rivales en pista, no se conformó.
Que la escudería estadounidense pudiera desembarcar en la F1 desde 2026 reactivó el sueño. Primero fue un deseo, después un posteo, luego las pruebas… Y de ahí hasta la firma. “Desde julio veía que esto podía llegar a pasar, y quería estar preparado”, cuenta. Por eso empezó a entrenarse distinto, a ganar músculo para lo que le va a demandar el nuevo auto, donde su mayor preocupación -dice- pasará por gestionar un desgaste de neumático “muy bruto”.
Sabe Varrone que en la Fórmula 2, donde también estará el estadounidense Colton Herta, llegado desde la IndyCar de la mano de Cadillac y con proyección de F1, tendrá una chance única. Lo define como su “última bala”, por edad y recursos económicos. Y explica: “No voy a tener dos años para adaptarme, por eso tengo que llegar y hacer lo mejor posible desde un principio para seguir en carpeta y pegar el salto”.
