Apóstoles. La Asociación “Trabajo, alegría y saber” fue blanco del octavo robo del año. En esta ocasión, los delincuentes violentaron las rejas y las ventanas de la sede ubicada sobre calle Padre Ludovico Widera del barrio Juan Pablo II, de Apóstoles.
Avelina Esther Dalcolmo, quien está al frente de la institución solidaria, se mostró indignada por la situación e indicó que “es la octava vez que entran a la Asociación. Destrozaron las rejas, literalmente las arrancaron, rompieron los vidrios de las ventanas, para robar justo en el espacio de los alimentos. Es un golpe tan duro, tan fuerte, que solo Dios puede hacer que una lo pueda superar, por la cantidad de horas dedicadas por las voluntarias para esta tarea, por el esfuerzo realizado por nosotros y por quienes realizan las donaciones”.
La mujer agregó que “es un daño muy grande el que nos hacen. Se llevaron, por ejemplo, todas las cajas de golosinas (de chupetines, budines) que debían ser destinadas a los alumnos de las escuelitas rurales que apadrinamos. El propósito era acercarles para que pudieran festejar el Día del Niño, también para hacer felices a los chicos de la ciudad. Se llevaron todo lo que pudieron llevarse”.
“Estamos tratando de superar. Es una caída, pero tenemos que seguir en este trabajo silencioso, que es dar sin pedir nada a cambio”, manifestó, al tiempo que destacó la colaboración desinteresada “de gente buena, gente hermosa, que nos está ayudando a solucionar los problemas. Hay quienes ya donaron los vidrios, hay quienes se ofrecieron para colocarlos y el señor que hizo los arreglos, no quiso cobrar por su trabajo”.
Dalcolmo comenzó el voluntariado hace unos 40 años, cuando se desempeñaba como docente en la Escuela 298 del paraje La Cachuera, siempre con la ayuda de manos anónimas que posibilitaban llegar con ropas, insumos y mercaderías a los que menos tienen.
Desde hace unos veinte años, su tarea la vinculó con el matrimonio conformado por Marta Chijanoski y Ramón Hreñuk, que la impulsaron a crear la Asociación Civil “Trabajo, Alegría y Saber”, una vez que se acogió a los beneficios de la jubilación. Lo primero que hicieron fue buscar un espacio para desarrollar las actividades, que eran numerosas, y alquilaron un galpón de importantes dimensiones. Luego, se construyó un tinglado para el funcionamiento de la cocina y el comedor, que estaba a cargo de mujeres a las que Dalcolmo llama “mis ángeles”.
En el predio también se llevaban a cabo los talleres para la confección de ropa, se brindaba apoyo escolar y se disponía de una biblioteca muy completa. Hace diez años, manos anónimas saquearon las instalaciones y las prendieron fuego. La destrucción de semejante obra, dejó en shock a las voluntarias, principalmente a Avelina, que debió redoblar esfuerzos para que la asistencia no decaiga. A pesar del mal momento, buscaron otro espacio y siguieron mitigando las necesidades.
“Nos siguen llegando las ayudas y donaciones (alimentos, abrigos, calzado, ropa para bebés, niños, adultos, abuelos). En estos momentos de tanta pobreza y abandono, tenemos muchísimo trabajo”, aseguró.
