Pozo Azul. Integrantes de la comunidad Mbyá Tekoa Arandú de Pozo Azul llevan adelante gestiones con el objetivo de que funcione en el lugar donde viven una escuela de nivel secundario, sumamente necesaria para que más de veinte adolescentes que hoy están sin estudiar puedan continuar su trayecto de formación. Mediante aporte voluntario reciben clases de apoyo.
El pedido lo vienen realizando de manera conjunta las autoridades de la comunidad y las familias, que han expuesto la necesidad de contar con una escuela secundaria dentro de la comunidad, porque hay muchas familias que por distintas razones no pueden enviar a sus hijos a estudiar a otro establecimiento de nivel medio, aunque este esté a unos seis kilómetros.
El pedido tomó relevancia durante el ciclo lectivo pasado, con el propósito de que los alumnos que finalizaron la primaria pudieran continuar cursando el nivel medio en la comunidad, en una escuela adaptada a su cultura, tal como la escuela primaria con la que ya cuentan.
Más de veinte jóvenes fuera de la escuela
«El año pasado iniciamos los pedidos con la esperanza de que para este año los alumnos que culminaron el séptimo grado pudieran continuar en el aula satélite secundaria. Había una enorme expectativa: ofrecimos instalaciones y los padres pusieron a disposición el agua y demás para dejar en condiciones el espacio, solo que no hubo respuestas», indicó José Fernández, padre de una nena abanderada, docente de la escuela primaria y presidente de la Organización de Docentes Indígenas de Misiones.
La falta de soluciones por parte de las autoridades competentes significó frustración para estos chicos. Sólo algunas familias pudieron matricularlos en escuelas de algunas de las colonias o en la zona urbana, pero la gran mayoría no se encuentra cursando.
«Ahora tenemos más de veinte chicos de entre 12 y 14 años que no están en la escuela», dijo Fernández, y agregó: «Por más que haya un colectivo gratuito, existen razones por las cuales estas familias no envían a sus hijos a la escuela, por lo que es necesario tener una escuela dentro de la comunidad».
Además de la puesta a disposición de espacios, la comunidad cuenta con profesionales propios: profesores guaraníes que, viendo el entusiasmo de los alumnos, los acompañan junto a otros docentes con clases de apoyo y otras actividades.
También plantearon que las escuelas cercanas no ofrecen un sistema de modalidad intercultural bilingüe, que dependería del BOP 117 de Iguazú. «Por eso pedimos que este aula satélite sea de modalidad intercultural, donde se respete el contenido académico de acuerdo a nuestra cultura», remarcó José.
Una zapatilla, una abuela y el derecho a estudiar
En la comunidad cuentan con un profesor de lengua, uno de historia, uno de ética y un preceptor, que inspiran a los demás jóvenes y ponen en evidencia la necesidad de formarse. «Nuestros profesionales -un profesor de educación física, uno de matemática- están comprometidos y disponibles para dar clases a nuestros alumnos dentro de la comunidad», afirmó, descartando así la falta de docentes como obstáculo.
«Creemos que la comunidad está capacitada. Ya realizamos actividades y nos organizamos para sostener a estos chicos. Los acompañamos todo el tiempo para que no pierdan la escuela y el día de mañana puedan formarse y ser profesionales», enfatizó.
Para la comunidad es de suma importancia que la escuela secundaria funcione dentro del espacio porque la situación económica es muy difícil. Hay alumnos que solamente cuentan con un par de zapatillas, por ejemplo. Al ir todos los días en colectivo y volver con el tiempo inestable, el calzado se moja y no tienen la posibilidad de reemplazarlo. Esa situación lleva a que el aprendizaje no se dé de manera continua y el alumno tenga que faltar.
«Acá en la comunidad los chicos van a ir con lo que pueden, con tal de no faltar, y nosotros los guiamos. Tratamos de igualar y no hay diferencia entre compañeros», insistió José.
También expuso que muchos de esos alumnos son huérfanos que viven solo con su abuela o solo con su mamá. «Hay varias situaciones que tornan imposible que las familias puedan solventar todo lo que requiere estudiar en otra institución. Por eso queremos que las autoridades puedan entender esta realidad y que estos estudiantes tengan el derecho a acceder a la educación de acuerdo a sus necesidades», concluyó.
