Ante la reiteración de robos y faenas clandestinas de ganado, productores de Eldorado avanzan con la instalación de cámaras de seguridad para detectar movimientos sospechosos e identificar a los responsables. Advierten sobre pérdidas millonarias y un modus operandi que se repite: los cuatreros estudian los movimientos de los establecimientos, buscan los sectores más alejados, actúan durante la noche y, en algunos casos, hasta cortan las orejas de los animales para eliminar los chips de identificación y dificultar su rastreo.
La preocupación por los casos de abigeato llevó a productores ganaderos de Eldorado a reforzar las medidas de prevención y avanzar en la instalación de cámaras de seguridad en distintos puntos estratégicos. La incorporación de estos dispositivos ya registra un importante avance y busca mejorar la vigilancia de campos que, por sus grandes extensiones, resultan prácticamente imposibles de controlar de manera permanente.
La expectativa es que las cámaras permitan detectar movimientos de personas y vehículos, reconstruir recorridos y, fundamentalmente, obtener imágenes que puedan servir como prueba para las investigaciones.
La decisión surge ante una problemática de larga data que, según los productores, ocasiona pérdidas millonarias y presenta un patrón que se repite.
“Siempre es el mismo modus operandi”, relató uno de los ganaderos afectados a Misiones Online. Según explicó, los cuatreros buscan generalmente los sectores más alejados de los establecimientos, conocen los movimientos de los productores y aprovechan los momentos en los que no hay vigilancia.
Con frecuencia atacan vacas con cría. En varios episodios se escucharon disparos durante la noche y, según describieron los productores, los animales son abatidos con armas de fuego y posteriormente faenados en el mismo lugar.
Los autores se llevan principalmente la carne y dejan el cuero, la cabeza y las vísceras. Para retirarla utilizarían diferentes medios de transporte, desde motocicletas y automóviles hasta camionetas.
Cortan las orejas para eliminar los chips

Uno de los aspectos que más preocupa es el conocimiento que muestran quienes cometen estos delitos sobre los sistemas tecnológicos utilizados para identificar el ganado.
Los animales cuentan con chips de identificación y rastreo y, en algunos de los últimos hechos, los productores encontraron las orejas cortadas y abandonadas en el campo. Según explicaron, la maniobra tendría como finalidad retirar el chip y dificultar posteriormente la identificación y trazabilidad del animal.
La extensión de los establecimientos juega a favor de quienes cometen estos delitos. Los productores realizan guardias y destacan las recorridas de la Policía Rural, pero reconocen que resulta imposible controlar todos los rodeos simultáneamente.
“Te miden, conocen tus movimientos. Los campos son grandes y es imposible estar en todos los rodeos al mismo tiempo”, graficó uno de los afectados.
Precisamente por esta dificultad, la instalación de cámaras de seguridad se convirtió en una de las principales herramientas que están incorporando los productores. Ya existe un importante avance en la colocación de equipos en lugares estratégicos, con el objetivo de complementar las recorridas y la vigilancia presencial.
Las cámaras permitirían registrar personas, motocicletas, automóviles o camionetas que circulen por zonas rurales en horarios o circunstancias sospechosas y aportar información a las investigaciones.

El ADN y el destino de la carne
La preocupación también se concentra en lo que sucede después de la faena. Los productores sostienen que para combatir efectivamente el abigeato es necesario investigar toda la cadena y determinar dónde termina la carne robada.
Según testimonios recogidos en la zona, existirían ofrecimientos informales de carne en algunos barrios, incluso con referencias de valores cercanos a los 10.000 pesos por kilo, aunque este dato debe ser corroborado en cada investigación.
En este punto, el análisis de ADN aparece como otra herramienta de importancia. Uno de los productores recordó un caso en el que, durante un allanamiento, se encontró carne almacenada en un freezer y el posterior cotejo genético habría permitido relacionarla con un animal que había sido faenado ilegalmente en un establecimiento rural.
Por ese motivo, explicó, existe la recomendación de conservar congelada una muestra de carne cuando se encuentra un animal faenado. Si posteriormente aparece carne sospechosa durante un procedimiento policial, ambas muestras pueden cotejarse mediante ADN para intentar establecer su procedencia.
El tiempo, sin embargo, juega en contra. Los productores señalan que la carne puede distribuirse y comercializarse rápidamente después de cada faena.
El perjuicio económico tampoco se limita al valor de lo sustraído. Cada animal representa años de inversión en genética, alimentación, sanidad e infraestructura. Cuando se trata de vacas con cría, el daño puede multiplicarse por los terneros que quedan sin su madre o que también pueden ser sustraídos.
Frente a este escenario, los ganaderos consideran que el combate contra el abigeato requiere actuar sobre toda la cadena: prevenir el ingreso a los campos, identificar a quienes realizan las faenas, controlar los vehículos utilizados para retirar la carne y avanzar sobre los lugares donde eventualmente se comercializa.
El importante avance en la instalación de cámaras de seguridad forma parte de esa estrategia. Los productores buscan sumar tecnología a las guardias y al trabajo de la Policía Rural para enfrentar un delito de vieja data que continúa ocasionando pérdidas millonarias y condicionando la actividad ganadera en Eldorado.
Misiones Online
