Posadas. Daniel Angeloni, urólogo, explicó cómo se colocó el dispositivo a un paciente mayor de 70 años en Posadas. Señaló que esta alternativa se utiliza cuando otros tratamientos no dan resultado y destacó la importancia de atender la salud sexual en adultos mayores.
Los avances de la tecnología médica en la provincia sumaron un nuevo hito con la concreción de un procedimiento de alta complejidad y poco frecuente en Posadas. Un equipo médico encabezado por el especialista Daniel Angeloni colocó una prótesis peneana inflable a un paciente adulyo mayor, una alternativa poco frecuente que representa la última instancia del tratamiento para la disfunción eréctil severa.
El urólogo enfatizó la importancia de este recurso dentro del abanico terapéutico disponible: “Es la última instancia que le queda a un paciente después de haber pasado por toda la constelación de medicación oral”.
Según explicó el profesional, antes de considerar una cirugía se agotan las opciones farmacológicas tradicionales, dado que “el 70% de los pacientes responden a algún tipo de medicación oral”.
Respecto del abordaje diagnóstico inicial, Angeloni remarcó que se busca determinar el origen de la patología para definir el tratamiento adecuado: “Hay dos causas: o es psicogénica o es orgánica”.
En el plano orgánico, los principales desencadenantes abarcan la diabetes, el colesterol alto, la hipertensión, secuelas de traumatismos o intervenciones quirúrgicas complejas, especialmente aquellas vinculadas al abordaje del cáncer de próstata.
Sobre el origen psicogénico, el profesional de la Salud explicó que ciertos factores psicológicos pueden impedir la erección durante la relación sexual, algo que describió como un “freno inconsciente”. Señaló que, en estos casos, derivan al paciente a un psicólogo o psiquiatra para abordar las cuestiones personales que podrían intervenir en esa dificultad.
Qué es la prótesis peneana inflable
Angeloni explicó que existen dos tipos de prótesis peneanas: las semirrígidas y las inflables. Estas últimas cuentan con un mecanismo que permite modificar la rigidez del pene mediante una bomba ubicada en el escroto. “La inflable simula una erección fisiológica”, señaló el urólogo, quien destacó que la posibilidad de volver al estado de flacidez evita la presión permanente sobre los tejidos que rodean los cuerpos cavernosos.
Según explicó, esa presión sostenida puede provocar lesiones o úlceras y, en algunos casos, obligar a retirar el dispositivo. Por ese motivo, remarcó la importancia de seleccionar correctamente sus dimensiones, tanto en las prótesis inflables como en las semirrígidas. También indicó que estas últimas son más económicas y que el paciente puede doblarlas después de la relación sexual.
La intervención se realiza mediante una pequeña incisión en la raíz del pene, en su unión con el escroto. A través de esa abertura, se accede a los cuerpos cavernosos y se mide cada uno para colocar los componentes adecuados. “Hay que colocar el componente exacto. No hay que colocar uno más grande ni uno más chico”, precisó el médico, en tanto explicó que ambas situaciones pueden generar complicaciones.
El especialista también detalló que el rasurado se realiza en el quirófano, inmediatamente antes de la operación, como parte de los cuidados para reducir el riesgo de infección. Por tratarse de una práctica poco frecuente, destacó la importancia de contar con el apoyo de un colega con experiencia en la colocación de estos dispositivos. En este caso, señaló que la intervención se efectuó en un sanatorio de la capital misionera sin inconvenientes.
En cuanto a la recuperación, describió el procedimiento como prácticamente ambulatorio. No obstante, aclaró que el paciente permaneció internado hasta el día siguiente porque provenía del interior y había mal tiempo.
Angeloni también sostuvo que la edad no debe excluir la atención de la salud sexual y que esta alternativa puede contemplarse en personas jóvenes, por ejemplo, después de accidentes graves que afecten la función eréctil. Sobre los adultos mayores, afirmó: “Si en la pareja está la necesidad o la motivación de mantener relaciones sexuales, uno tiene que contemplarlo como cualquier cosa”.
Uno de los mayores escollos para el acceso a esta tecnología reside en los valores de importación del insumo médico. Angeloni expuso las diferencias económicas entre la capital del país y el interior: “Esta prótesis en Buenos Aires cuesta 8.500 dólares y acá cuesta 9.500 dólares más IVA. Hablamos solo de la prótesis, sin la cirugía, sin el sanatorio y sin los anestesiólogos”.
Ante la consulta sobre si las obras sociales y prepagas deben cubrir este procedimiento, el profesional sostuvo que la intervención restituye una función orgánica y cuenta con sustento médico, por lo que las prestadoras “deberían justificar muy bien la razón del rechazo”.
Mes Azul
Por otra parte, de cara a las campañas preventivas del Mes Azul, el especialista recordó los estudios de rutina indicados para la detección temprana del cáncer de próstata. La recomendación general establece iniciar los controles con el análisis sanguíneo del antígeno prostático específico (PSA) a los 45 años, o antes si existen antecedentes directos.
Angeloni precisó la pauta para casos hereditarios: “Un paciente que tiene el padre con cáncer de próstata, en lugar de empezar a los 45 años, empieza a los 40. Y si hay dos ascendientes en la línea del padre, empieza a los 35 años”.
Por último, el urólogo diferenció la patología oncológica del agrandamiento benigno de la próstata, denominado hipertrofia prostática benigna, una afección sumamente habitual con el paso de los años.
Al respecto, llevó tranquilidad a los pacientes al señalar que “solamente tres de cada diez van a tener que ser sometidos a una intervención en algún momento de la vida”, e instó a no demorar las consultas médicas ante la aparición de dificultades miccionales para prevenir daños irreversibles en la vejiga.
