La polémica se instaló luego de que en la ciudad de Trelew comenzaran a venderse cortes de carne de burro a unos $7.500 el kilo, en una etapa piloto que busca medir la aceptación del público. La propuesta surge en un contexto de dificultades para el sector ganadero en la Patagonia, pero rápidamente generó reacciones de organizaciones proteccionistas.
Desde la Fundación Libre Relincho, dedicada a rescatar y reubicar equinos víctimas de maltrato, expresaron su preocupación a través de redes sociales y marcaron una postura firme: “No es innovación, es un retroceso claro”. En ese sentido, señalaron que la incorporación de nuevas especies al consumo no responde a una necesidad real, sino a la falta de cuestionamiento del sistema productivo actual.
“Frente a una crisis, la respuesta sigue siendo la misma: usar más animales, explotar más cuerpos y correr cualquier límite”, sostuvieron. Para la organización, históricamente existió una barrera cultural y ética que evitaba que ciertos animales, como los burros, fueran destinados al consumo, y advierten que hoy ese límite comienza a diluirse.
Desde una mirada centrada en el bienestar animal, el debate trasciende lo alimentario y se instala en un plano más profundo: qué tipo de vínculo se construye con otras especies y hasta dónde se está dispuesto a avanzar para sostener un modelo productivo. “No es una discusión gastronómica, es una definición de qué sociedad queremos ser”, remarcaron.
El posicionamiento cierra con un rechazo contundente a la faena de équidos y un llamado a reflexionar sobre alternativas que no impliquen seguir ampliando el sufrimiento animal.
