«RED – Infancia Interrumpida»: así es la muestra que refleja la adopción en la Argentina

Sin duda, la adopción es un acto de amor y responsabilidad. Es darle a un niño o adolescente la posibilidad de crecer en un entorno familiar. En muchos casos, y sobre todo en nuestro país, un largo camino con idas y vueltas. Y en este camino de amor y entrega, nace RED – Infancia Interrumpida, una muestra de fotos y textos que invita a conocer historias de niñas, niños y adolescentes que están o estuvieron institucionalizados, y se propone como una continuación de «RED – Familias por Adopción», realizada en el 2023.

Allí se destacan las fotografías de la artista Nora Lezano, la dirección e historias de Patricia Carrascal y la producción general de Rocío Irala y Hernández. Además, cuenta con el apoyo de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires y la colaboración del Ministerio Público Tutelar.

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RED – Infancia Interrumpida visibiliza los parches, las fallas, los tejidos y remiendos que persisten en el sistema de protección. Y también las iniciativas personales y de ciertas instituciones que, con esfuerzo y amor, sostienen y conforman las innumerables redes visibles e invisibles que se necesitan para restituir los derechos de todos los niños, niñas y adolescentes en la Argentina.

Un aprendizaje constante

El equipo en cuestión confiesa que hacer esta muestra fue un aprendizaje, un constante replanteo sobre qué historias reflejar y cómo, ya que las vivencias experimentadas por cada uno en estos espacios son heterogéneas y muy desiguales: la institución que les haya tocado y el personal que los acompaña definen su experiencia, y muchas veces, su futuro; y así es que cuando la familia de una niña, niño o adolescente atenta contra su integridad, o no tiene una que lo proteja, el Estado debe ponerlo a resguardo en hogares convivenciales, familias de tránsito, referentes afectivos o familia ampliada, un lugar de cuidado alternativo que responda a sus necesidades.

Otras de las cuestiones más alarmantes es que actualmente no se conoce con exactitud cuántas chicas y chicos están institucionalizados, ya que los últimos datos son del 2020. En ese entonces había 9.154 en todo el país.

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“A partir de escuchar muchas historias para la muestra anterior, un tema recurrente tanto para la restitución de derechos como para la posibilidad de incluirse en una familia era qué había pasado antes, dónde habían estado, cómo había sido ese proceso. Entonces, empezar a pensar los lugares de cuidado alternativo como lugares de reparación transitoria, no permanente, me parece clave para hablar de restitución de derechos tanto para la posibilidad de volver con su familia de origen o que puedan incluirse en una nueva si lo desean», explica Patricia Carrascal, directora de la muestra.

“Además, me pareció interesante porque es un tema incómodo, del que no se habla demasiado o si se aborda es muchas veces desde el prejuicio imaginando a la institución como el orfanato oscuro de las películas. Entonces esta muestra busca desandar esa idea y empezar a pensar una forma de revalorizar el trabajo de estos espacios. Personalmente fue un aprendizaje enorme», agrega.

Trece historias y 16 fotografías

La muestra incluye 13 historias en 16 fotografías de quienes atravesaron muchas complejidades, pero que pudieron seguir adelante. Entre ellas la de una niña prostituida desde muy temprana edad, embarazada a los 12 años, que pide entrar a un hogar porque quiere proteger a su hija. Un chico a quien llegar a un hogar le salvó la vida, ya que se convirtió en su lugar seguro. Una joven que pudo al fin insertarse en una familia a los 14 años, ya que la primera adopción no funcionó y debió volver al sistema. Una bebé que actualmente vive en un hogar desde recién nacida y está a la espera de que le encuentren una familia definitiva. Una chica que este año cumplió los 18, y como la ley dice que ya no puede ser adoptada, está en el pre-egreso de un hogar trabajando su autonomía. Un niño que a partir de su discapacidad logra que también su hermana melliza tenga una familia.

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Cuenta también con la participación de Flor Álvarez, quien desde los 3 años vivió en hogares y en la calle, tuvo un proceso adoptivo que no funcionó y hoy es cantante, con más de 3 millones de seguidores en Tik Tok.

«Cuando se habló de hacer esta segunda parte de RED (institucionalización) mi intención fue fotografiar a cada niñx o adolescente en su habitación. Ya sea la de un hogar o en la de su propia casa. El cuarto propio es un lugar de absoluta pertenencia, de intimidad “, nos cuenta Nora Lezano.

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«La primera foto que hice fue la de Abril, una adolescente que vive en el Hogar María Luisa. Con mucho respeto le pedí de hacer la foto en su habitación, a lo que ella puso un poco de resistencia porque decía que su cuarto (el que compartía también con una compañera) ‘estaba hecho un lío’, y justamente era lo que yo quería, mostrar “su mundo”, su caos, sus cosas. Pero con el correr de las fotos, y el entrar en cada casa y ponerle “caras” a las historias que había leído previamente, sentí que no tenía que atarme a eso. En todos mis trabajos, y más en trabajos como éste, siempre dejo que me gane la intuición», relata la fotógrafa.

Los cambios bajo la lente

Las fotos de la muestra anterior fueron todas hechas en un estudio, en blanco y negro. Fueron 16 las familias fotografiadas. La idea era mostrar cómo se construye un vínculo desde la diversidad, mostrar otras formas de vivir en familia más allá del modelo tradicional. Se las sacó de contexto y se las unificó, por eso fue en un estudio, pero Nora Lezano les pidió que llevaran elementos que tuvieran que ver con sus historias (una bandera, una pelota, una remera con la cara de Charly García, etc).

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En cambio, esta vez, no hay ningún adulto en las fotos. Fue un desafío fotografiar adolescentes y niños, divertidos también, y difícil en algunos casos. Había rostros que no podían mostrarse, entonces hubo limitaciones. La fotógrafa tuvo que resolver con lo que estaba a mano, que fue la intención primera, trabajar con la sorpresa y con el accidente. Se priorizó el color, solo hay tres fotos en blanco y negro, porque el color a contraposición del blanco y negro sugiere, da cierta atemporalidad, que hace suponer, y en cambio el color afirma.