El Kremlin lanzó una advertencia directa a las potencias occidentales: si continúan las confiscaciones de embarcaciones vinculadas a la llamada “flota fantasma”, Moscú podría desplegar su armada y responder contra intereses marítimos europeos.
La amenaza fue formulada por Nikolái Patrushev, presidente de la Junta Marítima rusa y uno de los hombres de mayor confianza de Vladimir Putin. En declaraciones a la prensa local, sostuvo que países como el Reino Unido, Francia y los Estados bálticos han intensificado las intercepciones de petroleros ligados a Rusia y advirtió que Moscú no descarta reforzar su presencia naval en distintas zonas estratégicas.
Patrushev planteó que la marina rusa debe garantizar la seguridad de su navegación, incluso en regiones alejadas de su territorio, y dejó entrever que el objetivo sería disuadir futuras acciones que consideró hostiles.
La tensión se da en el marco de la ofensiva de la Unión Europea, Estados Unidos y países del G7 para frenar las exportaciones energéticas rusas tras la invasión a Ucrania en 2022. Según datos oficiales, cientos de embarcaciones tienen restringido el acceso a puertos europeos, mientras Washington mantiene su propia lista de buques sancionados.
La denominada “flota fantasma” está compuesta por petroleros antiguos y de propiedad poco clara, que operan con banderas de conveniencia, documentación dudosa y, en muchos casos, con los sistemas de identificación apagados para evitar ser rastreados. Expertos advierten que este esquema no solo busca eludir sanciones, sino que también implica riesgos ambientales ante posibles derrames.
En las últimas semanas, varias potencias occidentales incrementaron los controles y algunas embarcaciones fueron interceptadas en el Mediterráneo y el Atlántico Norte. Desde Moscú calificaron esas acciones como actos de “piratería” y alertaron que podrían derivar en un aumento de la confrontación política y militar.
Desde el inicio del conflicto en Ucrania, Rusia enfrenta más de 30.000 sanciones internacionales destinadas a limitar sus ingresos energéticos y aislarla del comercio global. En ese escenario, el frente marítimo se convirtió en un nuevo punto de fricción entre Moscú y Occidente.
Fuente: Infobae.
