Apostoles.En medio de la polémica que se generó en Apóstoles por la salida de una trabajadora con 26 años de antigüedad de la Parroquia San Pedro y San Pablo, el sacerdote Alejandro Cañete brindó su versión de los hechos y aseguró que la decisión respondió a una situación económica insostenible. Aclaró que actuó en conjunto con el Obispado de Posadas y que se indemnizó a la empleada respetando todos sus derechos. «Tengo 1200 familias en Apóstoles. Si cada una colaborara con 10 mil pesos, tendríamos más de diez millones de pesos por mes. No tendríamos ningún inconveniente», deslizó.
“Primero tengo que contextualizar lo que es la Iglesia. Nosotros, jurídicamente, no echamos a nadie. Prescindimos de su servicio. Otra cosa es echar, otra cosa es prescindir de un servicio. Canonizando, se dice, canonizando la ley civil, porque la Iglesia tiene derecho propio, pero canoniza la ley civil, la Iglesia sigue la ley civil”, manifestó.
Además, explicó que la medida fue tomada en base al déficit económico que enfrenta la parroquia. “Tuve que hacer un discernimiento sobre la situación económica de la parroquia. Tengo dos personales que me generan mucho dinero, mucha inversión en la parroquia, de tantos años de trabajo. También la Iglesia va sufriendo un desgaste económico. Todo el Estado, todas las situaciones en lo civil y comercial están sufriendo esta situación de recorte de presupuesto. Si nosotros tenemos una persona que está cobrando el 60% de su sueldo por antigüedad, eso nos genera un déficit terrible todos los meses”.
La persona en cuestión trabajó 26 años como secretaria parroquial. “Yo tengo que desembolsar todos los meses entre las dos empleadas, más o menos 1.600.000 más el AFIP, 2.500.000. Cuando la colecta de la parroquia, en tres semanas, es de 500 o 600 mil. Si sacás la cuenta, no llegamos”, aseguró.

Consultado sobre el rol del obispo en la decisión, el sacerdote aclaró. “El Obispo es el responsable primero de la diócesis. Esta persona está ligada al Obispado de Posadas. Yo, como cura párroco, no puedo prescindir del trabajo de nadie sin antes haberlo conversado y haber hecho todos los trámites con el Obispo. Esa carta que habla de arbitrariedad y desconocimiento no es así”.
Sobre el dialogo y la relación con la empleada antes de su salida, respondió: “Ella sabía. Esto era un tema que en el tiempo se iba dando, que ya no era prácticamente sostenible. Yo tuve que pedir las colectas de todas las capillas para poder pagar a fin de mes. Con esta nueva situación, ya no necesito más pedir esas colectas”.
Cañete relató cómo planteó la situación a los fieles. “Desde que vine le planteé a la comunidad la realidad económica. La comunidad me ve como un cura materialista porque estoy queriendo sostener una realidad. Pero si no cambia el escenario de atención a los fieles, si yo mismo puedo estar en la Secretaría, no hay problema. Siempre fui claro con los ingresos y egresos de la parroquia, y lo sabe el obispo”.
“Le hemos reconocido todos los derechos. Como está en blanco, también sabemos que tenemos obligaciones civiles. Se le indemniza totalmente, el 100%, que nos implica, hablando de números reales, 33 millones de pesos. A mí esos 33 millones me generan hoy un rojo, pero en cuatro meses tengo un superávit, y en seis u ocho meses un superávit de 50 millones con el cual puedo manejarme de otra manera. Tengo 26 capillas, no es solo la sede parroquial”, agregó.
En relación con el aporte económico de los fieles, indicó: “Tengo 1200 familias en Apóstoles. Si cada una colaborara con 10 mil pesos, tendríamos más de diez millones de pesos por mes. No tendríamos ningún inconveniente. Pero la Iglesia católica nunca le exigió ni le va a exigir eso a los fieles”.
Por cerrar, defendió su accionar y la decisión tomada. “Tengo una paz y una tranquilidad, porque todo lo que hemos realizado lo hicimos a conciencia, con el discernimiento necesario y en diálogo con el Obispo. No tomé la decisión solo”.
