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Salud Mental en la Universidad: estudiantes misioneros exigen más atención

Esperanza Maack, estudiante de segundo año de Letras, es una de las impulsoras de este trabajo que busca visibilizar la salud mental y exigir soluciones concretas. Explicó que la iniciativa surge de conversaciones cotidianas entre compañeros que comparten una misma preocupación: el deterioro emocional y físico en el ámbito académico. “Se están presentando cada vez más problemas psiquiátricos, psicológicos y físicos. Muchos estudiantes tienen picos de estrés y ansiedad por la presión académica, que se mezcla con las dificultades sociales y económicas”, señaló Maack.

Un diagnóstico preocupante

El proyecto, enmarcado en un trabajo impulsado por estudiantes de Antropología, Bibliotecología, Historia y Letras, incluyó una encuesta a 145 alumnos de distintos niveles. Los resultados revelan que el 62% desconoce que la facultad cuenta con un programa de salud mental. Solo el 6% ha utilizado el servicio, y varios lo consideran poco útil por la falta de seguimiento.

Este panorama evidencia una brecha entre la oferta institucional y las necesidades reales de la comunidad universitaria.

Las causas detrás de la crisis

Maack explicó que el análisis apunta directamente al contexto económico y social. Aumento del costo de vida, con alimentos, productos de higiene y alquileres cada vez más caros, estudiantes del interior que deben mudarse a la ciudad y asumir alquileres elevados, obligación de trabajar para sostener estudios y ayudar a sus familias, en empleos muchas veces precarizados y con extensas jornadas y condiciones edilicias deficientes en los albergues universitarios, que afectan la calidad de vida.

“La presión académica combinada con la presión laboral y la incertidumbre económica genera un impacto directo en la salud mental”, advirtió.

Este diagnóstico refleja que, aunque la facultad dispone de un programa formal, su bajo nivel de conocimiento y la limitada eficacia percibida hacen que, en la práctica, el impacto sobre la comunidad universitaria sea mínimo.
Este diagnóstico refleja que, aunque la Facultad dispone de un programa formal, su bajo nivel de conocimiento y la limitada eficacia percibida hacen que, en la práctica, el impacto sobre los estudiantes sea mínimo.

Una propuesta concreta

El grupo de estudiantes presentará esta semana una nota a la facultad y comenzará una campaña de junta de firmas. El objetivo: crear un servicio gratuito de asistencia psicológica y psiquiátrica para estudiantes, con seguimiento efectivo de los casos.

“El acceso a servicios privados es muy costoso y en el sistema público las demoras pueden ser de uno o dos meses. Eso, en medio de una crisis emocional, puede ser muy grave”, explicó la estudiante.

La situación no es exclusiva de los estudiantes. Según el relevamiento, docentes universitarios también reportan altos niveles de estrés y agotamiento. El recorte presupuestario que atraviesan las universidades públicas complica aún más la posibilidad de destinar recursos a este tipo de programas, pero Maack insiste en que “es una inversión urgente y necesaria”.

Encuesta: datos que evidencian la magnitud del problema

El relevamiento realizado por estudiantes de Antropología, Bibliotecología, Historia y Letras encuestó a 145 alumnos —tanto ingresantes como avanzados— con el fin de evaluar el conocimiento, uso y efectividad del Programa de Salud Mental de la Facultad.

Los resultados muestran una realidad preocupante:

  • 62,1% de los encuestados no conoce la existencia de la Oficina de Salud Mental.

  • Apenas 37,9% manifestó conocer el servicio.

  • Solo 6,9% (10 personas) dijo haber utilizado el programa.

  • Entre quienes lo usaron, 4 estudiantes calificaron la primera instancia de atención como poco útil o inútil.

En cuanto a la percepción general, un 64,8% del total de encuestados considera que el programa es útil en su instancia inicial, pero insuficiente para atender las necesidades reales. Las observaciones más frecuentes señalan que el sistema de derivación a otros servicios no es efectivo, no existe seguimiento clínico posterior a la primera consulta y la atención actual se percibe como una respuesta rápida, pero carente de profundidad y continuidad, entre otros.

Este diagnóstico refleja que, aunque la facultad dispone de un programa formal, su bajo nivel de conocimiento y la limitada eficacia percibida hacen que, en la práctica, el impacto sobre la comunidad universitaria sea mínimo.

Este panorama evidencia una brecha entre la oferta institucional y las necesidades reales de la comunidad universitaria.
Este panorama evidencia una brecha entre la oferta institucional y las necesidades reales de la comunidad universitaria.

Te dejamos el la encuesta completa:

Un llamado a la acción

La joven remarcó que este trabajo recién comienza, pero que ya está generando interés entre sus compañeros. “Es algo que se habla mucho en los pasillos, pero no se le da la importancia que merece. Queremos que deje de ser un tema tabú y se transforme en una prioridad institucional”, concluyó.

Con la mirada puesta en la prevención y el acompañamiento, los estudiantes esperan que su propuesta no quede en el papel y que la salud mental sea reconocida como un pilar fundamental de la vida universitaria.

Fuente: radio Up