La buena semana en los indicadores económicos -EMAE y balanza comercial- no traería una calma significativa mirando, al menos, a abril. Es que, desde la city, advierten que los datos del cuarto mes del año anticipan un escenario complejo en materia de economía real. En ese sentido, el mercado mira de cerca al ajuste fiscal, el cual ya empieza a marcar sus límites, y detallan cómo el Gobierno empieza a cambiar de estrategia para ahorrar en materia impositiva sin terminar de resolver el problema de fondo.
Entre los datos positivos para el Ejecutivo que se conocieron esta semana se encuentra que el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) trepó 3,5% mensual en el tercer mes del año, luego de haber caído 2,7% en febrero y 0,2% en enero. De este modo, en el acumulado del primer trimestre, el EMAE fue 1,7% superior al del mismo período del año pasado. Además, se supo que el superávit comercial marcó un nuevo récord en abril, al totalizar los u$s2.711 millon
Pero, volviendo a los datos de la actividad económica, desde la city advierten por los números que vendrán. «A pesar de la mejora observada en marzo y de la recuperación transitoria en buena parte de los sectores, la estructura productiva continúa exhibiendo la característica más distintiva de la economía bajo la actual gestión: una dinámica de dos velocidades», aseguraron desde Vectorial y agregaron que los primeros indicadores correspondientes a abril comienzan a mostrar nuevamente señales preocupantes.
Al respecto, detallaron que el Índice Construya, la industria metalúrgica relevada por la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina, los despachos de cemento de la Asociación de Fabricantes de Cemento Portland y la producción automotriz informada por la Asociación de Fábricas de Automotores «exhiben caídas interanuales que anticipan un abril considerablemente más débil, sugiriendo que el crecimiento generalizado observado en marzo será solamente un buen recuerdo».
Por su parte, desde Grupo SBS alertaron sobre la misma situación. «Pese al rebote del EMAE en marzo, se destaca que los datos preliminares para abril muestran una dinámica algo magra, por lo que habrá que seguir la evolución a lo largo de los meses, sobre la que influirán no sólo cuestiones fiscales y monetarias, sino también del sector externo y las expectativas. En segundo lugar, tal como marcamos desde hace varios meses, la heterogeneidad sectorial es otro punto a seguir».
Según una medición de Equilibra, luego de la fuerte expansión de marzo (+3,5% mensual), la actividad mantendría en abril la dinámica de “serrucho” que se observa desde febrero de 2025 (9 de 15 meses con caídas mensuales). «En un mes donde el agro incide 3 p.p. más que el resto del año, la demora de la cosecha de soja por abundantes lluvias (que se revertiría en mayo) incidió negativamente en el EMAE agregado. Por su parte, el EMAE sin agro habría caído 0,3% mensual desestacionalizado (luego de crecer 2,8% en mar-26)», detallaron.
Desde LCG, por su parte, miraron qué pasará con las perspectivas para el resto del año, más allá de abril: «No esperamos un crecimiento elevado para este año. Mantenemos nuestra proyección de una expansión de la actividad por debajo del 3% anual promedio, traccionado por unos pocos sectores (petróleo, minería, agro e intermediación financiera). Para el resto no hay drivers claros que impulsen el crecimiento».
Al respecto, destacaron que la demanda interna no logra consolidar una recuperación, afectada por el bajo poder adquisitivo y la retracción del crédito. A su vez, «parte del consumo se desplaza hacia bienes importados, en un entorno de mayor competencia asociada a la apertura comercial y a un tipo de cambio real relativamente apreciado», cerraron.
El ajuste fiscal marca sus límites y el Gobierno busca nuevas estrategias
Desde la city recordaron, sobre el resultado fiscal de abril, que el propio ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció públicamente que resulta muy complejo continuar sosteniendo el superávit fiscal a costa de un mayor ajuste en el gasto público, dado que sus niveles ya se equiparan a los observados durante los años noventa.
En abril de 2026, el fisco volvió a registrar superávit primario por $632.844 millones y superávit financiero por $268.103 millones, aunque ambos resultados mostraron caídas reales anuales del 43,5% y 64,6%, respectivamente. Por el lado de los ingresos, la recaudación tributaria cayó un 4,1% en términos reales anuales.
En ese contexto, el Gobierno logró media sanción a la reducción de las zonas frías, con el acompañamiento de algunas provincias del norte a cambio de un subsidio energético a «zonas cálidas», lo que permitiría un ahorro fiscal estimado en $272.000 millones. «Si bien puede representar un alivio momentáneo para las cuentas públicas, el costo social de la medida es elevado y no resuelve el problema estructural de fondo: la recaudación no repunta y el gasto con mayor dinamismo son justamente los subsidios económicos», detallaron desde Vectorial.
Y explicaron, luego, más detenidamente, que el punto fundamental para analizar el gasto es que una porción creciente del gasto público está indexada por inflación, por lo que los márgenes para continuar profundizando el ajuste resultan cada vez más acotados. «La dificultad ya no radica únicamente en el costo social del recorte, sino también en sus implicancias políticas e institucionales», destacaron.
«Pensando en el futuro de las cuentas públicas, una parte clave pasará por la reactivación económica en los sectores rezagados, que permita apuntalar la recaudación, así como por una dinámica más virtuosa en el empleo privado registrado, que permita incrementar recaudación por ese lado. Mirando el gasto, destacamos que el espacio para recortes es menor tras el ajuste de 2024 y 2025, pero que salarios y subsidios son cuentas en las que podría recortarse. Dicho esto, el análisis en tal caso deberá pasar por qué tanta presión recesiva podrían implicar esos recortes», cerraron desde Grupo SBS.
