La resistencia de las bacterias a los fármacos antimicrobianos representa una de las principales amenazas para la salud pública: la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que, si no se implementan estrategias efectivas para contenerla, podría convertirse en una de las principales causas de mortalidad hacia 2050. En ese contexto, el uso terapéutico de fagos o virus que destruyen selectivamente bacterias patógenas despierta un interés creciente como herramienta complementaria para el tratamiento de infecciones causadas por bacterias resistentes a los antibióticos, así como en pacientes que no pueden ser tratados con medicación.
Ahora, en un nuevo estudio que presentó en el XXVI Congreso de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI 2026) Mariángeles Briggiler, investigadora del CONICET en el Instituto de Lactología Industrial (INLAIN), que también depende de la Universidad Nacional del Litoral, en Santa Fe, mostró resultados muy alentadores del uso de un fago específico, llamado KpFF3, contra una cepa bacteriana que representa una de las peores pesadillas en los hospitales del país: Klebsiella pneumoniae productora de carbapenemasas, considerada una “superbacteria” que inactiva los antibióticos que se usan como último recurso para combatirlas y que suele causar infecciones graves como neumonía y sepsis.
El fago KpFF3 había sido aislado por el grupo de Briggiler años atrás a partir de desechos cloacales y se comprobó que no presenta genes de toxicidad o resistencia, por lo cual sería factible utilizarlo en pacientes humanos. Infecta en particular a cepas de Klebsiella del tipo capsular k107, uno de alrededor de 130 que existen, aunque en el laboratorio se podría “entrenar” para ampliar el rango de tipos capsulares a los que podría destruir.
Mediante ensayos en microplaca (recipiente con múltiples pocillos que albergan cultivos de la bacteria de interés), el equipo de investigación documentó que el fago actúa de manera sinérgica con el antibiótico meropenem para inhibir el crecimiento de Klebsiella pneumoniae; esto es, la combinación tiene un efecto superior a la de cada tratamiento por separado.
“Salvo en el caso de pacientes que no pueden recibir antibióticos, la fagoterapia no pretende sustituir, sino acompañar a la medicación. Esto permitiría mejorar la eficacia terapéutica reduciendo su consumo”, señaló Briggiler a la Agencia CyTA-Leloir.
Por otra parte, además del ataque directo, se ha reportado que en algunos casos los fagos pueden producir enzimas capaces de degradar componentes de las biopelículas bacterianas, estructuras que suelen dificultar la penetración de los antibióticos y favorecer la persistencia de las infecciones. “Al destruir las biopelículas, el antibiótico sería capaz de alcanzar la población bacteriana e inhibirla”, resaltó la ingeniera de alimentos doctorada en Biología.
Perspectivas
Aunque la utilización de fagos contra infecciones tiene una tradición centenaria en países de Europa del Este, como Georgia y Polonia, y también hay experiencias positivas más recientes en Francia, Bélgica y Estados Unidos, todavía se requieren más ensayos clínicos y regulaciones para expandir la utilización de esta herramienta.
Parte del equipo del INLAIN que participó del estudio: (de izq. a der.) María Fiorella Jacob, Mariángeles Briggiler, Diego Mercanti y Rosario Martínez.
“Se trata de un enfoque disruptivo, con muchos menos efectos adversos que los antibióticos. Tiene que ser un poco más conocido en la comunidad científica para que se pierda el miedo a lo desconocido”, dijo a la Agencia CyTA-Leloir otro integrante del INLAIN, Diego Mercanti, biotecnólogo y doctor en Biología. La fagoterapia también se ha utilizado con éxito para infecciones en animales o plantas y para controlar bacterias que pueden contaminar alimentos, añadió.
En una etapa inicial, la aplicación de esta terapia en el ámbito clínico es laboriosa y personalizada: se requiere encontrar el fago que mate a la bacteria involucrada, certificar que no sea perjudicial y purificarlo para su empleo en pacientes humanos. Sin embargo, también se puede tener como recurso “preparado” para cepas patógenas relativamente frecuentes en determinada región u hospital; usar fagos más “generales”; o avanzar en el desarrollo de “cócteles” con múltiples fagos que ataquen mayor número de cepas y tipos capsulares, lo cual aceleraría su administración y reduciría el costo, explicó otra investigadora, Silvina Pujato, biotecnóloga y doctora en Biología que investiga en el INLAIN.
“Si se lograra hacer a gran escala, con una colección de muchos fagos distintos, el costo por tratamiento se reduciría muchísimo”, enfatizó Mercanti.
¿Cuáles son los próximos pasos? Briggiler manifestó que su grupo está colaborando con otra coautora del estudio, la viróloga Pilar Domingo Calap, del Instituto de Biología Integrativa de Sistemas de la Universidad de Valencia y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en España, quien ha aplicado exitosamente la fagoterapia en casos compasivos (cuando no existe otra alternativa de tratamiento). “El objetivo sería aplicar la fagoterapia en nuestro país. Y ya estamos en contacto con diversos centros de salud para poder avanzar en el uso de este abordaje”, anunció.
El equipo de trabajo de Briggiler también lo integran las investigadoras María Fiorella Jacob y Rosario Martínez.
Agencia CyTA-Leloir.
