Debajo de una sombra al costado de una vivienda muy humilde en Terciados Paraíso, sobra una silla y sobra nostalgia de tantos momentos y juegos compartidos. Esa imagen denota dolor, tristeza, ausencia y lucha diaria por borrar de la memoria la aterradora escena que parte de la familia presenció aquella tarde del 7 de agosto de 2019 cuando, por razones que hasta la fecha no se explican, quien fuera la pareja de Raquel, Silvio Mogarte, la asesinó a machetazos junto a sus dos hijos menores en la vivienda en la que vivía en la chacra se sus abuelos Joaquín y Matilde, en colonia Fortaleza de San Pedro.
«Yo llegué a cuatro o cinco pasos de donde ellos estaban. Es difícil recordar porque es una cosa que no se borra. Volver a recordar el último momento de esa manera, no es recordar en vida cuando disfrutábamos, cuando era una comida, un almuerzo o un cumpleaños», señaló Viviana Pereira, quien junto a su madre Rosa, su padre Carlos y hermana Liliana, recibieron a El Territorio a modo de que el caso no quedé en el olvido y de ellos fue la integrante de la familia que fue hasta el lugar del hecho.
«Me gustaría recordarles cuando estaban con vida, no de la forma que la encontré partida por la mitad, el otro con la mitad de la cabeza, el otro con el ojo reventado, la espalda cortada, las caras desfiguradas», recordó sin lograr contener el llanto y traer a escena la crueldad y frialdad con la que tres personas perdieron la vida en manos de un hombre con el cual había mantenido una relación amorosa por no más de tres meses y quien no era padre de los menores de 8 y 3 años, a quien cómo toda buena madre quiso proteger y por eso había terminado la relación.
Rosa Figueroa, madre y abuela de las víctimas, no encuentra consuelo y para ella los años no pasan. «Para mí fue como que fue ayer. No me puedo olvidar porque cada hora y momento pasábamos siempre juntos. Cada hora está faltando ella. En cada lugar que nosotros compartimos algo siempre ella estaba, era como la mano derecha de todos nosotros» dijo Rosa recordando a Raquel cómo una hija compañera, hermana solidaria y una madre muy atenta que luchaba para salir adelante sola con sus hijos.
Fue un homicidio que no tuvo antecedentes de denuncia o manifestaciones de violencia por parte de la víctima. La madre de Raquel se refirió a los días previos al hecho cuando la víctima decidió terminar la relación. «Él le buscaba, quería volver con ella, vino y me dijo «ella no me acepta», le dije que la espere, que tenga paciencia. Después ella me dijo que Silvio había dicho que, si no era de él, no era de nadie». Agregó con dolor que «jamás me imagine algo así».
Incluso Rosa vio con agrado cuando Raquel le contó que Silvio estaba viviendo con ella en la chacra -por tratarse de un lugar que se aleja por más de ocho kilómetros de Terciados Paraíso-. La casa estaba a unos mil metros de donde vive su abuela Matilde. Un lugar que -por las condiciones del terreno- no presentaba visibilidad, estaba rodeado por monte, donde no existe comunicación y difícilmente alguien podía escuchar a lo lejos un pedido de auxilio, lo que permitió al asesino valerse de la vulnerabilidad de una mujer y sus dos hijos menores.
En este femicidio no hubo denuncia previa por violencia de género. Por lo tanto, no se habla del uso de herramientas para prevenir o alertar, lo que generó más desazón e incertidumbre dejando a todo un pueblo consternado. Pero su familia hizo énfasis y reclamaron la falta de acompañamiento con asistencia psicológica y asistencia social para lograr superar de manera sana la terrible pérdida.

Luchar sin acompañamiento
Uno de los momentos más duros para la familia durante la entrevista fue el hablar del después, de la realidad en la que viven, en especial los padres de Raquel, quienes están entregados al dolor, la tristeza y sin ayuda profesional se desahogan en el alcohol y el cigarrillo, lo que torna dramática y preocupante la situación. Incluso la madre en tres oportunidades intentó quitarse la vida.
Viviana Pereira, hermana de Raquel, fue quien apuntó contra la falta de compromiso y sensibilidad para con ellos por parte de quienes deben ocuparse de contener a los vecinos en casos de una tragedia extrema como la que les tocó vivir. «Siempre solos. En ningún momento hubo acompañamiento. Ni asistencia del psicólogo, ni de nada», manifestó.
Y fue cuando se quebró al referirse a cómo es la vida de los padres de Raquel, después de su asesinato. «Ellos se largaron a tomar, a desahogarse en la bebida directamente, a destruirse la vida los dos como padres, como abuelos. No es justo que ellos pasen por eso porque a ellos les faltaba ayuda psicológica. Esa es la vida de ellos. Trabajar y tomar». A lo que solicitó: «A mí me gustaría conseguir un psicólogo que venga al domicilio, porque tres veces mi mamá intentó matarse».
Si bien el autor del aberrante hecho, Silvio Mogarte, fue condenado, la familia no está conforme con la decisión del juez. Y sin condiciones para contratar un abogado y apelar, muestran temor por lo que pueda hacer Mogarte una vez cumpla con la condena. «Tenemos miedo, lo que él hizo fue sin corazón y quién sabe con qué cabeza va a salir de la cárcel, va a estar con 62 años, podría hacer lo mismo. Nuestra tranquilidad es que pase el resto de su vida tras las rejas» coincidieron.
Carlos, padre de Raquel, a quien le cuesta enormemente hablar del tema, cobró fuerzas cuando se trata de reiterar el pedido de justicia «Yo creo que se merece muchos años más, que de verdad se haga justicia es lo que siempre pido» concluyó.
Femicidio con sentencia
El femicidio ocurrió entre las 11 y 12:30 horas del mediodía del 7 de agosto de 2019, cuando Silvio Mogarte (27) fue a la casa de Raquel, presuntamente con intenciones de reclamarle una denuncia que la mujer le había hecho en la comisaría de Terciados Paraíso por robarle gallinas. El encuentro terminó con un patio empapado en sangre. Sin piedad mató a Raquel y a sus dos hijos Thiago (3) y Jeferson (8), prácticamente picándolos a pedazos en una letrina, a metros de la pequeña casa de madera donde vivía hacía muy poco tiempo la mujer en un sector de la chacra de sus abuelos paternos.
Luego de haberlos asesinado, intentó quitarse la vida con una escopeta sin lograrlo, quedó mal herido y salió a pedir auxilio. Fue un vecino quien lo trasladó hasta la Comisaría y desde allí lo llevaron al hospital, sin saber lo que había ocurrido. Poco más tarde, todo salió a la luz cuando Matilde, abuela de Raquel, fue a visitarla con la intención de compartir un pan dulce y se encontró con terrible escena.
Entre gritos de los nietos que la acompañaban, demás familiares llegaron al lugar donde se encontró el machete y el arma de fuego. El hombre quedó detenido desde su paso por el hospital como único y principal sospechoso quien nunca declaró ante la justicia.
Mogarte fue detenido casi dos años después, en julio del 2023. El Tribunal Penal de Oberá lo condenó a perpetua por femicidio y doble femicidio vinculado.
Fuente: El Territorio
