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Un argentino entre los ganadores de los Ig Nobel 2026, los premios a las investigaciones que primero hacen reír y después pensar

Por tercera vez en los 36 años de historia de la entrega de los premios Ig Nobel a las “investigaciones que primero hacen reír y después pensar”, un argentino fue reconocido con uno de los galardones de la noche. Se trata del psicólogo evolutivo Daniel Sznycer, quien, junto a investigadoras de Estados Unidos y Australia, obtuvo el Ig Nobel de la Paz 2026 por el artículo “A veces queremos amigos crueles: preferimos que nuestros amigos se comporten de manera diferente con nosotros que con los demás”, publicado en la revista Evolution and Human Behavior.

“Realizamos una serie de estudios con más de mil participantes en Estados Unidos e India y encontramos que las preferencias sobre qué tipo de amigos queremos tener son específicas al actor -el receptor de la conducta- más que generalizadas”, explicó Sznycer a la Agencia CyTA-Leloir. “Tradicionalmente, los psicólogos encuentran que la gente prefiere amigos que sean confiables o generosos. Lo que vimos, usando una perspectiva evolutiva, es que no son características que queremos que pongan en juego con todos por igual, sino que concierne, más que nada, a cómo pretendemos que nuestros amigos nos traten a nosotros. Porque cuando imaginamos cómo queremos que ese mismo amigo se vincule con nuestro enemigo o un rival, las cosas  cambian: con él quiero que sea menos generoso y más agresivo”,  añadió el investigador que en 2003, a los 27 años, dejó Buenos Aires para vivir primero en Canadá y luego se instaló en Oklahoma, donde dirige su propio laboratorio. Allí indaga sobre cómo la gente asigna valor a las cosas, las emociones, la moralidad, y las instituciones sociales.

Casado con una argentina y padre de dos hijos, Sznycer resaltó: “Lo que sugiere este paper es que conceptos como ‘generoso’ o ‘confiable’ no representan propiedades universales y objetivas de las personas. Eso nos puede hacer pensar que la selección natural pudo haber moldeado estos conceptos para orientar la conducta de una manera que beneficie al individuo que los utiliza, más que para representar propiedades objetivas del mundo”. Y dio un ejemplo: “Supongamos que mi amigo realiza dos actos generosos: uno que me beneficia a mí y otro que beneficia a mi enemigo. Objetivamente, está siendo más bondadoso ahí que si realizara solamente el acto amable en mi beneficio. Sin embargo, uno tiende a considerarlo más gentil en el segundo caso; es decir, cuando sólo me beneficia a mí”.

Luciendo el típico aro que llevan los ángeles sobre la cabeza, Sznycer subió a recibir el premio acompañado por sus colegas Jaimie Krems y Keelah Williams, ambas disfrazadas de diablitas, ante un auditorio repleto. Recibieron el galardón -este año un pie con hongos-  de manos de Michel Mayor, Premio Nobel de Física en 2019 por el descubrimiento del primer exoplaneta que orbita una estrella de tipo solar.

Este año el galardón consistió en una escultura de un pie con hongos. (Créditos: Improbable Research)

“Ganar este premio fue gratificante. La ceremonia fue divertida y fue interesante conversar con los demás ganadores e intercambiar perspectivas sobre nuestros trabajos”, enfatizó el argentino, que ahora ocupa el podio de los investigadores formados en el país que recibieron un Ig Nobel. Los anteriores fueron el biólogo y experto en cronobiología Diego Golombek y su grupo de la Universidad de Quilmes, que ganaron el Ig Nobel a la aviación en 2007 por descubrir que el Viagra ayuda a los hámsters a recuperarse más rápido del jet lag; y al neurocientífico Adolfo García y su equipo de la Universidad de San Andrés, que obtuvieron en 2023 el de Comunicación por investigar el cerebro de personas que hablan al revés.

Los Ig Nobel fueron creados en 1991 por Improbable Research (IR), una organización que se dedica a recopilar, publicar y difundir investigaciones científicas curiosas, insólitas o poco convencionales, y fue fundada por Marc Abrahams, matemático de Harvard y divulgador científico estadounidense. Se entregan cada año para reconocer estudios “que primero hacen reír y después hacen pensar”. El nombre, de hecho, es un juego de palabras entre Ig Nobel e ignoble (“innoble” o “poco noble” en inglés). Pero la idea no es premiar investigaciones “tontas”. Muchas veces son trabajos rigurosos sobre temas curiosos o absurdos que a primera vista resultan cómicos, pero también aportan conocimiento importante. De hecho, los galardones son entregados por verdaderos ganadores de Premios Nobel, quienes año a año se suman a la ceremonia en la que disfraces, bandas musicales y avioncitos de papel se combinan para darle un toque extravagante a la noche de premiación.

Este año, por primera vez en su historia, los Ig Nobel se entregaron fuera de los Estados Unidos (normalmente la ceremonia se hacía en el ámbito de la Universidad de Harvard), por las dificultades relacionadas con los viajes y las visas impuestas por el gobierno de Donald Trump para los visitantes extranjeros. Marc Abrahams y el equipo de Improbable Research consideraron que no tenía sentido organizar una ceremonia internacional si algunos científicos no podían asistir al evento. Por eso decidieron trasladarla a Europa.

Todos los temas ganadores de un Ig Nobel 2026:

  • Ciencias del suelo: Franz Bender, Marcel van der Heijden, Atlant Bieri y Pia Viviani. Por enterrar 1.000 pares idénticos de calzoncillos en más de 25 países y desenterrarlos dos meses después para ver el efecto de la degradación.
  • Economía: Paul Piff, Daniel Stancato, Stéphane Côté, Rodolfo Mendoza-Denton y Dacher Keltner. Por acumular evidencias de que las personas de clase alta son más propensas a quitarles los caramelos a los niños y a incurrir en otros tipos de comportamientos poco éticos.
  • Medicina: Tokuji Unno (póstumo). Por el artículo “Cómo sonarse la nariz: un estudio aerodinámico sobre el acto de sonarse la nariz”.
  • Biomecánica: Matilda Brindle, Catherine Talbot y Stuart West. Por elaborar una definición más precisa del beso en hormigas, aves, osos polares y seres humanos: “Interacciones no agonísticas que implican un contacto oral-oral dirigido e intraespecie, con cierto movimiento de los labios o las piezas bucales y sin transferencia de alimento”.
  • Química: Sanchari Banerjee, Nathan Coussens, François-Xavier Gallat, Nitish Sathyanarayanan, Jandhyam Srikanth, Koichiro Yagi, James Gray, Stephen Tobe, Barbara Stay, Leonard Chavas y Subramanian Ramaswamy. Por descubrir que las proteínas de la leche de las cucarachas vivíparas contienen tres veces más energía que las proteínas de la leche de vaca.
  • Biología: João Miguel Alves-Nunes, Adriano Fellone, Selma Maria Almeida-Santos, Carlos Roberto de Medeiros, Ivan Sazima y Otavio Augusto Vuolo Marques. Por pisar con suavidad diversas partes de serpientes venenosas —de forma repetida, a distintas temperaturas y en distintos momentos del día— con el fin de averiguar qué factores provocan y cuáles no que una serpiente venenosa muerda a un ser humano.
  • Física: Randy Hurd, Zhao Pan, Tadd Truscott y Kaveeshan Thurairajah. Por los intentos teóricos y experimentales de diseñar un urinario que evite las salpicaduras.
  • Tecnología: Justin Puma, Zhen Yang, Evan Johnston, Zixin Zhang, Xiaoyi Lan, Lingzhi Zhang, Hongyu Hou, Zixin He, Ali Afify, Megan Creighton, Jianyu Li y Changhong Cao. Por ser pioneros en el uso de las probóscides de los mosquitos como boquillas de impresión 3D de alta resolución, un proceso denominado «Necroprinting».
  • Olfato: Ilona Croy, Tomasz Frackowiak, Thomas Hummel y Agnieszka Sorokowska. Por recopilar pruebas de que los bebés huelen de maravilla para sus padres, pero los adolescentes no.

Fuente: Agencia CyTA-Leloir.