Alertan por la baja vacunación: “Estamos por debajo del 80% en varias provincias y las vacunas fortalecen y evitan el uso innecesario de antibióticos”

El pediatra e integrante del Departamento Científico de la Fundación Vacunar, Fernando Burgos, explicó durante un seminario en salud llevado a cabo en el hotel Hilton de Buenos Aires y organizado por MSD Argentina, la importancia de mantener el calendario de inmunización a lo largo de toda la vida y destacó el rol de las vacunas como aliadas en la prevención de enfermedades y en la lucha contra la resistencia bacteriana.

“Cuando hablamos de vacunación a lo largo de la vida, lo primero que debemos tener en cuenta es la embarazada”, afirmó Burgos. Recordó que durante el embarazo se deben aplicar cuatro vacunas fundamentales: la del COVID-19, la del virus sincicial respiratorio entre las 32 y 36 semanas, la triple bacteriana acelular —que protege contra difteria, tétanos y tos convulsa— y la vacuna antigripal, que puede administrarse en cualquier momento de la gestación.

El especialista advirtió sobre el aumento de casos de tos convulsa en el país: “Hoy tenemos un brote con 34 casos confirmados. La embarazada debe vacunarse para proteger al recién nacido, porque los anticuerpos maternos son su primera defensa”, subrayó.

Un esquema que acompaña toda la vida

Burgos repasó el esquema nacional de inmunización desde los primeros meses de vida: “Al nacer, el bebé recibe la BCG y la vacuna contra la hepatitis B. Luego, a los dos, cuatro y seis meses, se aplican las dosis para prevenir enfermedades virales como la polio y otras bacterianas como el neumococo y el meningococo”. Añadió que el esquema continúa al año, los 15 y 18 meses, y que al ingresar a la escuela se refuerzan varias dosis.

“Lo interesante —destacó— es que la vacunación no termina en la infancia. En la adolescencia se aplican refuerzos contra el meningococo, el HPV y la triple bacteriana acelular. En la adultez, se recomiendan vacunas contra la gripe, el neumococo y el virus sincicial respiratorio, sobre todo a partir de los 50 años o en pacientes inmunocomprometidos”.

El médico explicó que las vacunas actúan como un “fitness inmunológico”. “El sistema inmune necesita estímulos constantes. Las células T y B, que se encuentran sobre todo en el intestino, trabajan como si hicieran gimnasia. Cada vacuna es un estímulo que genera anticuerpos y fortalece las defensas sin provocar enfermedad”, describió.

Según Burgos, ese entrenamiento inmunológico reduce la vulnerabilidad ante infecciones y mejora la respuesta del organismo frente a otras vacunas en el futuro.

La desinformación y el rol de la inteligencia artificial

Consultado sobre el fenómeno de la automedicación y la influencia de las redes sociales, Burgos fue categórico: “La información es poder, pero también puede ser un riesgo si no se interpreta con conocimiento. Los medicamentos y las vacunas deben ser indicados por un médico. La inteligencia artificial es una herramienta útil, pero el que conoce al paciente es el profesional de la salud”.

Reivindicó la necesidad de mantener una medicina humanizada: “Significa mirar al paciente a los ojos, explicarle por qué necesita una vacuna o un tratamiento, y tomarse el tiempo para hacerlo. Ese tiempo es parte esencial del acto médico”.

Vacunarse también combate la resistencia bacteriana

El especialista subrayó que la vacunación no solo previene enfermedades infecciosas, sino que también ayuda a evitar el uso irracional de antibióticos. “Si tenemos más personas vacunadas, habrá menos enfermedades bacterianas. Y si usamos menos antibióticos, reducimos la resistencia. Muchas veces, ante una infección viral, la gente se automedica pensando que necesita un antibiótico, y eso genera resistencia bacteriana. Las vacunas son parte de la solución”, explicó.

Burgos reconoció que la pandemia de COVID-19 afectó la confianza en las vacunas: “Fue un momento de mucha desinformación y ansiedad. Aparecieron vacunas nuevas, pero basadas en plataformas que ya tenían años de desarrollo. Recuperar la confianza implica apoyarse en profesionales formados, en sociedades científicas y en la comunicación clara de la evidencia”.

Finalmente, advirtió que la cobertura de vacunación en la Argentina ha caído: “Antes de la pandemia estábamos por encima del 90%. Hoy, en algunas provincias, como Misiones, los índices son bajos. Si logramos recuperar la confianza, vamos a recuperar también las coberturas”, concluyó.