La crisis del PAMI se profundiza en todo el país y también se siente en Misiones. En la sede de Posadas, jubilados y pensionados expresaron su descontento frente a un sistema de salud que, según aseguran, los deja cada vez más desprotegidos.
Demoras en turnos y operaciones, trabas burocráticas para acceder a medicamentos y jubilaciones que no alcanzan para cubrir las necesidades básicas forman parte de una realidad que golpea con fuerza a los adultos mayores, esta es la realidad de los jubilados en la Argentina.
“Nos abandonaron, no existimos”
Luis Alberto Porras, jubilado e insulino dependiente, describió con crudeza el panorama. Con la voz cargada de bronca y tristeza, sostuvo que los jubilados se sienten fuera de todo sistema:
“Demasiado mal están trabajando. Los viejos, los jubilados, estamos totalmente afuera del sistema, no existimos. No solamente para el PAMI, sino para el país. Nos abandonaron. No nos pagan lo que tienen que pagar, no tenemos la obra social que deberíamos tener”.
Porras contó que cada mes debe enfrentar un calvario para conseguir la insulina que necesita para sobrevivir: trámites interminables, recetas renovadas constantemente y controles que antes se exigían de manera anual y hoy lo obligan a gestionar cada seis meses. “Tenemos que andar mendigando para que nos den los remedios. Esa es la vida de nosotros. Sin insulina, yo no puedo vivir. Es la vida de miles de jubilados. Nos hacen problema para todo”, denunció. Y advirtió que, si le llegara a pasar algo, “le voy a hacer un agujero al PAMI y todas las autoridades competentes”.
La situación económica agrava aún más el cuadro. Con la jubilación mínima, Porras asegura que no puede cubrir ni siquiera las necesidades básicas. “No podemos comer carne ni fruta porque está todo caro. Llegamos a mitad de mes sin plata, ¿cómo vamos a vivir con esta jubilación? Nos quieren matar de hambre. Yo trabajé desde los 14 años y sigo cobrando lo mismo: la mínima. Con eso no se puede vivir”, relató con indignación.
Una salud que no llega
El drama también se refleja en la historia de Elva Rodríguez, otra afiliada al PAMI, que vive en Garupá y enfrenta problemas graves de visión. Desde hace más de un año espera una cirugía en un dedo y tampoco logra acceder a un tratamiento oftalmológico. “Estoy quedando ciega esperando un turno. Tenía que hacerme un láser el año pasado y no se realizó. Ahora tengo cataratas y un coágulo en el ojo izquierdo. No puedo leer, escribir ni caminar bien porque veo escalones y bajadas que no existen. Ya me caí varias veces”, relató angustiada.
Rodríguez recuerda con nostalgia a un especialista que atendía hasta 50 pacientes diarios y realizaba todos los estudios necesarios. Desde que dejó de estar, la espera para acceder a un turno se volvió interminable. “Más o menos estoy conforme porque no tenemos especialistas. Es difícil, pero bueno, ¿qué vas a hacer? Si con PAMI no contás, te tenés que morir”, dijo resignada.
A la falta de atención médica se suma el problema de los medicamentos. Elva explica que ya no le cubren la totalidad y debe pagar una parte de su bolsillo. “Comés o pagás cuentas. He pagado cuentas y no he comido. Me pasé días alimentándome solo con huevo frito o hervido porque era lo único que podía comprar”, reconoció con dolor.
“Con $220.000 no alcanza”
El testimonio de Antonio Cardozo refleja la otra cara del drama: la burocracia que se multiplica en cada trámite. Para acceder a los medicamentos que necesita para la presión arterial, debe pasar primero por su médico, luego llevar la receta al PAMI y esperar la autorización. Si no consigue ese paso, el costo se vuelve impagable. “Si no me autorizan, no me cubren el 100%. Y yo no puedo pagar más porque los remedios salen una fortuna”, explicó.
Cardozo también enfrenta artrosis, problemas de cadera y columna, y a eso se suma la dificultad de obtener un bastón ortopédico. “Vine a pedir uno y me vienen pateando hace meses. Tuve que fabricar un bastón casero para poder caminar. Es una vergüenza que un jubilado tenga que pasar por esto”, expresó.
El hombre cuestionó la insuficiencia de los haberes jubilatorios: “Con $220.000 no alcanza para nada. El mes es largo, los remedios son caros, la comida también. No se puede llenar la olla, no alcanza ni para lo básico”.
El ajuste en el gasto público y el desfinanciamiento de la salud están dejando a los adultos mayores sin acceso efectivo a la atención médica. La falta de especialistas, las demoras en cirugías y estudios, los trámites interminables para acceder a medicamentos vitales y la jubilación mínima que no cubre las necesidades básicas conforman un panorama que preocupa.
